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El consumo de agua urbana baja más del 10% desde 2007

La crisis, la mejora de la tecnología, los cambios demográficos y de comportamiento social hacen que descienda el consumo de agua de las ciudades, sobre todo el de comercios e industrias.

Las poblaciones españolas consumen menos agua desde hace años. La tendencia, impulsada por varios factores, como el cambio de la conducta ciudadana o la mejora en la tecnología y en la gestión de las infraestructuras, se nota en todo el país, pero más donde la escasez del recurso está a la orden del día, tal que en el Levante, donde la lluvia nunca aprendió a caer bien.

La Fundación Aquae, vinculada a Aguas de Barcelona, le ha puesto números a esa reducción, con un análisis detallado del consumo en Alicante y Barcelona, y son concluyentes: un 12,1 y un 11,4 por ciento desde 2007, respectivamente.

Así lo indica el informe La Reducción del consumo de agua en España: causas y tendencias. "Si bien los números no pueden extrapolarse directamente a todas las poblaciones -comenta Asunción Martínez, coordinadora del documento- la tendencia es general en todo el país y la mayoría de las causas que explican esa tendencia, también".

En el cómputo de la Fundación se tiene en cuenta tanto el consumo doméstico, mayoritario, como el resto, integrado por el municipal, el del comercio, la industria, etcétera. Si en el primer caso la crisis no ha afectado de un modo significativo al volumen de agua abastecida -la curva tendencial no acentúa su pendiente-, no ocurre lo mismo en el segundo, donde se reduce un 25 por ciento, especialmente en el comercio, la restauración y los servicios.

Innovaciones técnicas: de grifos a electrodomésticos

Varias son las causas que impulsan el ahorro del agua; la primera de ellas, la mejora de la tecnología. Todos los sectores han incorporado sistemas de ahorro y equipos más eficientes: la grifería monomando y los reductores de caudal consiguen ahorros del 50 por ciento; el doble pulsador de la cisterna, otro 50 por ciento; los electrodomésticos, más del 40 por ciento... Sólo gracias a estos avances, el consumo de las viviendas ha caído más del 20 por ciento en la última década.

También en las redes de distribución se nota la inversión en tecnología y el mejor mantenimiento.

En Alicante, la eficiencia, en relación a las pérdidas de agua, ha aumentado desde el 80 por ciento en 1991 al 85 por ciento de manera ininterrumpida desde 2006. "Puede considerarse -se lee en el informe- que se ha llegado a un nivel óptimo, en el sentido de que realizar inversiones adicionales ya no sería una medida efectiva, por ser más costosas que el hipotético ahorro de agua".

La mejora de las redes y la tecnología también se refleja en el uso de agua regenerada y el aprovechamiento de las aguas grises y pluviales, algo que "no está generalizado, porque exige una red de distribución paralela y tratamientos especiales", como comenta Martínez. Los alicantinos pueden presumir de haber sido pioneros -disponen de agua regenerada desde 2002-, y de aprovecharla cada vez más: el consumo se ha duplicado desde 2007 y ya supera el millón de metros cúbicos anuales.

Cambios en la demografía y el comportamiento social

Los cambios sociales y demográficos también influyen notablemente. Los ancianos ahorran más, a partir de la jubilación: con 65 años se consume un 25 por ciento menos de agua que con 10 años menos. El menor crecimiento demográfico, la inmigración y la emigración, influyen en el número de habitantes por hogar, que ha pasado de 3,4 miembros en la década de 1980 a 2,9 miembros en la actualidad. Las personas que viven solas, lógicamente, también consumen menos en el hogar.

No se puede olvidar la concienciación de la población con los problemas ambientales y la escasez de agua, que se nota mucho en las zonas afectadas, como Barcelona. Tras la sequía que en 2008 amenazó con racionar el suministro de agua en la ciudad -se decretó la prohibición de limpiar los vehículos y el riego de jardines-, las buenas prácticas han permitido reducciones en el consumo de agua que llegan al 50 por ciento en algunas zonas, como el barrio de Begues.

Las campañas informativas han tenido tanto éxito que la gente incluso ha llegado a pedir perlizadores y otros elementos de ahorro sin saber que ya los tenía instalados en su nueva vivienda.

La crisis económica impacta en el consumo no doméstico

Cómo no, la omnipresente crisis también afecta a la evolución de las aguas urbanas, sobre todo en ámbito empresarial. Por un lado, en el cierre de comercios, restaurantes, empresas de servicios e industrias, y por otro, en la imperiosa necesidad de ahorrar costes de los negocios que sobreviven. La bajada del consumo no doméstico llega al 25 por ciento desde 2007.

Y en los hogares cada cual se aprieta el cinturón en función de lo que se hayan reducido sus ingresos; las segundas viviendas, por ejemplo, permanecen más tiempo cerradas.

Sin embargo, la forma de afrontar los malos tiempos puede tener efectos aparentemente extraños: en Barcelona se aprecia claramente la relación entre el descenso de la renta y el consumo de agua -"los distritos de menores ingresos económicos podrían estar reduciendo incluso consumos muy básicos", dice el informe-, pero no ocurre lo mismo en Alicante; allí, los hogares más pobres registran consumos muy elevados, algo que sólo puede explicarse por la sobreocupación de las viviendas.

El precio y la progresividad de la tarifa

Lo cara o lo barata que sea el agua influye en todo momento, pero más en tiempos de crisis. La mayoría de los sistemas tarifarios españoles se componen de una parte fija y otra variable, en función del consumo, que crece progresivamente para penalizar el derroche.

En Cataluña, el Canon se reformó en 2012, de forma que el precio del cuarto tramo es nueve veces mayor que el del primero. Como consecuencia, se han reducido muchísimo los usos exteriores: los jardines se riegan menos y si antes las piscinas se llenaban todos los veranos, ahora el agua se mantiene y se depura para evitar el gasto.

Una de las conclusiones más relevantes del informe se refiere al límite de la eficiencia. El hecho de que en Barcelona el consumo esté en 105 litros por habitante y día -en Alicante está en 119, desde los 154 del año 2000-, implica que "se estaría cerca de alcanzar el techo máximo de ahorro que permiten los dispositivos e innovaciones técnicas implantadas en baños y duchas, los electrodomésticos más eficientes y los propios hábitos de consumo personal".

El ahorro de agua es mayor en el tejido productivo

Las necesidades de agua urbana de las empresas para los procesos productivos han bajado mucho; hasta un 32 por ciento en el caso de Alicante, pero sobre todo por el gran número de negocios que han tenido que cerrar.

Ahora bien, las firmas que sobreviven no han escatimado a la hora de implantar medidas de ahorro y eficiencia o de proveerse con fuentes alternativas, abriendo pozos o, si es posible, adquiriendo agua regenerada.

En Alicante, el agua regenerada está subvencionada por la tarifa general y cuesta 0,32 euros por metro cúbico, frente a los 2,23 euros del agua convencional; ello explica que su consumo ya supere el 40 por ciento de toda el agua suministrada.

En cualquier caso, de acuerdo con los datos aportados por la Fundación Aquae, el 60 por ciento de las empresas que resisten en Alicante han reducido su consumo entre un 10 y un 30 por ciento desde 2007, lo que les ha permitido bajar su gasto en esta partida una media del 18 por ciento. Es relevante porque la muestra incluye los mayores consumidores del municipio: la Generalitat, el Ayuntamiento, la Autoridad Portuaria, etc.

En Barcelona el porcentaje -y la muestra- es más pequeño, pero un 50 por ciento afirma haber reducido su consumo.

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