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Chopard, el lujo de la independencia

  • Es una marca relojera con una concepción familiar del negocio
  • La historia comienza en 1860, con el suizo Louis-Ulysse Chopard
  • Chopard registró en el S.XX un éxito sin precedentes en el sector lujo
La Palma de Oro, el premio a la mejor película del Festival de Cine de Cannes.
Madrid

Chopard se ha distinguido desde su nacimiento hace poco más de un siglo y medio como una marca relojera con una concepción familiar del negocio. Su éxito se mantiene gracias los mejores estándares de calidad y una personalidad única que se jacta de trabajar con diseños clásicos pero con una fluidez rotunda que capta las tendencias de manera especial.

La historia comienza en 1860, cuando el suizo Louis-Ulysse Chopard (1836-1915), hijo de un granjero de Sonvilier (en el cantón de Berna) conquista la fama con tan sólo venticuatro años creando piezas de relojería artesanas con tal éxito que se convierten en los relojes favoritos de las cortes europeas y en especial del Zar Nicholas II. La alta calidad de las piezas relojeras hicieron convertirse a Chopard en una de las marcas con más fama internacional y de las más valoradas.

Primera generación

Una de las razones de su éxito desde un primer momento se debe a la solidez de su proceso artesanal. Desde Sonvillier, el alma mater del fundador, con una gran tradición en la construcción de relojes, a Ginebra, donde la marca tomó forma como empresa, los distintos responsables de Chopard han sabido seguir su instinto hasta nuestros días. El que quizás revolucionó los cimientos de la compañía fue la segunda generación, el hijo de Louis-Ulysse, Paul-Louis Chopard (1859-1940), que cogió las riendas del negocio familiar expandiendo su producción a La-Chaux-de-Fonds que se convertiría la sede de la manufactura.

Continuando con la estirpe, el nieto del fundador e hijo de Paul-Louis, Paul-André Chopard (1898-1968), tomó el mando en 1943 en un momento muy complicado, en plena II Guerra Mundial y tampoco es que las cosas fueran mejor en los años siguientes armisticio. De hecho después de un siglo de estirpe, los hijos de Paul-André no quisieron continuar con el negocio…. Y el futuro de Chopard parecía quedar en suspense.

Eszeha entra en juego

Pero aquí es cuando entra en el juego la persona que cambiaría el rumbo de la empresa y también su fortuna. Al mismo tiempo que la tercera generación de los relojeros Chopard decidía no continuar con la empresa familiar, a medio millar de kilómetros de Ginebra, en la ciudad alemana de Pforzheim, Karl Scheufele III, reconocido orfebre y vinculado a la relojería de toda la vida y de una saga de empresarios de éxito, quería desarrollar Eszeha. Esta conocida compañía de joyería y relojería de su propiedad necesitaba un aliado para el suministro de los movimientos de sus propios relojes y puso un anuncio en prensa buscando ese partner. Para ello viajó hasta Ginebra para encontrarse con aquellos posibles empresarios para poder trabajar juntos. Y por curiosidades de la vida, fue en la última cita cuando encontró a su media naranja empresarial: Paul-André Chopard.

Algunos modelos de Chopard

El matrimonio entre la manufactura y la empresa relojera consiguió levantar del letargo a Chopard con los hijos de Karl y su mujer Karin llevando a la compañía a finales del siglo XX y al tiempo presente, a un éxito sin precedentes en el mundo del lujo. El input de Caroline and Karl-Friedrich Scheufele (los hijos de la pareja) ha sido sin duda la parte más importante del desarrollo del negocio en las últimas décadas. Con la primera ocupándose de las colecciones femeninas y de la joyería y el segundo desarrollando las colecciones masculinas y creando en los '80 la celebrada colección de relojes deportivos, los copresidentes de Chopard, mantienes la esencia de combinar relojería y joyería en una ecuación única y muy inteligente. Desde la unión con al mundo del motor con piezas llenas de elegante testosterona a la fusión del glamur del festival de Cannes y los relojes femeninos más espectaculares, la marca tiene un presenta increíblemente dulce que se refleja en una pieza perfecta para comenzar la tercera década del siglo XXI: el Alpine Eagle.

Con una producción verticalmente integrada ensamblando internamente todos los componentes del reloj, desde el conjunto de los componentes de sus movimientos, hasta la fabricación de su caja y su correa, sea de acero o / y oro, este reloj se presenta como una oferta unisex para dos tipos de enamorados de la marca: aquellos que les gustan las cajas grandes (41 mm) o los que prefieren la caja más pequeña (36 mm). En ambos casos se trata de un reloj movimiento mecánico de carga automática que reinventa el fenómeno del St. Moritz en los año '80 (un nuevo tipo de elegancia masculina muy deportiva) para este siglo. Y como no podía ser de otra manera en la historia de la marca, el Alpine Eagle nace a instancias del nuevo heredero del universo Chopard, el joven Karl-Fritz hijo de Karl-Friedrich.

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