Status

Roberto Verino: "El inversor extranjero sí cree en la moda española"

  • "Los inversores españoles no se preocupan de la moda porque no creemos en nuestro país"
  • "Quien solo busca la rentabilidad, acaba no teniendo respecto hacia nada"
  • "El pulmón financiero que nos da GINgroup nos da seguridad para trabajar sin prisas"
Roberto Verino. Fuente: Alberto Martín.

Roberto Verino (1945), natural de Verín (Galicia), es el tercero de siete hermanos de una familia trabajadora. Tras cursar sus estudios de moda en París, abrió en 1983 una boutique en esta misma urbe, convirtiéndose así en uno de los primeros diseñadores españoles –tras el genio Balenciaga- en instaurarse en la Ciudad de la Luz. Su experiencia parisina le permitió volver a España con una mente abierta y técnicas revolucionarias, que le posicionaron rápidamente en buen lugar dentro del sector. Ahora, tras más de 36 años dedicados a la moda, la firma del diseñador gallego acaba de recibir a Raúl Beyruti, presidente de GINgroup, como nuevo inversor. Una acción que le dota de "seguridad" y "estabilidad" a su empresa para poder seguir creciendo y conquistar, también, Latinoamérica.

Acaba de entrar un nuevo inversor en su grupo, Raúl Beyruti. ¿No es un poco especial que entren inversores extranjeros en la moda española cuando los de este país no apuestan por nuestras grandes marcas?

Los inversores españoles no se preocupan de la moda española porque somos un país que no creemos en nosotros mismos; nos falta orgullo, creer, apoyarnos. Entonces, tenemos que irnos afuera a demostrar que valemos la pena, para que otras personas y otros grupos, que están en condiciones de entender que somos una oportunidad para ellos y ellos para nosotros, sepan que valemos la pena. Los inversores extranjeros sí creen en nuestra moda. Por este motivo, GINgroup es una magnifica oportunidad para que nuestro desarrollo en América Latina se consolide de una manera rotunda.

¿Cómo es la situación actual de la firma en América Latina?

Ahora mismo estamos consiguiendo que la moda de México sea nuestro segundo mercado. Además de Colombia, Perú y todo Centro América. En definitiva, nos interesan muchísimo todos los países que tienen capacidad de consumir productos de nivel. El pulmón financiero que nos da un socio como GINgroup nos aporta seguridad para poder trabajar sin prisas. Porque si una temporada tienes un fracaso, tienes su apoyo. Con equipos así, que no buscan ser oportunistas ni pretenden celebrar la explosión de nada, tenemos estabilidad, y nos permite sentirnos seguro de lo que hagamos.

¿Cree que las sinergias entre inversores extranjeros y la moda española pueden potenciar que ésta sea más visible en otros países?

Por supuesto. La clave está en conseguir una independencia que nos ayude a cubrir las necesidades que tenemos. O tienes recursos imprescindibles para que tu trabajo tenga valor, o no consigues nada. Nosotros nos exponemos a las críticas de expertos, consumidores... de todos. La búsqueda de la excelencia está en nunca conformarte con lo que has hecho, sino hacerlo siempre mejor. Yo soy muy perfeccionista. Siempre digo que estoy contento, pero nunca satisfecho, porque siempre se puede mejorar.

Acaba de terminar una nueva edición de la Mercedez Benz Fashion Week. ¿Cree que el formato desfile sigue siendo válido en este nuevo universo digital de las redes sociales?

Estoy convencido de ello. Los desfiles siguen siendo un punto clave dentro de esa capacidad de comunicar que requiere la moda. Te permite exponer tu punto de vista personal, ponerlo sobre un escenario y generar capacidad de sorpresa, emoción y seducción, los tres pilares sobre los que se sustenta nuestro trabajo. Respecto a la MFW en particular, la idea de realizar alguno de estos desfiles fuera del espacio de Ifema me ha parecido una gran idea. Es algo muy positivo ver a la moda integrarse con la ciudad y a la ciudad con la moda. Además, pone en valor espacios fantásticos de la capital que ni los propios madrileños tienen la posibilidad de visitar habitualmente.

Muchas de sus colecciones están inspiradas en elementos históricos, como el Antiguo Egipto o el Nueva York de los años sesenta. ¿Es importante echar la vista atrás para afrontar el futuro?

El otro día, estaba visitando el Museo Arqueológico de Madrid y me llevé una sorpresa tremenda al ver cómo, ya en la época prehistórica, los utensilios y herramientas que fabricaban nuestros antepasados tenían un evidente gusto artístico. Para ellos, era importante que aquellos objetos fueran eficaces, pero también atractivos. La forma en que tallaban las figuras, en cómo diseñaba todo, denota una belleza y un placer estético especial. Contemplas algunas tumbas egipcias, ves sus frescos y piensas: "¿Pero de verdad puede creerse uno que hemos inventado algo?". Nos falta cierta capacidad de análisis en ese sentido.

Cada vez hace más calor en verano y parece que la primavera y el otoño se han esfumado del calendario. ¿Cómo está afectando el cambio climático al negocio de la moda?

La climatología está trastornando la temporalidad de las estaciones tal y como las entendíamos tradicionalmente. Pero para ser honestos, no sólo el clima está afectando a la moda, también la moda afecta al clima. En Roberto Verino estamos muy interesados en el fomento de un consumo responsable entre los compradores. Respetar el medio ambiente se ha convertido para mí en un discurso esencial, siempre he sido en ese sentido un gran defensor de las materias primas naturales. Pero ya no basta. Estamos obligados a buscar soluciones de un mayor calado. Por ejemplo, la utilización de tejidos que se reciclen, evitando así que las prendas usadas acaben formando parte de esos enormes islotes de plástico y basura que flotan en mitad de los océanos. Lo más importante, sin embargo, sería que todos tomáramos conciencia del peligro que conlleva el consumo masivo, la filosofía del usar y tirar.

¿Se refiere a la proliferación del estilo 'low cost'?

Hoy en día, resulta mucho más barato comprar una prenda nueva que llevar una usada a limpiar al tinte. Hay mucha hipocresía y mucho cinismo respecto a este tema. A la gente más joven no le importa irse con veinte euros a una tienda para llenar el armario. Deberían darse cuenta de que cuando compras una prenda por ocho euros, o menos, en cierto modo estás fomentando que a las personas que intervienen en su fabricación no se les pague como correspondería, además del gasto energético y de recursos naturales que toda esta fabricación constante supone. Si queremos dejar de verdad un mundo mejor a las nuevas generaciones que nos sucedan hace falta concienciarse. Lo que pasa es que nadie, al final, quiere pagar un poco más por ropa realizada con productos orgánicos o reciclables.

¿Hace daño el diseño 'low cost' a la moda?

No todas las marcas de bajo precio incumplen las normas. Sin duda, es un punto positivo para todas las personas que antes no tenían acceso a la moda, lo que pasa es que a partir de aquí, hay que buscar que la excelencia sea el objetivo para que todo el mundo salga beneficiado, y que no sea una competición de a ver quién lo hace más barato sin importar cómo pagan a las personas, y otras muchas cosas.

¿Cree que los jóvenes diseñadores se dejan llevar a veces por el simple hecho de empatar?

El mercado de la moda tiene sus reglas. Cuando uno comienza en esto, debido al entusiasmo de la juventud, se siente empujado a mover el mundo. A medida que uno va cumpliendo años, equilibra su capacidad de ilusión con la capacidad real. Es ley de vida. El nombre, la marca o el prestigio de un diseñador hay que ganárselos temporada tras temporada. No se consiguen de golpe, por haber realizado una colección más o menos innovadora en un momento determinado. Hay que mantener una carrera coherente en el tiempo, un mensaje constructivo. Yo siempre he buscado el bien del consumidor final, que es a quien me debo. Si yo no le doy satisfacción, si no consigo su fidelidad, siempre habrá alguien que lo haga mejor o más barato o tenga un discurso más atractivo. Es como una competición, una subasta continua. No quiero entrar en ese juego. Prefiero ser feliz haciendo mi trabajo.

Con la excepción del genio Balenciaga, usted fue el primer diseñador español en abrir boutique propia en París, allá por 1983, en el 33 de la Rue de Grenelle. ¿París siempre será París?

El aquel entonces era una ciudad única, pero hoy en día el mercado que lo mueve todo está en Nueva York, en Asia y en Oriente Medio. Actualmente, si no estás en Dubai parece que no eres nadie. Al final, el consumo depende de haya gente con dinero que esté dispuesta a pagar por un valor determinado.

Al final, la moda, además de un arte, también es un negocio, ¿no?

Por supuesto. Es una industria, una actividad económica como otra cualquiera. Hay que tenerlo muy claro antes de meterse en ello; si no, no se sostiene lo que haces. Pero es importante que haya un equilibrio. Quien solo busca la rentabilidad económica, acaba no teniendo ningún respeto hacia nada. El dinero no lo es todo, hay que buscar que las cosas vayan sucediendo de una manera más razonada y razonable. Me considero una persona estética, pero antes de eso está la ética. Cuando uno quiere consumir hacia arriba, la sociedad acaba agradeciéndolo. Cómo conseguir producir más barato, pagar menos... son ambiciones que solo conducen hacia abajo, hacia la mediocridad.

El objetivo debería ser la excelencia, por tanto.

Siempre. La búsqueda de la excelencia consiste en no estar nunca satisfecho del todo. Conformarte con lo que has hecho no es suficiente. Hay que seguir intentando mejorar y mejorar. Reconozco que soy un perfeccionista incurable. Jamás estoy satisfecho con el resultado. Contento sí, pero no satisfecho. Si lo estuviera sería terrible, porque indicaría que ya no tengo margen de mejora.

comentariosforum0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin
FacebookTwitterlinkedin