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¿Unas sneakers son arte? Reflexiones sobre arte y moda con Eloy Martínez de la Pera

  • Entrevista a Eloy Martínez de la Pera, comisario de arte y experto en moda
  • "El proceso creativo para confeccionar una pieza de alta costura...
  • ...es similar al que puede sentir un pintor o un escultor para crear su obra"
Seneakers de la firma Balenciaga
Madrid

Balenciaga está más vivo que nunca. Los más jóvenes, más incluso que los de la generación millennial, se pirran por llevar estampado su logo, sobre todo si se trata de una sneaker. Ya sea la que parece un calcetín negro con suela blanca o la que se inspira en la zapatilla de deporte que usaba el señor de los noventa para comprar el periódico (la J'Hayber puede ser una gran musa nacional), ambas han sido un rotundo éxito, con amplia réplica en el terreno de lo low cost (no cabe mejor referencia de gloria). Sin embargo, Cristóbal, el gran diseñador español, nada tiene que ver con este actual triunfo, más allá de que fue el fundador de esta firma de la que nada le pertenece, ni a sus descendientes. A pesar de ello, la conexión entre la marca y Cristóbal es más estrecha de lo que parece: el diseñador de Getaria hacía alta costura y Demma Gvasalia, director creativo de Balenciaga, ha revitalizado la firma diseñando zapatillas de deporte, pero ambos rompieron con lo establecido, hicieron arte.

Eloy Martínez de la Pera

"Los dos son tremendamente rupturistas, los dos fueron al filo de lo que era la moda que les tocó vivir". Esta declaración de intenciones la hace a Status Eloy Martínez de la Pera (Salinas de Añana, Álava, 1967), el comisario de arte de la última gran exposición sobre el diseñador español, Balenciaga y la pintura española, que se pudo disfrutar durante el pasado verano en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid. Sin embargo, Eloy va más allá en la conexión entre ambos creadores y se siente muy agradecido a Demma Gvasalia por haber conseguido que los más jóvenes recuperen la figura del gran modista, junto a Dior o Chanel, del siglo XX: "Yo tengo que agradecer a las sneakers de Balenciaga porque han conseguido que muchísimos jóvenes conozcan que detrás de ese nombre se esconde el talento y la capacidad creativa de un chaval que nació en un pequeño pueblo del País Vasco en 1895", sentencia. "Esas sneakers han sido fundamentales para reivindicar la figura de Cristóbal".

"El proceso creativo para confeccionar una pieza de alta costura es similar al que puede sentir un pintor o un escultor para crear su obra. Es contar, es reflejar, es llevar esa narrativa y expresarla en vez de un óleo en el mejor de los tejidos. Ambos tienen la misma consideración para mí"

Lo cierto es que este fenómeno de ventas ha ayudado a que muchos jóvenes acudiesen al museo Thyssen para tomar nota de las influencias entre el mundo de la moda y la pintura. En concreto, la alianza entre las creaciones de Balenciaga y algunas de las obras más importantes de la historia del arte español, de autores como Velázquez, El Greco, Pantoja de la Cruz o Goya, que fueron de gran influencia en sus piezas. El modista de Getaria se empapó, mientras acompañaba a su madre en su trabajo como costurera en la casa de los marqueses de Casa Torre, de algunas de las pinturas más importantes del Siglo de Oro español, que luego replicó en su primera época como diseñador y que le llevó a cautivar y domar París. Un diálogo entre artistas, que posiciona a Balenciaga como uno de los más grandes creadores de este país."Tenemos la suerte de tener la pinacoteca más importante de la historia del arte. Y a otro grande también, Cristóbal Balenciaga, que es el diseñador más importante del siglo XX. No hay ningún tipo de ambages a posteriori. Influyó desde el momento en que empezó a crear, con esas siluetas que comienza a realizar a finales de los cuarenta".

Arte y moda

Este binomino de moda y arte no siempre es del agrado de todos.En algunos círculos cuesta ver la moda como una disciplina artística, sobre todo cuando se compara con otras materias coetáneas. Así, declararse seguidor empedernido de series como Juego de tronos o La casa de papel de las apisonadoras Netflix o HBO es valor seguro para que le hagan un hueco en cualquier grupo de amigos. Decir que ya ha visto la última película de Alfonso Cuarón, Roma, y que encima le ha gustado, es prueba definitoria de su buen gusto. Sin embargo, preocuparse por la imagen, por la moda o mencionar que Balenciaga es un artista español al nivel de Luis Buñuel puede ser motivo de mofa o menosprecio. Y eso sucede porque, a diferencia de otras industrias culturales nacidas entre finales del XIX y comienzos del XX, como el cine o la televisión, la alta costura ha cosechado una fama artística de menor peso y tradicionalmente ha sido catalogada con el sambenito misógino de cosas de mujeres.

El trabajo y experiencia de Eloy Martínez de la Pera, desde que dejó su carrera de diplomático para la Unión Europea, ha sido demostrar que las piezas del vestuario están al mismo nivel que cualquier otro elemento artístico: "El proceso creativo para confeccionar una pieza de alta costura es el mismo que puede sentir un pintor o un escultor para crear su obra. Es contar, es reflejar, es llevar esa narrativa que tienen y expresarla en vez de un óleo en el mejor de los tejidos. Ambos tienen la misma consideración para mí". Esta defensa del experto no solo la ha expresado con el arte de Balenciaga, sino que también lo ha hecho en sendas retrospectivas de otros grandes diseñadores, como Paco Rabanne o Hubert de Givenchy. Y está preparando una nueva gran exposición, que busca la conexión entre las creaciones de Salvador Dalí y los modistas de comienzos del siglo XX: "Vamos a intentar establecer un diálogo entre la creación surrealista de Dalí y toda esa moda que se crea a partir del concepto del sueño, con piezas de Schiaparelli, Dior, Chanel, Givency o Balenciaga. De todos los grandes que desde los años 30 hicieron del sueño un elemento en su creación del surrealismo y el elemento de soñar a la hora de crear piezas que son verdaderamente obras de arte".

De este modo, Eloy defiende que en el mundo de la moda también existen y han existido corrientes y vanguardias, pero que han llegado con retraso respecto a otras disciplinas. Ejemplo de ello es la apuesta por la fealdad, una inspiración creativa que ha sido aceptada en la historia del arte pero que cuesta más asimilar en el mundo de la moda: "La fealdad ha surgido en este siglo XXI como un elemento creativo y para mucha gente resulta incomprensible. Al final, yo creo que seguimos tendencias con cierto retraso, pero los ADN que han marcado a las diferentes vanguardias de la historia del arte son los mismos que están marcando la historia de la moda". Ejemplo de esta tendencia pueden ser las mencionadas sneakers noventeras de Balenciaga, también llamadas ugly (feo en inglés), que además de ser un éxito de ventas, podrían considerarse una creación artística. Eloy Martínez de la Pera no se atreve a responder si contempla un futuro con una exposición de sneakers en un museo, pero sí que defiende a la figura de Demma Gvasalia: "Demma es un tipo tremendamente rupturista, pero que además sabe la técnica, sabe coser, es una persona que tiene mucho oficio, que verdaderamente entiende lo que es la alta costura, pero que decide romper muchos moldes".

La artesanía y el arte

De la Pera no somete el concepto de arte a lo hecho a mano,a la artesanía, es más, pone el ejemplo de Jeff Koons que no toca ninguna de las piezas que hace."Él defiende que para que una pieza sea considerada arte es fundamental que haya una intencionalidad artística y un proceso creativo que responda a esa intencionalidad, que haya una implicación del artista desde el punto de vista intelectual y creativo". Sin embargo, sí que observa que siempre ha habido una gran defensa de lo artesanal y del oficio. De hecho, el experto en arte comprueba como las firmas de la actualidad y los jóvenes están bastante alejados de la tradición y del oficio: "Yo creo que lo que está faltando actualmente es el sentimiento de artesanía que había en los grandes creadores de los años 40, 50, del siglo XX en general. Había un elemento de orgullo y mucho oficio".

"Firmas de lujo, como Audemars Piguet, apuestan por el arte porque apoyan la creación, porque creen que los artistas tienen una capacidad de ver, entender y explicar el mundo de una manera diferente"

Sea más artístico o no, esta defensa del oficio y de lo artesano ofrece, a juicio de Eloy, más libertad en el momento de la creación."Yo creo que a día de hoy, donde el escenario está dominado por el márketing o las redes sociales, los creadores de las grandes marcas tienen muchísima menos libertad a la hora de establecer las pautas en las cuales puedan crear esas obras de arte de la alta costura". No obstante, asegura que todavía siguen existiendo muchas firmas cuyo compromiso con la manufactura está al más alto nivel, lo que les sitúa en una posición de mayor fuerza para romper con lo establecido, establecer tendencia o crear arte."Yo siempre digo que el arte tiene una capacidad transformadora, y se puede encontrar en los artesanos que hacen las maquinarias de un reloj de Audemars Piguet o en los guarnicioneros que trabajan para Loewe".

En el caso de la firma de alta relojería suiza, Eloy Martínez de la Pera relata que el compromiso de la misma es llevar esa capacidad transformadora a toda la cadena humana de producción y permanecer permeable a la propia capacidad transformadora de artistas de otras disciplinas: "Audemars Piguet apuesta por el arte porque apoya la creación, porque cree que los artistas tienen una capacidad de ver, entender y explicar el mundo de una manera diferente, y de anticiparseparse a la hora de entender lo estético y lo plástico". Esta creencia ha llevado a la relojera suiza a estar presente en todas las ferias internacionales del mundo y sobre todo a "apoyar a los artistas que quieren dar una nueva visión de lo que es la belleza, de lo que es lo bello, y la realidad que nos rodea", añade.

Esta defensa que hace el experto por el valor de las prendas o complementos que utiliza el ser humano para vestirse tiene un origen nítido, que se remonta años atrás, a su época como diplomático consular. Apenas tenía 23 años cuando cayó el Muro de Berlín y comenzó a trabajar para la Unión Europea en el establecimiento de relaciones diplomáticas con todas las repúblicas de la antigua Unión Soviética. Uno de sus cometidos era velar por la no destrucción del patrimonio cultural de estas repúblicas. "Y fue en ese momento cuando tuve el primer golpe", sentencia Martínez de la Pera.

No se atreve a llamarlo síndrome de Stendhal, porque dice que fue algo más fuerte. Se refiere al momento en que tuvo contacto con las mujeres de Tadjikistan, uno de los países más pobres del mundo a comienzos de los noventa. Le sorprendió que la población femenina del país se vestía todos los días con mucha dignidad, engalanadas con joyas, porque era parte de su historia y el acervo cultural que les identificaba:"Verlo me subyugó, comprobar como la indumentaria era un momento de dignidad, a pesar de la escasez económica y de recursos".

A su vuelta a Bruselas, el joven diplomático siguió comprometido en trabajar por que los patrimonios culturales y artísticos de diferentes países se protegieran de una manera férrea, contundente. Y fue ya en 2003 cuando decide abandonar el componente diplomático y dedicarse en cuerpo y alma al mundo del arte y la cultura. Así, en la actualidad, parte de su empeño laboral se centra en la coordinación de proyectos educativos con diferentes entidades públicas y privadas, en los que el arte y la experiencia artística son un pilar fundamental. Para él, la cultura es la manifestación del espíritu del hombre que está llamada a ser el espacio necesario de reflexión y de cambio.Toda sociedad está obligada a pensarse, mirarse, analizarse, a entenderse a sí misma a través de su propia producción cultural, más en momentos de avances tecnológicos como el actual.

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