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Bolonia enciende el temor a la universidad 'mercantil'

Privatización, mercantilismo, falta de información, futuro incierto para los títulos de cuatro años, convalidaciones sin garantizar... Son algunas de las preocupaciones de un grupo de 400 estudiantes se ha unido para encerrarse en el claustro de la Universidad de Barcelona (UB) en protesta contra el Plan de Bolonia .

Si hace unos meses fueron los estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid los que se plantaron para pedir explicaciones sobre cómo afectará Bolonia al futuro de sus estudios, ahora la mancha de aceite en contra de este plan ha impregnado a los estudiantes de la UB.

¿Qué hay detras de la protesta?

Una mancha se ha extendido a un centenar de estudiantes de letras en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). "Seguiremos encerrados de forma indefinida si el rector de la UB no atiende a nuestras peticiones, que se resumen en explicarnos por qué quieren que la Universidad se mercantilice con la reforma en curso del Plan Bolonia ", asegura Hugo a elEconomista en las puertas del claustro de la UB, al tiempo que prepara unos bocadillos sentado en el suelo.

¿Qué hay detrás de esta protesta que puede prender el descontento estudiantil en el resto de universidades españolas? Primero, tanto los universitarios de la UB como los de la UAB han elegido el mejor momento para organizar una protesta: ambas instituciones públicas se encuentran inmersas en un proceso de renovación y traspaso de poderes de sus rectores en el cargo.

Los universitarios que protestan en Barcelona reclaman un referendo popular sobre Bolonia, que se retiren los expedientes abiertos a alumnos de la Autónoma por protagonizar incidentes violentos la pasada primavera y un proceso de diálogo sobre el futuro de la Universidad. La patata caliente de las protestas le ha caído en las manos al rector en funciones de la UB, Josep Samitier, que en las próximas semanas será sustituido por Dídac Ramírez, y ha ofrecido diálogo, pero rechaza el encierro indefinido.

Y segundo, los alumnos se encierran para debatir en grupos de trabajo más o menos organizados (participan 400 en las protestas de los más de 5.000 en la central de Barcelona) sobre un proceso de reformas que consideran que mercantiliza la universidad pública. Temen que las carreras pierdan su función más pura de transmisión de conocimiento para convertirse en fábricas de profesionales que sepan exclusivamente lo que necesita la empresa.

"La Universidad pública no puede convertirse en una escuela de negocios. Es cierto que debe contectar más con las necesidades de un mundo más global y empresarial, pero sin perder la esencia democrática del estudio y el conocimiento", asegura Laia, estudiante de Historia. Esta lectura está en el fondo de todas las quejas, aunque de momento sea sólo un temor (también otras cuestiones como la subida del precio de las matrículas o la pérdida de calidad de la educación).

Rectores y Generalitat

La intención de la Coordinadora de Asambleas de Estudiantes, organizadora de la protesta en la UB, es mantener su encierro hasta que se atiendan sus peticiones. Es más, el pasado lunes ya consiguieron reunirse con el rector Josep Samitier y que éste motivara a los rectores de las universidades catalanas para que trasladen los principios de las protestas a la Generalitat.

La protesta -minoritaria, porque el resto de las clases siguen impartiéndose- está demostrando que Bolonia es el pretexto para cuestionar el funcionamiento de la universidad y sus problemas endémicos, como su necesaria modernización, la falta de becas o un sistema de financiación que no responde a las exigencias de la universidad. El secretario de Estado de Universidades, Màrius Rubiralta, ha reiterado que Bolonia no tiene nada que ver con muchas de las cuestiones que critica el alumnado.

La mayoría de los ciudadanos entiende la filosofia del proyecto, que definen como una apertura de fronteras entre las universidades europeas para conformar un campus único. Pero los estudiantes desean tener más información y conocer cómo les afectará a su futuro y a las futuras generaciones de estudiantes. "Esto no será un Mayo del 68 francés, pero queremos saber más", apostilla Laia. Y en este caso, las protestas sirven para volver a la actualidad ¿qué es Bolonia ? Este nuevo panorama para las universidades homogeneizarán los criterios a la hora de conceder una titulación. Se acabarán las licenciaturas para llamarse todas grados.

Ahora mismo hay diplomaturas y licenciaturas, de tres y cinco años, respectivamente, (aunque hay excepciones de cuatro y seis en el segundo de los casos). Esta nomenclatura desaparecerá. A partir del 2010, todos los estudios se llamarán grados. Tendrán una duración de cuatro años. Hay excepciones en aquellas titulaciones que por sus competencias profesionales y porque se regulan a nivel europeo precisan más años, como Medicina, Farmacia o Veterinaria.

¿Cómo cambian las carreras? Además de que durarán cuatro años, cambiará el modelo de docencia. En teoría, se trata de que haya menos clases magistrales, y más trabajos y tutorías. Hasta el momento, una asignatura tiene un número de créditos en base a las horas de clase. Los nuevos grados tendrán un número de créditos que se fijará en base al trabajo que tiene que hacer el alumno. Es decir, se establece cuántas horas dedicará al estudio y a la elaboración de proyectos, y en base a eso se fijarán. También será más fácil cambiar de carrera tras el primer año, porque habrá más materias comunes.

Más allá de estos conceptos básicos son pocos los que conocen con detalle qué supondrá a efectos prácticos la aplicación del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), el que se inspira en la Declaración de Bolonia y que deberá estar completado en el curso 2010-2011.

¿Cómo se repartirán los créditos?¿Qué implicará el nuevo sistema de becas? o ¿cómo se estructurarán las convalidaciones entre estudios?, la respuesta de la Administración es un mutismo generalizado que ahora los estudiantes de la UB y la UAB quieren romper desde Barcelona. Sobre la "privatización" Belén, alumna de Filología francesa, considera que " Bolonia implica la privatización de la enseñanza pública porque los créditos europeos encarecerán la matrícula y ello dificultará el acceso de las familias humildes", sostiene.

Las facultades tendrán que garantizar un porcentaje de inserción laboral de sus titulados, un nivel de aprobados o un porcentaje máximo de abandonos. Ante la extensión de las protestas en Cataluña faltará por ver si las críticas a Bolonia también se contagian al resto de universidades españolas.

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