Bolsa, mercados y cotizaciones

Piratas del Caribe en los parqués: los fondos, al abordaje de las empresas

Fondos activistas: los otros 'piratas del Caribe'. Foto: Archivo

Jack Sparrow ya está aquí. Ayer, a las 20 horas, el pirata más taquillero de la historia del cine desembarcó en las pantallas con la tercera entrega de Piratas del Caribe. Con sus anteriores abordajes esta saga captó 1.700 millones de dólares. Parece mucho, pero es 100 millones menor del dinero que llegó a gestionar en 2006 otro barco con bandera de calavera y tibias: el hedge fund Pirate Capital.

Si se tiene en cuenta que es sólo uno de los entre 75 y 100 fondos de este estilo que existen en el mundo -muchos de ellos domiciliados en Islas Caimán, en el Mar del Caribe ¡que casualidad!-, bastan las palabras para definir la magnitud de este fenómeno, que según algunas firmas como National Investment Relations Institute, gestionan entre 25.000 y 50.000 millones de dólares.

Desembarco 'pirata'

Y su impacto no sólo se mide por dinero, sino por influencia. Cuando invaden el accionariado de una compañía, los capitanes de la misma se echan a temblar... por mucho que sean los de la primera entidad financiera del mundo, como es Citigroup. Hace un mes el diario Financial Times publicó que los principales ejecutivos de la entidad están preocupados por el posible desembarco en la compañía de fondos activistas con intenciones de dividir el grupo en varias divisiones, con el fin de aumentar el valor de la acción.

No les faltan motivos para estar temerosos de que entre la niebla aparezca un fondo de bandera activista. Sus colegas del banco británico Barclays y del holandés ABN Amro ya lo están sufriendo en su afán por fusionarse. En esta ocasión, el grupo pirata tiene un nombre muy infantil, The Childrens Investment TCI, pero lo suyo no es un juego de niños. Aunque sólo tiene un 3 por ciento de las acciones de ABN Amro, está ejerciendo la máxima presión para hundir el buque anglo holandés y favorecer la alianza entre las marinas de los grupos Santander, RBS y Fortis, que reportaría más doblones al cofre de TCI, con sede en el Caribe.

El hedge fund británico, de hecho, ya ha llegado a pedir que se sustituya a Rijkman Groenik al frente de ABN Amro. Más le valdrá a este comandante escuchar a estos influyentes piratas, que en 2005, tras asociarse con otro de estos fondos llamado Atticus, lograron desbaratar los planes de Deutsche Börse para comprar LSE y echar de la compañía el ideológo de la operación, el hasta entonces presidente de la bolsa alemana Werner Seifert. Aquel acontecimiento despertó tanta ira entre los políticos alemanes como a lo largo de la historia los piratas han provocado entre los gobernantes de las naciones.

"Aunque lo de Alemania es una excepción porque es un país muy corporativista", explica Iván Poza, de la firma de asesoramiento en hedge funds Harcourt. "El papel activista de estos fondos está siendo muy importante para mejorar la eficiencia de las compañías", dice.

Suculentos botines

En EEUU el fenómeno cada vez es mayor, aunque sigue siendo atractivo para los periodistas. Sólo con poner en Google las palabras Activist Hedge Fund se encuentra todo un conjunto de artículos con la misma estructura: un empresario que llega a una reunión con accionistas que le piden cambios o la dimisión, la cual acaba aceptando pasados unos minutos, para gloria de estos bucaneros empresariales.

Pero, ¿sale rentable tanta agitación? Sin duda, estos fondos dan plenitud a la definición etimológica del verbo griego raíz del vocablo pirata: "intentar la fortuna en las aventuras", según la enciclopedia online Wikipedia. Y a fé que la hallan. Pirate Capital ganó más de un 30 por ciento anual hasta que pinchó en 2006. Y la leyenda dice que el resto gana más. El índice de la estrategia Event Driven de CS Tremont refleja que ésta -en la que se incluyen los activistas- es la segunda más rentable en los hedge, sólo superada por mercados emergentes.

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