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Marxismo Cultural: la Dictadura del Pensamiento

Hace ya bastantes décadas que la izquierda más extrema, la misma que fracasó política, económica y socialmente en el lado Este del Muro de Berlín (en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), la misma que ha demostrado su incompetencia y grado de criminalidad en todo el ámbito hispanoamericano (España, Cuba, Venezuela, Colombia, Bolivia, etc.) y la misma que por doquier ha sembrado el planeta de cadáveres en fosas comunes, tras arrancarles la vida en gulags y checas a los opositores delatados por su policía del odio, abandonó los presupuestos básicos del marxismo clásico: la modificación de la estructura económica con el fin de alcanzar los cambios sociopolíticos que buscaba, y comenzó a abrazar una forma de control social más terrible, por lo sibilina y seductora, que Gramsci dio en postular: para vencer en la guerra de los grandes cambios sociopolíticos, es necesaria la conquista del plano cultural, es decir, el de las creencias, los valores, la identidad de una sociedad.

En Europa, la izquierda extrema (la comunista), con la connivencia cómplice de todas las fuerzas socialdemócratas (desde los partidos llamados de derechas y los centristas, hasta los socialistas), lleva décadas socavando los cimientos de origen grecolatino de la sociedad occidental. Y a pesar de centrarme en este artículo en Europa, no deberíamos olvidar que en

Norteamérica o en Canadá, tampoco se salvan de esta pandemia de autodestrucción.

Miles de 'vectores de la enfermedad' (individuos embebidos de una enfermiza necesidad de imponer su divina voluntad) se han ido apropiando en silencio de espacios privilegiados en los medios de comunicación, en las Instituciones, en la Enseñanza (la Universidades sobre todo, aunque ya han llegado a los CEIP y a los IES) y en todo aquel reducto en el que se respire 'Cultura' (entendiendo por tal "...el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias", UNESCO) y colaboran voluntariamente en la prohibición y la extinción forzosa (mediante leyes cuando es preciso) de las culturas mayoritarias, imponiendo la dominación de las culturas minoritarias a través de instrumentos de 'corrección política' (censura, denuncia, control de las ideas y no solo de los actos...) y una producción masiva de ingeniería social tendente a alcanzar la uniformidad social, a establecer la dictadura del pensamiento único.

Con ello, la identidad cultural europea sufre un cambio irreversible del que jamás se recuperará, porque está siendo progresivamente sustituida por una nueva 'Kultura', perfectamente diseñada en el laboratorio ideológico de estos 'científicos locos', tipos y tipas que son en realidad 'tipex', pues solo pretenden borrar del mapamundi la cultura occidental, hacerla desaparecer.

Estamos bajo la opresiva dominación del 'marxismo cultural', la amenaza real que está destruyendo la Europa que entre todos queríamos construir.

La táctica del marxismo cultural consiste en una mezcla de divide y vencerás, maniqueísmo (nosotros los buenos, vosotros los malos) y una superioridad moral comunista (nosotros sabemos lo que es bueno para todos, y además, como es lo moralmente superior, es la verdad, y los que no lo ven así, son herejes que deben ser 'quemados en la hoguera', exterminados en juicio popular sumarísimo, pues nuestras ideas son Ley Universal). Y lo hacen realmente bien, pues adornan su macabro plan con tintes de solidaridad y eslóganes de paz, amor y libertad, cuando no es sino buenismo hipócrita y dictadura encubierta.

Por suerte, podemos reconocer a un esbirro cualquiera del marxismo cultural por su iracunda reacción ante toda persona que ponga en entredicho sus exigencias, que sea librepensante: insultos como racista o fascista, forman parte del reducido vocabulario que le dirigirán. Te dirán que el marxismo cultural es una teoría conspiranoica, porque en la mayoría de los casos, no son ni conscientes de ser eslabones de dicha cadena.

Por otra parte, la mayoría de los cómplices partícipes en esta gran mascarada, suelen ser personajes que no soportarían el más mínimo análisis realista, objetivo e imparcial, llegando al extremo de ser su argumentario absolutamente ridículo. Siendo por lo general cobardes y taimados, el problema grave viene dado por esa misma cobardía que ocultan bajo el anonimato y el poder del número (con la impunidad del escondido, o con la fuerza de la masa).

Parapetados tras anonimato y/o masa, sus delirios de defensores a ultranza de la verdad revelada, les hace capaces de llevar a cabo los actos más execrables (lógico no obstante, si tenemos en cuenta que entre ellos abundan gentes de la peor calaña, desde pederastas, a maltratadores, pasando por terroristas, fascistas, psicópatas y otros enfermos de ansias de poder, ladrones mentirosos, hipócritas, ególatras, etc.).

Y si otrora hablaban de 'lucha de clases' (enfrentarse al patrón explotador que anula al pobre obrero, al proletario, a la clase trabajadora...); el nacionalsocialismo (del que son hermanos) lo hizo de 'lucha de razas'; hoy por ejemplo el feminismo postmoderno (uno de los exponentes más visibles del marxismo cultural y su paranoica forma de ver el mundo) habla de 'lucha de sexos'.

En su delirio de superioridad moral, digno del encierro en el más oscuro de los frenopáticos, y más propio de una secta religiosa (que en el fondo es lo que es, pues por lo general sus fieles siguen cual aborregados feligreses las directrices y consignas del/de la macho/hembra Alfa de la manada, un/a telepredicador/a venid@ a más y seguramente amamantado con la leche de la ira y la rabia más infectas, en alguna universidad pública española), se han apropiado de la gran mayoría de los campos de lucha del libertarismo, solo que manipulándolos y tergiversándolos de modo tal, que en sus garras pierden su razón de ser, pierden su verdadera naturaleza y esencia, y pasan a ser la más absurda, retrógrada, reaccionaria doctrina sagrada, expuesta como dogma de fe en su marketiniana Agit-Prop. Una postura que de cara a la galería les hace aparecer como los defensores de los desvalidos, la 'gente' solidaria y 'guay', cuando en realidad son camuflados tiranos dispuestos a arrebatarte todos tus derechos, bienes y libertades..

Así, en lugar de promover la igualdad de todas la personas ante la Ley, independientemente de sexo, religión, raza, etc. pretenden imponer el igualitarismo (la ilógica y antibiológica negación de la existencia de diferencias individuales, de por sí ni mala ni buena. El falso mantra del "todos somos iguales") negando la forma de avance en todos los ámbitos de lo humano: el mérito y la capacidad. Acaban por ende con la auténtica igualdad de oportunidades, denostando el esfuerzo personal y la valía individual. Quieren crear una sociedad de mediocres, dirigida por una oligarquía, y lo cierto es que en España, han conseguido ya al menos la primera parte.

En otro orden de cosas, apoyan un inmigracionismo fuera de toda cordura, y pese a disfrazarlo de solidaridad (aun no he visto a ninguno de estos tipos y tipas solidari@s ceder su vivienda a refugiado o inmigrante alguno, sino que siempre es solidaridad con la vivienda o el dinero de los demás. Ni tampoco echar cuentas de cuánto PIB deberíamos generar para poder sostener semejante avalancha) lo único que subyace tras su hipocresía es el odio a la raza blanca, la criminalización de lo occidental, así como de todo lo que suene a cristianismo, judaísmo, protestantismo (no así islamismo). ¿Por qué? Porque lo que con todas sus ansias desean es socavar los pilares sobre los que se construyó la idea de Europa, y la sociedad occidental en general: el humanismo, la libertad, la familia, la democracia, el respeto a las leyes, la Justicia retributiva… Y así como a un libertario no le importan las razas ni el sexo que practica cada cual, ni gusta de establecer fronteras (aunque acabe admitiendo que no queda más remedio que aceptarlas, porque son necesarias mientras nos hallemos en una supuesta sociedad del bienestar, donde el Estado se erige en proveedor de determinados servicios) y deja la religión al libre albedrío de cada cual, sacándolo de la esfera pública, restringiéndola al ámbito de lo privado, sin importar cuál sea dicha religión, el progre-marxista cultural favorecerá a las minorías étnicas o sexuales, y con las armas de la discriminación positiva, las encumbrará por encima de la población mayoritaria, que perderá sus derechos y libertades, y convertirá a aquellas, por Ley, en intocables especies sobreprotegidas y subvencionadas, a las que habrá que mantener entre el resto; promoverá el islamismo (dado que es netamente anticristiano); será aliado de los nacionalismos excluyentes, cuanto más agresivos, violentos y hostiles, mejor (de lo que en España sabemos demasiado, pues padecemos la peste de los reinos de taifas autonómicos); fomentarán el uso de lenguas tribales, ya sean originales, o puras creaciones e invenciones para nutrir el imaginario colectivo (dialectos y otras milongas que incrementan el gasto, la burocracia, crean puestos ad hoc para amiguetes, sirven para discriminar socialmente) y todo ello rechazando la evidencia de que el verdadero instrumento de comunicación entre las personas es una lengua común, y no la Torre de Babel de decenas de chanchullos lingüísticos. Eso sin menoscabo de su superior empleo retorcido del lenguaje, con el único ánimo de enfrentar a las personas, imponiendo una corrección política absolutamente demencial, que no sólo afecta al terreno de las minorías étnicas y culturales, sino que también afecta a hombres y mujeres, con aberraciones lingüísticas que imponen a todos en pro de un 'lenguaje no sexista' en numerosas ocasiones rayano en el absurdo, carente de la simplicidad y el pragmatismo de los que las lenguas hacen gala.

Por si fuera poco, la izquierda del marxismo cultural impone una visión antibiológica de ser humano, pues habiendo dos sexos biológicos (hablamos de sexos, no de género, que es la manipulación y la confusión a la que nos ha conducido la 'ideología de género'), las formas de vivir la sexualidad son infinitas y respetables (mientras no afecten a terceros: en contra de su voluntad, que sean menores, discapacitados, etc.) y no deben ser impuestas por nadie ni a nadie. Y, sin embargo, ahí los vemos, encaramados a sus púlpitos, haciendo lo imposible por imponernos a todos una visión de la sexualidad en la que ser hetero no es 'lo adecuado', y sí lo es una de las siete, veintitrés o cincuenta formas (o más, o menos) que tienen de clasificar la orientación sexual. Ser hetero es desde su visión, equivalente a ser un fascista del sexo, ser un intolerante. Por el contrario, ser 'lo otro' (y digo lo otro porque ya ni sabemos qué, pues cada día surge una forma nueva) es al parecer no solo lo correcto, sino lo que todos deberíamos ser, lo natural.

Me resulta incomprensible, dado que los regímenes islamistas y los comunistas son los más intolerantes con la libertad sexual, mientras que a los libertarios (y por lo general a cualquiera) sinceramente nos importa un carajo con quién se meta cada cual debajo de las sábanas... Jamás me permitiría juzgar a alguien por con quien disfruta su sexualidad. Deberíamos recordar que veces el progre-marxista cultural se encuentra mucho más cerca del inquisidor, del censor, del verdugo, que cualquier otra persona.

Lo que sí que no es tolerable es la invasión del espacio público que no respeta al otro, y es que el respeto a los demás es primordial: el vergonzoso espectáculo de los desfiles del orgullo, que adolecen de arte y creatividad para dar paso a lo repugnante, cuando ¿se vería normal la existencia de un desfile del día del orgullo hetero, enseñando los miembros y realizando postura sexuales en plena calle, cuando ya se persigue hasta el piropo de hombre a mujer? ¡Homófobo!, gritarán los exaltados. Pero las cadenas de televisión se hallan llenas de presentadores que se permiten determinados comentarios y actos por ser del colectivo LGTBI, pero que censuran y critican y califican ellos mismos de obscenos si esos mismos comentarios o actos se realizan desde la heterosexualidad; o centros escolares con profesores que exponen su sexualidad a sus alumnos, sin ser preguntados, sin que a nadie le importa si no es materia de estudio, y que convierten asignaturas determinadas en cátedras de ideología LGTBI, de puro fomento de la sexualidad bi-, pan-, trans- o qué sé yo. Y es que hay quien ha pasado de no ser respetado, a no respetar, y a imponer su monolítica visión del mundo a los demás. Y repito: a nadie le interesa con quién te acuestas, porque es tu vida, vívela y disfrútala, pero no la impongas a otros ni mucho menos hagas propaganda de ella a los hijos e hijas de otras personas aprovechando tu posición como comunicador o como educador. Respeta la diferencia.

Respecto al mal llamado multiculturalismo que promueven, se asienta bajo la premisa de la no integración y la sumisión del habitante local a los usos y costumbres del foráneo, con una tolerancia unidireccional, no recíproca. ¿Debemos acaso tolerar aquellos usos y costumbres que atentan directamente contra los nuestros, contra nuestro ordenamiento jurídico, o contra los derechos y libertades de las personas? ¿Debemos consentir, en base a una tolerancia suicida, que las minorías no se integren porque no lo desean, porque no tienen la más mínima intención y porque les resulta más rentable económica y socialmente seguir viviendo de la subvención de vivienda, de los libros de texto y la educación, la alimentación, la luz, el agua, etc.? Hay que revisar este acogimiento que se tilda de solidario y no es sino insolidario e injusto con quienes 'pagan la fiesta', cumplen las leyes y respetan la Cultura del país en el que vivimos.

Podríamos hablar también del feminismo, del que la izquierda se ha apropiado, pervirtiendo su razón de ser hasta transformarlo en una 'lucha de sexos': al hombre se le criminaliza en virtud de anticonstitucionales leyes de violencia de género, todo hombre es un asesino en potencia por el mero hecho de haber nacido hombre, por eso mismo es ya un maltratador, y se subvenciona con millones de euros, desde las instituciones, a este feminismo postmoderno que debería estar fuera de la ley y ser perseguido, pero he aquí que se crean miles de puestos de trabajo para apesebrados del mantra feminista de turno, se crean premios, cursos, talleres e Instituciones exclusivas para la mujer, cátedras y másteres... Todo un despropósito anticonstitucional, porque la discriminación positiva de una mujer en razón de su sexo, conlleva la discriminación negativa del varón. Se conculca la igualdad ante la ley, base en una democracia del Estado de Derecho. En sus eventos, se producen actos realmente delictivos, de exaltación al odio al hombre, de amenazas, de coacciones, de atentados contra las ideas, las creencias religiosas (asaltos a capillas, gestos obscenos con crucifijos...) y los bienes materiales de quienes no comulgan con su credo, que quedan plasmados en manifiestos, cartelería, panfletos, opiniones en redes sociales y en medios de comunicación, y ante los que sin embargo la Justicia no actúa... este feminismo postmoderno no defiende a la mujer, no la iguala en derechos, sino que pretende instaurar un matriarcado allí donde inventa un heteropatriarcado.

Otro punto importante es el revisionismo histórico, vivido en España con leyes de la memoria histórica, y en Cataluña con la manipulación de la enseñanza de la Historia en sus libros de texto, fruto de la idiocia gubernamental, al ceder las competencias en educación a las taifas. Se trata de echar por tierra la realidad histórica, y de implantar en las mentes una visión sesgada a la izquierda, que idealiza las virtudes y logros del comunismo, y que entierra bien profundo a sus cadáveres y guarda sus fantasmas en los armarios. Es intolerable que se hable de los crímenes del bando nacional y del franquismo, sin que se hable también de los crímenes de la república y del bando republicano. Tener como modelos humanos a gente como el asesino de Paracuellos, o a La Pasionaria, Largo caballero... dice suficiente sobre la catadura moral de esta progresía. Al parecer el Terror Rojo jamás existió, pues sus asesinos, delincuentes, terroristas o simples matones de barrio, son gente de bien que debe ser venerada, mártires de la causa, como otrora lo fueron los del bando nacional. Eso no es Justicia ni Memoria, no conduce a la reconciliación. Eso es revanchismo, venganza. ¿Finalidad? Seguir enfrentando a los españoles entre sí, una vez más.

Y también resulta inconcebible exaltar en pleno siglo XXI a los Castro, a Chávez, a Maduro, a Correa, a Mao, a Lenin, a Stalin, o al psicópata del Che Guevara (que da nombre a una calle y a un parque nada menos, en Zaragoza y para el cual parece no regir memoria histórica alguna).

Y es que esta es otra desvergüenza de la izquierda del marxismo cultural: su connivencia con regímenes totalitarios y con el terrorismo. Su apoyo explícito a dictadores bolivarianos, chavistas, castristas o islamistas; su apoyo explícito a terroristas de las FARC, de la OLP o de ETA, o quien sea menester con tal de llevar adelante su causa. La izquierda acaba siendo criminal, colaboradora del terrorismo y de los dictadores.

Añadamos su apoyo a la causa palestina y su odio furibundo hacia Israel, sólo comparable al que profesaba el nazismo (que no deja de ser, no lo olvidemos, nacional socialismo). Nunca será suficiente el perdón que desde Sefarad podamos pedir a nuestros hermanos sefardíes, sobre todo por tener que soportar a tanto ignorante y bobo de solemnidad por estas tierras.

Podríamos continuar añadiendo más ismos a la larga lista que atesora la izquierda del marxismo cultural (¿o quizás deberíamos decir del 'gramscismo'?): el ecologismo politizado, el animalismo, etc.

Pero no hay espacio para más, y no quiero finalizar sin recalcar, como dice al comienzo nuestra imperfecta Constitución (y aquí recomiendo leer artículo I y artículo II): "A todos los que la presente vieren y entendieren, sabed: Que..." como buen libertario siempre defenderé tu libertad.

Tu libertad para vivir tu vida plena, con tu sexualidad, para prosperar con tu trabajo, para cambiar de domicilio… Y podrás contar conmigo para lograr los mismos derechos y libertades... y deberes. Independientemente de tu sexo, raza, religión, etc.

Y por eso mismo te advierto, ten cuidado, porque la dictadura que temes ya está aquí, es la dictadura de las ideas la que está destruyendo nuestra sociedad, y proviene de los mismos que salen a las calles voceando y enardeciendo a las borreguiles masas. Esos caínes encuentran su lugar ondeando hipócritamente banderas de solidaridad, de paz, de igualdad, de tolerancia, pues no hay mejor lugar para ocultar su traición que entre los gritos de los traicionados.

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