Evasión

Guillermo Fornes, el artista que crea 'a golpe' de sentimientos

  • El artista bilbaíno, con proyección internacional, es experto en creación plástica
  • Su obra bebe de la emoción y la interculturalidad de su trayectoria
Fotos: Pedro Vikingo
Madrid

Su objetivo es que cuando alguien vea un Fornes, se sienta atrapado y con la necesidad de contemplarlo. Y, que este mismo sentimiento, perdure por los siglos, porque trabaja libre de tendencias y modernismos, pues sus obras solo izan la bandera del sentimiento atemporal.

Así es como desea verse Guillermo Fornes (1964), un artista plástico nacido en Bilbao pero educado, junto con sus obras, en diferentes ciudades del mundo. La pasión por el arte –o la forma más sublime de diálogo, como él lo define- le viene de lejos. Nacido en una familia con una larga tradición cultural y estrecha relación con esta disciplina -bisnieto de Narcís Puget i Viñas, un pintor de renombre y amigo de Sorolla-, el bilbaíno es un artista vocacional que encontró su pasión por la expresión plástica desde muy joven. Un método que, desde su punto de vista, debe ser capaz de hacer preguntas, provocar una reflexión y transmitir emociones. Y es que, pese a que su referente artístico siempre ha sido el expresionismo y el gutai -movimiento experimental japonés-, sus piezas han ido forjando un estilo tan propio que es muy fácil identificarlas en cualquier pared del mundo.

Su obra, que tiene como principio el trabajo gestual y la síntesis junto a la experimentación en el proceso creativo, ha vivido, bebido y gozado de diferentes aires y culturas, algo que ha determinado su narrativa y el discurso intercultural presente en cada una de sus piezas. Fornes comenzó su carrera profesional en Londres, donde estudió Fine Arts en el Kings College of Arts, y donde instaló, posteriormente, su primer estudio. Más tarde -tras haber vivido también en Madrid, Hamburgo y diferentes ciudades asiáticas- trabajó en el Museo Guggenheim y Fundación Bilbao Arte. Hoy, con un estudio a las afueras de Madrid y otro en Ibiza -donde se escapa varios meses del año para desconectar y conectarse-, desarrolla proyectos en Europa y América tanto para colecciones públicas como privadas, y trabaja con galerías y advisors a nivel internacional como Fabien Fryns, Santiago Toca J A. Maragall, Roberto Polo o Sofía Urbina.

Su secreto, o mejor dicho, su forma de hacer las cosas, es sintiéndolas. Ese es el truco. "A mi no me gusta ir por caminos trillados, sino utilizar la experimentación en el proceso creativo como una herramienta capaz de dar cuerpo y rotundidad a la narrativa de mi trabajo. En mi obra utilizo pigmentos puros, el desarrollo gestual se apoya en la fuerza del agua y fuego como elementos catalizadores", esclarece el artista. Y es que, a la hora de desarrollar sus piezas, lo que más le sirve es expresar su forma natural, trasmitir su fuerza expresiva y, al mismo tiempo, dar a la obra la poética y sutileza que conforman su identidad plástica. De esta manera, habla siempre de la emoción. Y en sus series es posible encontrar un diálogo con diferentes reflexiones de la naturaleza humana: la cultura -Serie Biblioteca de Alejandría-, la esencia -Serie Noum-, el nacimiento -Serie Origen- o la transformación -Serie Entropía-.

A pesar de los éxitos con los que hoy se alza, vivir de la creación no es trabajo fácil, tampoco para Fornes. Para surfear en este mundo y salir ileso de él, se necesitan "muchos años de trabajo duro hasta conseguir tener un discurso propio, una obra reconocible y la aceptación y el apoyo del mercado", aclara el artista. Sin embargo, cree que actualmente la creación plástica y cultural en el mundo entero, en general, y en España, en particular, goza de buena salud. "En España tenemos artistas de peso internacional y muchos nuevos creadores con un trabajo interesante. Contamos con museos e instituciones privadas que están desarrollando proyectos de difusión y propuestas a buen nivel, aunque todavía estamos lejos del desarrollo y peso de galerías, ferias y mercado que se da en otros países", remata.

En este sentido, confiesa que echa de menos más apoyo a la difusión e interés de su disciplina y, en cuanto al mercado, añora una cultura de coleccionismo que sirva de base y apoyo a los creadores. "Ayudaría mucho al arte la reactivación de proyectos institucionales de envergadura y la reforma de la ley de mecenazgo", apostilla. Así, mientras habla de la instantaneidad y rapidez por las que estamos sumidos a día de hoy -cosas del mundo actual-, añade que, otra de las cosas de este nuevo mundo son las nuevas tecnologías, que son capaces de abrir un campo para la expresión artística y potenciar su difusión a través de la red.

Con todo, el artista bilbaíno cierra el círculo -una forma muy utilizada en sus obras- hablando de nuevo de lo que le gustaría que sintiera el espectador al ver una de sus creaciones. Será porque es lo más importante. "Cuando me enfrento a mi trabajo, las buenas obras provocan una reacción física en mi cuerpo, una sensación que me confirma que el trabajo funciona y es capaz y emocionar". Y ese mismo efecto, es el que desea para todos aquellos que se enfrenten a un Fornes.

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