Internacional

Theresa May progresa en la negociación del 'Brexit' sin lograr un acuerdo

  • Los contactos entre las dos formaciones avanzan mejor de lo previsto
Jeremy Corbyn, líder de la oposición, y Theresa May, primera ministra. Foto: Getty.

Las negociaciones entre conservadores y laboristas para desbloquear el Brexit progresan mejor de lo esperado cuando Theresa May tendió la mano a la oposición como recurso desesperado ante la parálisis. Aunque un consenso entre los dos eternos rivales de la política británica es extremadamente improbable, no tanto por sus diferencias como por el riesgo político de coquetear con el enemigo, la mera continuación de las conversaciones constituye el acontecimiento más inesperado de un proceso en riesgo de enquistarse como una crisis permanente, en lugar de como lo que es: un divorcio con tiempos marcados.

El retraso hasta el 31 de octubre representa una espada de doble filo, puesto que si bien elimina, de momento, el peligro de una ruptura caótica, también retira el sentido de urgencia para hallar una solución, lo que podría convertirse en una invitación tácita a centrar los esfuerzos en lograr un aprovechamiento estratégico del diálogo, en vez de un compromiso sincero para encontrar una salida a un desafío que ha dinamitado las lealtades partidarias y que anticipa un nuevo mapa político al norte del Canal de la Mancha.

Pese a todo, ambas delegaciones dicen negociar con buena voluntad, conscientes de que sus diferencias no son tan profundas como las que mantienen sus propias filas. De hecho, el problema no radica en las disputas de la negociación, ni el descuerdo entre sus protagonistas, sino en cómo vender a sus respectivos partidos cualquier desenlace que haya implicado flexibilidad en líneas rojas hasta ahora inamovibles. Cualquier propuesta compartida requerirá, irremediablemente, de compromisos por ambas partes, y tanto para Theresa May como para Jeremy Corbyn, aceptarlos significará automutilaciones que amenazan con deserciones entre la militancia y sus bases electorales.

Desafiando las convenciones tradicionales, los líderes siguen buscando un punto común en la cuerda floja que los separa. La jornada posterior a la cumbre comunitaria se vieron por espacio de una hora y, según declaró abiertamente la propia primera ministra en el Parlamento, sus posicionamientos no están tan alejados como parece en cuestiones clave como la futura interacción arancelaria con el continente. La demanda en la que el Laborismo aparece verdaderamente cohesionado es la que propone continuar en una unión aduanera, por lo que los esfuerzos de la negociación se centran en cómo materializar tal ambición sin generar una guerra cruenta en el Gobierno y, por extensión, entre los 'tories'.

Cualquier cesión en la materia acarreará dimisiones para una premier que no puede permitirse agravar la sangría en un ejecutivo diezmado por las luchas cainitas generadas por el divorcio. Sin embargo, si quiere materializar la salida, y su mera invitación al Laborismo sugiere que así es, no tiene más remedio que aceptar compromisos, ya que la oposición no tiene nada que perder en caso de colapsar el proceso.

Por ahora, las dos partes han logrado mantenerlo con vida y prevén aprovechar el parón de Semana Santa para negociar sin la presión del Parlamento, que disfrutará hasta el martes 23 de abril del primer descanso desde el receso navideño. Conservadores y laboristas han establecido un calendario estos días.

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