Opinión

Diez consecuencias de Trump

A quienes nos equivocamos sobre las elecciones presidenciales de EEUU, más nos vale contener la reacción emocional, al menos durante uno o dos meses, y aventurar una opinión desapasionada sobre lo que el Gobierno de Donald Trump puede significar para el mundo.

La buena noticia empieza con el crecimiento de EEUU, que casi seguramente se acelerará muy por encima del índice anual del 2,2 por ciento, promedio en el segundo mandato de Obama. Y es que la aversión republicana al gasto público y la deuda solo se aplica cuando un demócrata como Obama habita en la Casa Blanca. Con un presidente republicano, el partido siempre ha estado dispuesto a impulsar el gasto público y relajar los límites de la deuda, como sucedió con Ronald Reagan y George W. Bush. Es decir, Trump podrá implantar el estímulo fiscal keynesiano que Obama propuso a menudo, pero no pudo aplicar.

Los déficits resultantes podrán describirse como "economía del lado de la oferta" en lugar de estímulo keynesiano, pero el efecto seguirá siendo el mismo: el crecimiento y la inflación aumentarán. Cuando la economía estadounidense llegue a los límites del pleno empleo, el crecimiento adicional empujará la inflación más arriba, aunque la mala noticia puede esperar hasta 2018 o más tarde.

En segundo lugar, unas reformas fiscales sensatas, como la amnistía para las multinacionales que repatrien los beneficios extranjeros, acabarán siendo ley. La hegemonía republicana permitirá un acuerdo fácil sobre los recortes fiscales financiados sobre todo con más préstamos públicos, en vez de enfrentarse a la resistencia de los lobbies de intereses especiales frente a la eliminación de exenciones y lagunas. Las reformas fiscales crearán déficit presupuestarios aun mayores, que a su vez estimularán más crecimiento e inflación.

Un tercer impulso para el crecimiento económico vendrá de la desregulación. Si las batallas sobre la ley energética y medioambiental quizá dominen los titulares, el mayor efecto económico vendrá de revertir las normativas bancarias. Cuando se anime a los bancos a aflojar sus normas de préstamos, especialmente para hogares de renta media, el repunte de la construcción de viviendas y el consumo financiado con deuda deberían añadir un mayor ímpetu al crecimiento. Una desregulación excesiva podría causar una repetición de la crisis financiera de 2007, aunque eso también es un riesgo para 2018 o después.

En cuarto lugar, Trump podría beneficiar a la estabilidad geopolítica, al menos a corto plazo. Su preferencia por la Realpolitik operativa frente al intervencionismo liberal de Obama debería estabilizar las relaciones con Rusia y China mientras el mundo se divide en esferas de influencia. Trump podría dar a Rusia rienda suelta en Ucrania y Siria a cambio de restricción en Europa central y el Báltico. El dominio inevitable de China en Asia podría aceptarse, siempre y cuando impida guerras abiertas con Japón, Taiwán y otros países cuya seguridad está, en teoría, garantizada por los tratados con EEUU. Oriente Medio seguirá siendo un caldero de malestar geopolítico pero incluso aquí la predilección de Trump por hombres fuertes locales sobre el "fomento de la democracia" podría restaurar un nivel de estabilidad (a expensas de los derechos humanos).

Finalmente, la elección de Trump podría obligar a los estadounidenses a reconocer los fallos de su propia democracia, incluso cuando abandonen el "fomento de la democracia" en el mundo. El hecho de que Trump perdiese el voto popular por más de dos millones podría reactivar los esfuerzos de reformar el colegio electoral (que ya han resultado en la legislación necesaria en estados que representan el 61 por ciento de los votos necesarios). Y la oposición aplastante de Trump en estados que marcan tendencia como California y Nueva York podría animar a sus votantes a elegir legislaturas que contrarresten el conservadurismo federal con leyes estatales progresistas sobre cuestiones que vayan desde la calidad del aire y la salud hasta el aborto, el trato a inmigrantes o el control de armas.

Ahora las malas noticias. Por primera vez desde los años treinta, EEUU tiene un presidente que considera el comercio un juego que no aporta nada. La retórica proteccionista de la campaña de Trump quizá no tuviera un significado literal, pero si no cumple con alguno de los frenos comerciales que prometió, los republicanos sufrirán un revés de lo que es ahora su electorado central, formado por votantes de sectores y regiones y declive.

El liderazgo global de EEUU está llamado a alejarse del libre comercio, la globalización y los mercados abiertos. Nadie puede predecir los efectos completos del mayor cambio de gobierno en la gestión económica internacional desde los años ochenta, pero seguro que son negativos para las economías emergentes y multinacionales, cuyos modelos de desarrollo y estrategia de negocio han asumido el libre comercio y los flujos abiertos de capital.

Una segunda amenaza, más inmediata, es la promulgación de amplios recortes fiscales y el impulso del gasto público en una economía que casi ha alcanzado el pleno empleo, lo que implica acelerar la inflación, subir los tipos de interés o quizá una combinación de ambos. Dada la probabilidad de un mayor proteccionismo comercial y medidas para eliminar a los trabajadores inmigrantes, el aumento de la inflación y los tipos de interés a largo plazo podría ser bastante drástico. La repercusión en los mercados financieros será trastornadora, independientemente de que la Fed endurezca agresivamente la política monetaria para evitar la subida de precios o deje que la economía "se caliente" durante un año o dos y permita que la inflación se acelere.

Con la economía de EEUU creciendo más rápido de lo previsto y los tipos de interés a largo plazo en aumento, un fortalecimiento excesivo del dólar es el tercer gran riesgo. Aunque el dólar ya está sobrevalorado, podría moverse hacia una espiral de subida de autorrefuerzo, como hizo al principio de los 80 y 90, debido a las deudas en dólar acumuladas en mercados emergentes por los gobiernos y empresas tentadas por tipos de interés de casi cero. Cuarto, la combinación de un impulso del dólar y del proteccionismo augura muchos problemas para los países en desarrollo, con la posible excepción de algunas economías relativamente cerradas como Brasil, Rusia o India, cuyas estrategias de desarrollo dependen menos del libre comercio y la financiación extranjera. Por último, la consecuencia más peligrosa podría ser el efecto de contagio en Europa. Si el referéndum británico demostró ser misteriosamente profético de la victoria de Trump, Trump parece un indicador decisivo de levantamientos populistas en Europa, que podrían ocasionar otra crisis del euro y amenazar con la ruptura de la Unión Europea. Las siguientes victorias antisistema, según las encuestas de opinión, serán el referéndum constitucional en Italia y las elecciones presidenciales en Austria. A los mundialistas solo les cabe esperar que las encuestas se vuelvan a equivocar, esta vez al contrario.

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