Internacional

Reino Unido afronta con vértigo su último año en la UE

  • La inestabilidad en el Ejecutivo puede causar serios problemas económicos
Dos ciudadanos británicos lucen los colores del Reino Unido en el desfile de Año Nuevo de Londres. Imagen: Reuters

Reino Unido afronta un vertiginoso año en el que deberá decidir qué relación quiere con el principal bloque comercial del mundo, sin romper la débil cohesión de su Gobierno. Dieciocho meses desde el referéndum del Brexit han servido solo para preparar los prolegómenos de la conversación que realmente importa a las partes: cómo interactuarán una vez la segunda economía europea navegue en solitario por primera vez desde 1973.

Si en año y medio apenas han logrado acordar la apertura de esta fase, Londres y Bruselas solo tienen seis meses para establecer el nuevo marco. Los Veintisiete no hablarán del encaje comercial hasta marzo, para dar tiempo al Ejecutivo de Theresa May a decidir a qué aspira: pese a ser, a priori, el primer interesado en manifestar sus deseos sobre un mercado al que actualmente dedica el 50 por ciento de sus exportaciones, el Gobierno británico no había abordado el tema hasta el último Consejo de Ministros de 2017. Siendo la última reunión del año, un fracturado gabinete logró un mínimo común, pero es difícil que la tregua continúe cuando May concrete propuestas.

Por si fuera poco, en los últimos coletazos del año, la primera ministra perdió a su de facto número dos por un nunca aclarado escándalo de consumo de pornografía, lo que ha redistribuido la correlación de fuerzas en un equipo hasta entonces dividido entre partidarios y opositores a un Brexit duro. La propia May ha intentado rersevar sus cartas, consciente de la fractura que le generará dar respuestas: su objetivo es lograr primero un consenso en Bruselas para, después, convencer al norte del Canal de la Mancha de que es la mejor solución.

Europa, dura en la negociación

El problema es que su intención es lograr una fórmula específica para el caso británico, y los Veintisiete no están dispuestos a ir más allá de las existentes, con Canadá como referencia fundamental, dado el rechazo de Londres a continuar en el mercado común y en la unión de aduanas. El negociador jefe de la UE, Michel Barnier, ha reiterado que abandonar tiene que implicar un precio y la cohesión del proyecto comunitario no se puede permitir transmitir la idea de que un miembro puede abandonar el barco sin sufrir consecuencias en forma de acceso al mercado único e, incluso, un nuevo orden económico.

El Gobierno británico, por el contrario, parece vivir en una permanente campaña electoral, en la que cada bando defiende que su apuesta ofrecerá un futuro de prosperidad, especialmente el frente pro-Brexit, que mantiene que el poderío de Reino Unido permitirá superar los baches de salida del mapa comercial.

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