Status

Coches que se han convertido en obras de arte

  • El art nouveau o el art-decó se trasladaron al diseño de automóviles
  • El futurismo y Fortunato Depero dan como resultado 'Il Motorista'
  • 'Autorretrato en un Bugatti verde' es el homenaje al femnismo
Serie 'Cars', encargada por Mercedes-Benz a Andy Warhol en 1986
Madrid

El mundo de la automoción, tal como hoy la conocemos, comenzó a nacer -no deja de reinventarse- a finales del siglo XIX. Los primeros diseños, si bien simples en cuestión de física, sin las exigencias aerodinámicas de hoy en día, sí tenían, sin embargo, otra exigencia: la de la plasticidad, la del equilibrio, la del diseño de la época, que intentaba acercar esas máquinas del infierno a los cánones de arte y de belleza imperantes. Y esa virtud, esa necesidad, fue a más todavía en las siguientes décadas, cuando el mundo fue consciente de que los coches a caballos de vapor habían llegado para quedarse.

De esta forma, esa primera simbiosis del mundo de las ruedas y del arte nos dejó unos modelos que, por sí mismos, eran una auténtica obra de arte. Hablamos, por ejemplo, del Rolls-Royce Phantom (1925), el Bugatty Type 57 (1934), el Chevrolet Corvette (1953), el Cadillac Eldorado (1953), el Porsche 550 A Spyder (el pequeño bastardo en el que se mató James Dean, 1953), el Mercedes-Benz 300 SL alas de gaviota (1954), el Citroën DS (el Tiburón, 1955), el BMW 507 (1956), el Jaguar E-Type (1961), el Ferrari 250 GTO (1962), el Ford Mustang (1964), el Lamborghini Miura (1966) o el Alfa Romeo Spider (1966). Todos estos modelos forman parte ya del olimpo de la automoción, y no por ser los más potentes, o los más caros -en su época-, sino por la belleza de su diseño y de su fabricación, que les ha hecho convertirse en iconos del arte del siglo XX.

Y como tales obras de arte, sus creadores, los auténticos artistas, también han visto sus nombres venerados por los amantes del arte, la belleza y la estética, y en la mayoría de los casos convertidos en marcas. Hablamos de los Pininfarina, los Bertone, los Giugiaro, los Malcolm Sayer, los Walter de Silva, los Ian Callum, etc.

'Il motociclista'. Foto: Fortunato Depero, 1923.

Sin embargo, no venimos a estas páginas a hablar de líneas cupé, ni de pasos de rueda, ni de spoilers, ni de parrillas, ni de… Sí, hablamos de coches, hablamos de arte. Pero el arte sobre ruedas… en dos dimensiones, no en tres. Nos sumergimos en los automóviles vistos desde el arte, y no al contrario.

No es difícil adivinar cuánta fascinación despertaron los coches a su llegada a las vidas del género humano allá por las primeras dos décadas del siglo XX. Unos años además de gran inquietud artística, con movimientos estéticos y artísticos como, por ejemplo, el art nouveau o el art-decó, que llegó a trasladarse al diseño de los automóviles. Pero, repetimos, hablamos ahora del arte en dos dimensiones principalmente, en el mundo de la pintura, y por ello vamos a centrarnos en cinco obras, y en los artistas que las perpetraron, con las ruedas y los pinceles íntimamente entrelazados.

Ramón Casas

Y comenzamos nada menos que por España. Ramón Casas (1866-1932), pintor, cartelista, ilustrador y diseñador gráfico cuyo trabajo fue muy célebre en el Madrid, la Barcelona y el París de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Gran retratista, y especializado en obras de multitudes (por ejemplo, El garrote vil, 1894), Casas es conocido fundamentalmente por dos obras: el cartel publicitario del popular Anís del Mono (1898), y una suerte de medio autorretrato titulado Ramón Casas y Pere Romeu en tándem, donde se ve al propio artista barcelonés junto a su amigo y socio, el empresario catalán Pere Romeu (ambos eran tótems del Modernismo en aquella Barcelona de fin del siglo XIX), montados en un tándem, la famosa bicicleta doble que tanto furor hizo en aquellos tiempos a las clases altas españolas. Esta obra presidía el hall principal de Els Quatre Gats, mítico garito de la Movida modernista catalana de aquellos años, situado en los bajos de la Casa Martí, en pleno centro de la Ciudad Condal. Els Quatre Gats, a pesar de su corta vida (1897-1903) se convirtió en el centro neurálgico del modernismo en Barcelona en particular y en España en particular, y por ello Casas, siempre obsesionado con reinventarse a sí mismo, decidió evolucionar su obra y sustituir el tándem por uno de los primeros coches de la historia, en su nueva obra Ramón Casas y Pere Romeu en automóvil.

De esa forma, la segunda gran obra que adornó Els Quatre Gats está considerada como una de las primeras referencias de la pintura española al mundo del automóvil. Casas y Romeu, excelsamente abrigados con voluminosas pieles, dejan claro su pasión por la velocidad, pues en el cuadro se ensalza la sensación de movimiento, de gran movimiento, a través de la estructura de las ruedas, de la que no podemos ver sus radios por el efecto de la velocidad. Casi más un cartel que una pintura al uso, Ramón Casas y Pere Romeu en automóvil se expone hoy en el Museu Nacional d'Art de Catalunya.

Fortunato Deppero

Viajamos en el espacio y en el tiempo de España a Italia y nos detenemos en el estudio de Fortunato Depero (1892-1960). Otra de las corrientes modernistas que cruzaron Europa en todas direcciones en las primeras décadas del siglo XX incluyen el futurismo italiano, uno de cuyos exponentes fue el pintor, escultor, diseñador, ilustrador, escenógrafo y diseñador de vestuario italiano Fortunato Depero. Una pequeña obra, un gran diseño, es la aportación más famosa de Depero al mundo de la estética, del arte: el botellín de Campari Soda, un minúsculo chupito embotellado en la que la famosa bebida alcohólica de aperitivo italiana se mezcla con soda.

Pero como aquí hablamos de coches, la principal aportación de Fortunato Depero al mundo del arte sobre ruedas -en este caso dos-, fue Il motociclista (1923), una visión muy potente de otra de las grandes revoluciones de la movilidad de principios de siglo, la motocicleta, representada en ese universo alternativo de los modernistas y futuristas en la que la máquina absorbe todo el espacio, incluido incluso el piloto, que más parece una pieza de la máquina diabólica que su controlador.

Como anécdota, y en una nueva muestra más de lo íntimamente ligados que estaban el arte y la cartelería, un estudio con rayos X se chiva de que, en la esquina superior izquierda de la obra, Depero pintó las palabras Motocicli Bianchi, en clara alusión al fabricante italiano.

Tamara de Lempicka

Una de las obras pictóricas de referencia que mezclan la vida real con el mundo de las cuatro ruedas es sin duda Autorretrato en Bugatti verde (1929), de la artista polaca Tamara de Lempicka (1898-1980). Porque, además, también hace referencia al empoderamiento del ámbito femenino en aquellos años 20 en que las mujeres empezaron a dar el gran salto desde los escenarios más secundarios de la sociedad, y conquistaron gran parte del protagonismo social, cultural y artístico, como bien podemos observar en esta maravillosa obra.

'Autorretrato de un Bugatti verde'. Tamara de Lempicka,1929.

Autorretrato en un Bugatti verde es el homenaje que Tamara de Lempicka hace a otro gran mito feminista de la época, la bailarina estadounidense Isadora Duncan (1877-1927). La creadora de la danza moderna, musa del expresionismo escénico, murió de una forma tan tonta como horrible. Corría la noche del 14 de septiembre de 1927 y Duncan, siempre grácil, siempre va-porosa, viajaba a bordo de su Amilcar, un de-portivo de tamaño pe-queño muy célebre en la época, mientras su larguísimo fular hacía lo propio mecido por el viento. Pero como no se puede tener todo, y a veces la estética y la practicidad no tienen por qué ir necesariamente de la mano, el fular, de tanto flotar contra el viento, terminó enganchándose en la rueda trasera derecha del coche -que Isadora llamaba cariñosamente "mi Bugatti"-, con tan mala suerte que le provocó un estrangulamiento instantáneo, del que la bailarina ya no se pudo recuperar.

Dos años después, Tamara de Lempicka, con un nombre ya popular en el mundo del arte más art decó, gracias principalmente a sus retratos y desnudos, recibió el encargo de la revista alemana de mo-da Die Dame, para ilustrar una portada que hiciera referencia a la independencia de la nueva mujer. Y Lempicka no tuvo mejor inspiración que retratarse a sí misma al volante de un Bugatti, con un gorro de cuero muy chic, guantes y un larguísimo fular -bien anudado-.

El modelo en cuestión era un Bugatti 43, al que Lempicka, por cierto, tuneó en el cuadro, pues toda la producción de aquel modelo tenía el volante a la derecha. El autorretrato se convirtió, desde el momento de su creación, en uno de los iconos del art decó pictórico.

Tullio Crali

Volvemos a los futuristas italianos y nos fijamos en el nombre de Tullio Crail (1910-2000), quien resucitó esta tendencia futurista cuando ya empezaba a estar pasada de moda. Su obra se puede compendiar en tres términos: velocidad, máquinas -sobre todo aviones- y guerra.

Fanático de los aviones de guerra, su objetivo era transmitir al espectador las potentes sensaciones que se disfrutan a bordo de un avión de guerra, con impresionantes visiones en ángulo, picados y contrapicados, que buscaban siempre ofrecer otro punto de vista artístico.

¡La forza della cruva', Trullio Crali, 1930.

Pero en una espera entre vuelo y vuelo, Crali también quiso escenificar con sus pinceles la sensación de velocidad que se vive a bordo de un coche, y de esta forma nos legó el impresionante La forza della curva (1930), cuadro en el que, con la técnica de superposición de paneles, glorifica el triunfo de la vertiginosidad.

Andy Warhol

Un autor que se hizo famoso pintando latas de sopa Campbell… ¿cómo no iba a escenificar en óleo uno de los iconos culturales del siglo XX, el automóvil? Por supuesto que sí, pero porque recibió el encargo de realizar una serie de retratos a su más puro estilo de varios de los modelos de la gama ochentera de Mercedes-Benz. Evidentemente, hablamos de Andy Warhol (1928-1987), y de su famosa serie Cars.

Cualquier obra de Andy Warhol tiene un valor en sí descomunal, tanto por su aportación artística como por la firma de su au-tor, pero esta serie de retratos de automóviles ha quedado para la historia de la pintura como el último proyecto en el que trabajó Warhol, que murió sorpresiva y prematuramente con tan solo 58 años, el 22 de febrero de 1987, por las se-cuelas producidas por una sencilla operación de vesícula biliar.

La serie Cars se gestó a partir del primer encargo de un tratante de arte alemán, Hans Meyer, en 1986, para conmemorar el primer siglo de vida de la industria de la automoción. Y como el resultado fue espectacular, Mercedes-Benz se animó a encargar a Warhol una serie entera de retratos. Por desgracia, el artista neoyorquino no pudo completar la serie, ya que le sorprendió la muerte, y solo se quedó en una galería de 36 serigrafías y 13 dibujos de distintos modelos de Mercedes, cuando la intención de Warhol era completar 80 piezas de 20 modelos de la firma alemana. Hoy todos estos retratos se conservan en parte como colección corporativa de Mercedes-Benz, y forman parte de la historia de la pintura como los únicos modelos no norteamericanos que Warhol retrató en toda su carrera.

De todas formas, unos años antes, en 1979, Warhol ya tuvo contacto con el mundo del automóvil, pues BMW le encargó pintar a escala uno de sus modelos punteros de aquellos años, el M1. Andy pasó soberanamente de realizar un boceto en una miniatura del modelo y pasó a pintar, casi sin pensar, el modelo a escala real, trabajo que realizó en poco más de 23 minutos.

WhatsAppWhatsApp
FacebookFacebook
TwitterTwitter
Linkedinlinkedin
emailemail
imprimirprint
comentariosforum0
forum Comentarios 0
Deja tu comentario
elEconomista no se hace responsable de las opiniones expresadas en los comentarios y los mismos no constituyen la opinión de elEconomista. No obstante, elEconomista no tiene obligación de controlar la utilización de éstos por los usuarios y no garantiza que se haga un uso diligente o prudente de los mismos. Tampoco tiene la obligación de verificar y no verifica la identidad de los usuarios, ni la veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de los datos que los usuarios proporcionan y excluye cualquier responsabilidad por los daños y perjuicios de toda naturaleza que pudieran deberse a la utilización de los mismos o que puedan deberse a la ilicitud, carácter lesivo, falta de veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de la información proporcionada.