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Lander Urquijo, el sastre con alma de arquitecto que se hizo así mismo

  • El diseñador bilbaíno es la cara del proyecto 'The Macallan Conversations'
  • Una iniciativa que busca historias reales de personas trabajadores
  • Se ha convertido en uno de los diseñadores más importantes de España
Lander Urquijo, diseñador.
Madrid

Que la suerte te pille trabajando, decía el gran Picasso. Porque sí, el azar es caprichoso y no siempre ganan los que más lo merecen, pero seguro que tienen más posibilidades que los que se sientan a esperar.

Esta ha sido la filosofía que han seguido desde sus primeros pasos en Macallan, la destilería de wiskhy escocés que vivió en sus propias carnes cómo la vida le daba dos opciones: arriesgarse o morir. Evidentemente, eligieron la primera, y desde entonces, celebran cada año las decisiones valientes de las personas luchadoras con The Macallan Conversations, el proyecto que busca las historias reales detrás de momentos y situaciones clave que te llevan a vivir una vida extraordinaria.

El diseñador vasco Lander Urquijo, también conocido como "el sastre al que llamó Woody Allen para su última película", encarna precisamente todos estos valores, y por eso precisamente Macallan ha querido hacerse eco de su historia. El bilbaíno, que se convirtió en Premio Nacional al Emprendimiento de la Industria del Sector de la Moda en el año 2014 y se ha convertido en uno de los diseñadores más importantes del panorama nacional, cambió los planos, la escuadra y el cartabón de la arquitectura por la tela, la tiza y las tijeras del sector textil, hace ya más de 24 años.

Con sus propias palabras explica cómo "sintió la llamada" que le impulsó a dejar atrás todo lo que conocía y emprender un nuevo camino:"Siempre me ha gustado la moda, pero no me volvía loco. Que empezase en el sector textil fue algo muy causal. Cuando iba a empezar la carrera de arquitectura, por motivos personales, empecé a trabajar en una tienda de mozo de almacén. Con el tiempo fui cogiendo más responsabilidad y fue cuando decidí dar el salto de venir a trabajar a Madrid. Fue una decisión acertada, aunque muy dura, ya que dejé mi casa, mi familia y amigos para enfrentarme a un reto profesional enorme sin nadie en quien apoyarme. Lo recuerdo como un momento difícil, pero bonito, que me sirvió para madurar", afirma.

Uno de sus trajes.

Pero como todo aquel que consigue llegar alto, tuvo en el camino piedras con las que se topó y tropezones de los que aprendió. La apertura de una tienda en París, sin haber realizado un estudio previo del entorno, fue un gran error que le sirvió para controlar mejor su impulsividad. "Ahora, valoro más los aspectos que rodean a la toma de una decisión y soy más tranquilo a la hora de emprender nuevos proyectos", completa. Sin embargo, esa misma impulsividad fue la que le llevó, sin pensarlo dos veces, a dejar atrás su zona de confort e irse a trabajar a la gran ciudad a una tienda más pequeña, pero con un puesto de mayor responsabilidad. "Todos mis amigos me decían que estaba loco, pero yo quería hacerlo y lo hice. No sé si la decisión fue acertada o no, pero estoy feliz con todas las que he tomado y me han llevado a conseguir todo lo que tengo en la actualidad", sentencia.

Ahora, con la experiencia que le han otorgado tanto los años como los golpes de suerte -y los que azotan sin previo aviso-, el genio bilbaíno tiene claro que lo más importante es "escuchar a todo tu alrededor y saber bien adónde te dirigues". Porque una cosa está clara: saber lo que no quieres te hace siempre estar a salvo.

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