Retail - Consumo

Las aceiteras suben ventas por primera vez desde 2021 gracias a la bajada de los precios

El precio del aceite de oliva está empezando a bajar

La industria aceitera empieza a ver la luz al final del túnel. Por primera vez desde al año 2021 las empresas del sector han conseguido aumentar sus ventas, con crecimientos tanto en oliva como en girasol. De acuerdo con el último informe de la patronal Anierac, las ventas acumuladas en los dos primeros meses del año se elevaron en conjunto a 108,9 millones de litros, lo que supone un aumento de casi el 21% respecto al mismo periodo de 2023 pese al mal inicio de la campaña. Aunque es cierto que ese incremento obedece fundamentalmente a un fuerte tirón de las ventas del aceite de girasol - han subido un 55%, hasta 57,5 millones de litros-, las de oliva también han repuntado.

Aunque siguen todavía lejos de los niveles de hace tres años, en estos dos primeros meses han ascendido a 38,93 millones de litros, lo que supone un incremento del 3,79% y marcas un cambio de tendencia. Las ventas están creciendo gracias a la relajación de los precios, que en lo que va de año han bajado un 20% gracias al aumento de la producción como consecuencia de las lluvias. Los datos del observatorio de precios de Infaoliva indican que el aceite de oliva virgen extra de la variedad picual cotizaba ayer ayer a 7,2 euros el litro, llegando incluso al inicio de semana a 7,07 euros. Los precios alcanzaron un récord histórico el pasado 15 de enero, cuando el litro alcanzó en el campo 8,98 euros. El precio ha registrado una bajada desde entonces del 20,7%, pero sigue aún así muy por encima de los niveles que tenía en enero 2022, cuando se situaba en 3,1 euros.

El año pasado el precio del aceite de oliva aumentó en los supermercados un 54,6%, lo que provocó que las marcas blancas registraran un crecimiento histórico y elevaran su participación hasta casi el 53% del total del mercado. Los fabricantes han tenido que afrontar así una de las situaciones más complicadas en mucho tiempo. Con los costes de la materia prima disparados por la escasez de producción, a las empresas no les quedó más remedio que subir los precios, pero eso provocó una pérdida de cuota que lastró sus cuentas de resultados. Deoleo, propietaria de marcas como Carbonell o Koipe, ha cedido en el último año ocho décimas de cuota, pero aún así mantiene una participación del 12,5%, lo que la sitúa muy por delante todavía del resto de sus competidores. Sin embargo, debido al fuerte incremento de los precios de la materia prima, la empresa registró en el último ejercicio unas pérdidas de 34 millones de euros.

Tras la presentación de los resultados el pasado mes de febrero, el presidente y consejero delegado de la compañía, Ignacio Silva, admitió que "hemos cerrado un año excepcionalmente retador y de gran volatilidad, encadenando dos años consecutivos de cosechas muy limitadas, tanto en términos de calidad como de cantidad, y precios en niveles históricos", pero insistió también en que "pese a ello, hemos seguido apostando por la defensa de nuestro margen bruto unitario, lo que nos ha permitido mantener los ingresos". La segunda posición del mercado es para Acesur, el grupo andaluz dueño de marcas como Coosur o La Española, que tiene el 9,5% de cuota, después de haber ganado un punto y medio desde 2021, y de Migasa con el 5,9%. Muy por detrás ya queda Borges que, aunque ha incrementado ligeramente su participación en el último año, únicamente tiene una participación del 1,2%.

Pese a la caída de los precios y la recuperación de las ventas, en el sector prefieren mantener ser prudentes. "Es cierto que con las últimas lluvias se ha notado una mejoría y que los olivos están mejor preparados que el año pasado ante posibles olas de calor, pero aún es pronto para saber qué va a pasar y si la tendencia se va a mantener", explican en el sector. A finales del año pasado el presidente de Deoleo apuntó ya que lo normal sería que los precios empezarán a bajar a partir de junio. No obstante, y aunque es cierto que la situación ha mejorado algo antes de lo previsto, nadie en la industria se atreve a dar por cerrada aún la crisis.

La producción de aceite de oliva en España se situará en esta campaña en 765.300 toneladas de aceite de oliva, lo que supone un 15% por encima de la baja cosecha de la temporada anterior, cuando se quedó en únicamente 664.000 toneladas. No obstante, según las estimaciones publicadas el pasado mes de octubre por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, seguirá un 34% por debajo de la media de las últimas cuatro años. Agricultura había previsto que en Andalucía, que acapara casi un 70 % de la producción española, la cosecha fuera peor debido a la sequía y quedara un 40 % por debajo de la media. Sin embargo, gracias a las últimas lluvias registradas en marzo, y después de que los embalses andaluces se hayan recuperado, la situación puede mejorar. El sector, en cualquier caso, reclama la puesta en marcha de un plan hidrológico, que permita evitar oscilaciones tan grandes de los precios dotar de una mayor estabilidad al mercado.

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