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De viaje por Ruanda: un pasado de masacre, un presente de gorilas y un futuro de lujo

  • No hubiera dado ni un solo franco ruandés por la reconciliación
  • Curiosamente, hoy en día, la sociedad ruandesa es muy joven
  • El país ha resucitado el turismo, con atractivos como los gorilas o el paisaje
Ruanda. Fotos: Getty.
Madrid

En un gigantesco patíbulo, donde la vida no valía ni tu mano derecha. Eran famosas las amputaciones de miembros en los controles Interhamwes. Sinceramente, después de haber sido testigo de todo aquel baño de sangre, no hubiera dado ni un solo franco ruandés por la reconciliación entre hutus y tutsis. Lo que ocurrió en Ruanda no se puede limitar realmente a los tres meses más dramáticos del genocidio. Hay heridas que pertenecen a un tiempo anterior, así como hay heridas que aparecieron en la medida en que la verdad iba siendo descubierta por las víctimas y se hacía luz sobre lo que realmente les ocurrió a sus familiares.

Curiosamente, hoy en día, la sociedad ruandesa es muy joven: el 60 por ciento de la población tiene menos de 25 años de edad y, por lo tanto, no sufrió el genocidio. Pero la reconciliación no es sinónimo de olvido entre tutsis y hutus. Tal vez la juventud que se intentó destruir hace un cuarto de siglo, es la que ha ayudado a que ambas comunidades convivan. Sus jóvenes son como los de cualquier otro país. Les gusta practicar el skate; aman el fútbol en general y al Real Madrid y Barça en particular; bailan al son de JLo o Beyonce, de Jay-Z o Master P; se cubren la cabeza con gorras de los New York Yankees o de los Boston Celtics; y se atiborran de series estadounidenses en HBO o Netflix, canales que piratean con grandes antenas parabólicas, que han crecido como hongos en cualquier barrio de la capital.

Hoy, en pleno siglo XXI, la Bella Ruanda es un gran destino para todos aquellos que quieran sumergirse en la cultura africana y por qué no, en unos hechos históricos que jamás deberían volver a ocurrir.

Este país africano al que la letra de su himno califica como Rwanda Nziza (Bella Ruanda), ha conseguido recuperar su estabilidad económica, su seguridad, resucitar el turismo con miles de visitantes que llegan hasta los santuarios de los gorilas de montaña en el Parque Nacional de los Volcanes, su inmensa minería y sus ricas plantaciones de café, uno de los más selectos del mundo. Paul Kagame, el presidente que salió de aquella masacre, consiguió que la tasa de alfabetización del país, para mayores de 15 años, alcanzara el 71 por ciento, o que la tasa de población con el VIH se estabilizara en tan solo el 3 por ciento. Hoy, en pleno siglo XXI, la Bella Ruanda es un gran destino para todos aquellos que quieran sumergirse en la cultura africana y por qué no, en unos hechos históricos que jamás deberían volver a ocurrir. Solo el tiempo y la cordura de ambas comunidades lo dirán.

Un hombre bueno en el Hotel Des Mille Collines

Paul Rusesabagina

Conocí a Paul Rusesabagina, en 1994, tras mi llegada a Ruanda. Era un hombre bueno entre toda la maldad y odio que podría asolar a una nación entera. Y por eso llamaba inmediatamente la atención de todos los medios occidentales que éramos testigos de cómo una comunidad era capaz de borrar a la otra, usando tan solo cuchillos, hachas, machetes o cualquier objeto cortante. Con estas armas, una comunidad consiguió liquidar a entre medio millón y dos millones de hombres, mujeres, niños y ancianos. El hotel de Las Mil Colinas era uno de los mejores establecimientos de Kigali, en donde por las tardes se reunían en su bar diplomáticos, funcionarios del gobierno, oficiales de Unamir y espías. Con el inicio del genocidio, se convirtió en la última oportunidad de supervivencia para muchos tutsis y hutus moderados, que huían de los salvajes carniceros hutus Interhamwe. Rusesabagina era el gerente en funciones del hotel ante la huida en masa de todos los occidentales del país, incluido el director belga. El general en jefe de Unamir, el canadiense Romeo Dallaire, otro de los pocos héroes en esta trágica historia, era quien facilitaba la huida de los huéspedes del Hotel des Mille Collines.

Al final del genocidio, a mediados de julio de 1994, Rusesabagina había salvado de morir a más de dos mil personas. "Una gota de agua en un océano de sangre", dijo el propio Rusesabagina cuando el presidente Bush le impuso en la Casa Blanca, la Medalla de la Libertad. Su vida durante aquel año fue adaptada al cine en 2004, en el filme Hotel Ruanda. El personaje de Paul Rusesabagina fue interpretado por Dom Cheadle. Hoy en día, este hombre bueno de 65 años vive junto a su familia en Bélgica, en donde todavía trabaja en el negocio hotelero y sigue dando conferencias por todo el mundo sobre lo que fue aquel genocidio en el hogar de los gorilas de montaña. Yo he de reconocer que no he sido aún capaz de ver la película.

El hotel de Las Mil Colinas, situado cerca del monumento a los pacificadores belgas asesinados junto a la primera ministra Agathe Uwilingiyimani aquel año de 1994, es un establecimiento de lujo, que se anuncia para celebrar bodas, bautizos o reuniones de empresas, y con amplios jardines que rodean una magnífica piscina, donde los turistas consumen piñas coladas. Pero para muchos ruandeses, este edificio, es un símbolo de la reconciliación entre ambas comunidades, una parte de su propia historia, y un ejemplo de cómo un hombre bueno hutu fue capaz de salvar a miles de tutsis y hutus moderados.

Gorilas en la guerra

Las siluetas cónicas de los volcanes Muhabura, de 4.127 metros de altitud, y Gahinga, de 3.474, recortan el cielo de los montañas Virunga, hábitat de los gorilas de montaña. Pero este santuario natural, protegido hoy con duras leyes por parte del gobierno de Kigali para evitar a los furtivos, se convirtió en escenario de la guerra y el genocidio que se desató unos kilómetros más abajo. El ejército nacional ruandés vigila desde hace años el Parque Nacional de los Volcanes, pero los furtivos que se infiltran en Ruanda desde el propio Congo y Burundi, y los grupos rebeldes del cercano conflicto congoleño siguen siendo la principal amenaza para los gorilas.

Los gorilas son imagen de Ruanda. Foto: Getty.

Este territorio ha sido compartido al mismo tiempo y desde tiempos ancestrales por gorilas y seres humanos, un difícil equilibrio entre las necesidades básicas de unos y otros, y algo difícil de mantener. Algunas organizaciones internacionales, como la Universidad George Washington o la Fundación Dian Fossey, expertas en la protección de estos primates en peligro de extinción, han conseguido señalizar las grandes familias mediante balizas y geolocalizar, mediante GPS, a los machos alfas a fin de que el ejército y los rangers los tengan siempre vigilados y protegidos vía satélite.

Pero no solo son los furtivos y la guerrilla congoleña los principales enemigos de los gorilas. Tras el genocidio de 1994, una gran parte de las poblaciones que huían de los sangrientos combates se escondieron en esta región, muchos de ellos estableciéndose definitivamente en pequeños poblados. Su principal subsistencia son los cultivos sin control, algo que ha empujado a las familias de gorilas a tener que buscar nuevos asentamientos, lo que ha dificultado su protección. Algo que también ha influido en la reducción de ejemplares han sido las enfermedades contagiadas por los seres humanos a los gorilas, debido a lo parecidos que somos genéticamente. Los gorilas son muy vulnerables a la patología humana y es por eso por lo que ahora se obliga a los visitantes y turistas a colocarse mascarillas cuando se acercan a sus hábitats naturales. Según la organización African Wildlife Foundation, se calcula que hoy tan solo son entre 800 y 1.000 gorilas de montaña los que intentan sobrevivir en el triángulo de los Grandes Lagos: Ruanda, República Democrática del Congo y Uganda.

Por ejemplo, en los primeros meses del inicio de las matanzas del 94, se calcula que dentro de las fronteras ruandesas vivían cerca de 320 gorilas de montaña. En una sola semana, los guerrilleros del Frente Patriótico de Ruanda mataron a 36 grandes ejemplares durante una ofensiva en Virunga. Otra de las grandes matanzas de gorilas sucedió en el subsector de Bikenke, el 21 de julio de 2007, en donde los furtivos mataron en una sola noche a 12 ejemplares machos.

Se han barajado varias hipótesis de la causa de esta masacre; entre ellas, la expulsión de los gorilas para hacer carbón vegetal talando los bosques, la explotación de las cercanas minas de coltán, o por la captura de los cachorros para su venta a zoológicos. Según un portavoz de la organización Proyecto Gran Simio, el responsable de la matanza cobró por ello dos sacos de patatas. "Con el precio que recibió, su familia podrá comer una semana entera", aseguró la misma fuente.

La famosa defensora de los gorilas, Dian Fossey, escribió poco antes de ser asesinada por una banda de furtivos: "Cuando te das cuenta del valor de la vida, te preocupas menos por discutir sobre el pasado y te centras más en la conservación para el futuro". Y puede que tuviese toda la razón. Si no conseguimos proteger a esta magnífica especie de su extinción, esta zona del mundo no podrá volver a la vida. La Ruanda de hoy ha comenzado a entender que proteger a sus gorilas le supondrá una gran fuente de ingresos al país, ante la llegada de turistas deseosos de ver a los Gorilas Beringei en su hábitat natural.

Un hotel de lujo en el corazón de la Ruanda mágica

El One & Only Nyungwe House

El One & Only Nyungwe House se encuentra al borde del bosque Nyungwe en el sudoeste montañoso de Ruanda, dentro de una plantación de té.

Las 22 suites de este hotel, ubicadas en ocho villas de madera, están diseñadas para armonizar con el bosque de Nyungwe, respetando el medio ambiente. Con una apuesta clara por desdibujar los límites interiores y exteriores, el huésped permanece conectado con el paisaje a través de amplios balcones que se abren a una exuberante flora. Los interiores están vestidos por textiles y obras de arte local, que se inspira en el talento y la belleza de Ruanda. El sabor lo pone una cocina local, con productos de huerto.

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Es interesante que el articulista que asegura conocer Ruanda (Rwanda Nziza o la bella Ruanda) desde hace muchos años encuentre curios que la juventud menor de 25 años sea nada menos que el 60% de la población del país. Vaya, que casualidad se podría decir, que rápido se ha recuperado de la guerra civil. En toda África el boom de la natalidad es insostenible y de no parase esa inmensa población en crecimiento desbocado va a ser imposible poderla alimentar y va a acabar con todo, desde los gorilas de montaña hasta las selvas, o cualquier otro recurso. Así pues, lo primero y urgente STOP natalidad. Las predicciones apuntan a que la presión humana por sobrepoblación va a ser tan fuerte que se espera que en los próximos 30 años emigren a Europa unos 150 millones de africanos. De no remediarlo, en el futuro inmediato un 25% de la población europea será de ascendencia africana.

En segundo lugar, el autor no pone el acento en el odio racial extremo que se desencadeno en el año 1994 de los hutus interhamwe hacia los tutsis. Los mataron a machetazos, hachazos, con palos o con cuchillos, no sin antes mutilarlos brutalmente para finalmente acabar con ellos. Y nos llaman racistas a los europeos. Esa cara tan dramática de África hay que desempolvarla. El enorme racismo que se esconde en esos países cuyas fronteras son totalmente ficticias hechas por la colonización europea en función de los intereses de cada país colonizador. El africano es racista cuando puede frente a otro africano. Por su color de piel, por su estatus social, por su diferente genética, por ejemplo, los tutsis son más altos y esbeltos que los hutus, etc. No somos racistas los europeos, todo ser humana es racista si se dan las condiciones para ello. Me parece un artículo donde el buenismo del autor no le deja ver la realidad del país.

Puntuación 2
#1