Opinión

Después de la tormenta

Foto: Efe

Después de la tormenta viene la calma. Esto es lo que está pasando en la escena política española, donde el sentimiento de la población ha empezado a cambiar. La gente quiere un gobierno estable... intuye que la crisis económica se acerca. Por tanto, votará a aquel partido que está en disposición de proporcionarle calma. Hoy por hoy ese partido es el PSOE, esto explicaría que parta como gran favorito en las elecciones del 28 de abril. El resto está a por uvas.

A Sánchez se le pueden reprochar muchas cosas, pero no que le falte instinto político. Así lo demostró cuando presentó la moción de censura con nocturnidad y alevosía. Repitió la jugada con el adelanto electoral unas horas después de la presentación de las "tres derechas" en la Plaza de Colón. Otro acierto que dejó descolocado al líder de Ciudadanos, que no huele ni una. Y ahora ha intuido que el viento ha rolado y que la mayoría social quiere soluciones, pasar página y afrontar una nueva legislatura más sosegada. Por eso se ha disfrazado de Bambi. Ni corto ni perezoso ha hecho suya la estrategia que tan buenos resultados le dio a Zapatero en 2004. El lobo feroz se ha convertido en la abuelita. Cuando gane ya le saldrá su instinto salvaje… por el momento toca ser manso. Su objetivo es lograr una mayoría suficiente para no tener que depender de nadie. Tampoco quiere ser rehén de los independentistas catalanes empeñados en discutir su autodeterminación. Sánchez quiere gobernar con las manos libres y va a prometer un gobierno estable, que es lo que se necesita ante un cambio de ciclo económico y lo que quiere una gran parte del electorado, incluidas las élites, aunque tengan que pagar un precio por ello.

El resto de los líderes, prisioneros de sus aparatos mediáticos, siguen instalados en la bronca como si estuviésemos en el 2015. Entonces los españoles querían protestar por la crisis. Desde entonces se han sucedido tres sarampiones: Podemos, Ciudadanos y Vox, pero ahora las cosas han cambiado. Se empieza a añorar el bipartidismo. Eso podría favorecer al bisoño líder del PP si es que resulta capaz de modular su discurso. No va a ganar, pero tiene la oportunidad de convertirse en el líder natural de la derecha. Como en la película de Tristán Bauer Después de la tormenta...

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