Quitar ceros a una moneda no resuelve ni cambia nada, salvo los cálculos. Es una mera magnitud. Un cambio de medida que reduce la unidad monetaria considerada, que se expresa en alguna convención, sean pesetas, euros, dólares o bolívares. Lo que importa realmente del dinero, que toma expresión concreta en una moneda, es su capacidad de compra o poder adquisitivo.

En sí mismo, y en un principio, el cambio de unidades no tiene por qué devaluar o revaluar la moneda de un país. A diferencia de lo publicado, el cambio o paso de 100.000 bolívares antiguos a 1 bolívar soberano no es per sé una devaluación de la moneda ya que, al cambio, cada bolívar, de los nuevos, compra ahora 100.000 de los antiguos; es decir, el bolívar "de ahora" tiene, supuestamente, tanto poder adquisitivo como cien mil bolívares "de antes", sea expresado en términos de bienes y servicios o de otras monedas, sobre todo en términos del dólar USA. Incluso podríamos decir que un bolívar, como unidad monetaria, ha pasado de un plumazo (quitándole cinco ceros) a adquirir lo que antes cien mil, pareciendo una revaluación. El problema, y por lo que tal medida es una devaluación, está en otros aspectos.

Tal sucedió con nuestro cambio de pesetas a euros. La peseta se transformó en euros mediante una equivalencia fija con éste. Lo único que, en este caso, sí hubo una devaluación, pues se fijó un cambio tal que la peseta valía menos (adquiría menos) que el valor establecido entonces en el mercado respecto de otras monedas (sobre todo marco y franco francés) y éstas, a su vez, respecto del euro. Años después se llegó incluso a lamentar que esa devaluación hubiese sido tan corta o escasa, en clara opción por vías cómodas y proteccionistas frente a las reformas que la adopción del euro exigía y exige.

Así pues, el cambio de magnitud nada supone y nada es, como tampoco nada resuelve por sí mismo, si no se acometen otras medidas, entre las que puede estar la devaluación. Devaluación que no es ni será nunca solución de los problemas si se lleva a cabo por sí sola, como nos muestra la experiencia histórica.

Tal fue el caso de la devaluación que impuso Hjalmar Schacht en 1923 para acabar con la hiperinflación alemana, cuyo plan contenía también medidas de reducción de emisión de deuda pública y de gastos, así como de recaudación fiscal extraordinaria mediante hipotecas del gobierno sobre tierras y bienes industriales, que además darían soporte al nuevo papel, el Rentenmark, cuyo cambio se estableció en un billón de marcos antiguos con devaluación de la moneda. Pero el verdadero milagro alemán lo ejecutó Ludwig Erhard, en 1948, con una devaluación que transformó el Rentenmark en DeutschMark (sólo el 8% fue convertido descartando el 92% de la masa de antiguos marcos), acompañada de la eliminación de la fijación de precios y el racionamiento que entrañaba, y la instauración de una autoridad (futuro Bundesbank) que vigilase la estabilidad del valor de la moneada e impidiese la financiación del gasto público o la deuda pública. En España, contamos con el paquete de medidas que, en el mismo sentido de acabar con algunas regulaciones y diversas fijaciones de precios, junto con cierta apertura económica general, además de la devaluación monetaria, supuso el Plan de Estabilización de 1959.

Chávez y Maduro han generado un gravísimo problema económico en su país (al que antes contribuyeron otros gobiernos socialistas, como el de Carlos Andrés Pérez), manifestado en una hiperinflación que, desde hace tiempo (en 2013 superaba el 56%), resulta en un empobrecimiento general: se calcula que, si en 2013 usted hubiese transformado un millón de dólares USA en bolívares venezolanos y los hubiese conservado, hoy tendría un centavo. Pero la inflación no es sino un síntoma, una manifestación, de los desatinos inmensos a que se hayan sometidas la economía y la política venezolanas. El desabastecimiento de todo, incluso de petróleo, es otra señal o resultado.

Gasto público rampante desde Chávez, con déficit del 18% del PIB en 2014 (hoy superior al 15%) y deuda pública que ha escalado al 162% del PIB. Claro que cuando el petróleo rondaba los 100 o 140 dólares el barril, eso pagaba los desmanes de gasto o políticos (por ejemplo, inseguridad jurídica con el "¡exprópiese!"), además de financiar revoluciones bolivarianas en otros países, sostener la Cuba decrépita de los Castro y a sus "observadores", e incluso financiar terribles asesorías.

Hoy Venezuela es un Estado de emergencia e intimidación, que lo único que sigue haciendo es extirpar lo poco que les queda a sus ciudadanos: tras las cartillas de racionamiento y la devaluación del bolívar (frente al dólar o el barril de petróleo), Maduro ha aumentado la fijación de salarios y precios e instaurado el corralito a las cuentas bancarias para transacciones exteriores, dificultando el movimiento de remesas que daba un respiro a muchos venezolanos. ¿En verdad piensa que así resolverá las penurias que él ha implantado?

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