Firmas

Parcelar, censurar e insultar

  • Los movimientos identitarios han invadido a la izquierda española
Foto: Dreamstime

La periodista Lucía Lijtmaer publicó el 10 de noviembre de 2018 en El País un artículo en el cual denunciaba que términos como "corrección política" y "nuevo puritanismo" habían sido inventados por Richard Berstein en un artículo del New York Times donde señalaba el nacimiento de "una ideología expresada como una amalgama de opiniones sobre raza, ecología, feminismo y política exterior que pretende definir la única actitud correcta ante todos los problemas mundiales". Litjmaer añadía que éste y otros artículos no vinieron solos, sino que llegaron precedidos de una red de donantes que llevaba al menos desde 1971 alimentando una contrarreforma neoconservadora en las universidades norteamericanas. Según Lijtmaer tales inventos se financiaron a través, por ejemplo, de la Heritage Foundation, uno de los lobbies más activos pro-Trump, o la Scaife Foundation, que financia organizaciones islamófobas y antiinmigrantes. Siempre según ella, el paso de la teoría a la práctica vino de la mano de Bush (padre) en 1991, cuando dijo en la Universidad de Michigan lo siguiente: "Hay ciertos temas de los que no se puede hablar, ciertas expresiones y ciertos gestos que no se pueden hacer sin verse censurados por quienes creen tener en sus manos la fuente de la verdad."

Lo cierto es que al inicio de los años noventa lo "políticamente correcto" había tomado ya la "posición", por decirlo en términos de baloncesto.

No fue un invento del New York Times ni de Bush sino que nació en muchas universidades norteamericanas en defensa de algunas minorías. Pero el problema de verdad surgió cuando apareció la querencia totalizadora que el movimiento llevaba dentro. Un pensamiento omnívoro nacido de una concepción identitaria y, por ello, parcelada de la sociedad, que pronto se exportó a Europa y que hoy pretende imponerse mediante la censura y la descalificación del discrepante. Y eso es, precisamente, lo que hace la señora Lijtmaer en el artículo aquí comentado. Lo peor es que en España estos movimientos han invadido a los partidos y movimientos de izquierda, a los tradicionales y a los de nuevo cuño. Y ahí los tienes, hablando en público como nunca lo harían en su casa: "compañeros y compañeras", "miembros y miembras"... De esta invasión surge hoy una izquierda incapaz de sostener verdades, como que la desigualdad de rentas entre personas no proviene ni principal ni únicamente de las diferencias de género, sino mucho más de los orígenes sociales, y que la igualdad de oportunidades está muy lejos de alcanzarse. Desde luego, para alcanzar objetivos generales no es lo mejor parcelar las demandas (negros por un lado, mujeres o LGTB por otro, etc.) sino construir objetivos justos y argumentados. El resultado de la invasión mediática de lo "políticamente correcto" es que los verdaderos problemas carecen de visibilidad porque todas las luces apuntan casi en exclusiva a los problemas identitarios, ya sean de separatistas o de feministas radicales.

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