Evasión

Loic Florentin: "Un reloj es más una pieza de arte que un accesorio"

  • "Cada una de las piezas que utilizo está hecha en Suiza, hasta la correa"
  • "Mi objetivo es trabajar siempre con los mejores proveedores"
Madrid

Loic nació en París, su padre es del sur de Francia, su madre es danesa y se crio en Venezuela. Allí, conoció a los doce años a Timo Rajakoski, el que será un amigo para toda la vida y socio fundador de Le Röhne, una marca relojera joven, pero con espíritu clásico y sobre todo suizo.

Antes de ese momento, Florentin se ha dedicado a recorrer buena parte del mundo trabajando y ha formado parte de todo tipo de empresas. Su desembarco en la relojería llega con Tag Heuer. Lo que fue una especie de destino escrito, porque es la marca del primer reloj de lujo que llegó a su muñeca, a los 18 años. Lo siguiente fue pasar por otras empresas del sector hasta llegar a la convicción de que quería crear algo propio: "Había cosas de la relojería que no me gustaba cómo se vendían y cómo se promocionaban. Y de ahí fue cuando empecé a pensar cómo crear una marca que reflejase lo que pienso de la relojería". Y así vio la luz en 2013 Le Röhne.

¿Qué sentimiento tiene ante un reloj?

Un reloj es parte de mí, cuando me lo pongo en la muñeca ya deja de ser un accesorio, es como si fuera una parte de mi cuerpo. Hay relojes que me los pongo y me enamoro de ellos al instante. Antes incluso y aunque no se debe hacer, ni me los quitaba para dormir. Es una pieza de arte más que un accesorio de lujo. Y los relojes que tengo en mi colección se basan en eso, también los de Le Rhöne.

¿Cómo nace esta marca?

Llevaba años pensado en crear algo emocionante. Y tenía la convicción de que había que ir más allá del sello Swiss Made, que en ese momento solo exigía el 50 por ciento de la fabricación del reloj. No obstante, mis primeros relojes fueron Swiss Made, porque tenía que dar valor a mi producto de una cierta manera, pero desde 2016 ya no utilizo el sello Swiss Made en mis relojes, porque cada una de las piezas que yo utilizo en mis relojes están hechas en Suiza; desde la correa de cuero, que generalmente todas las marcas no las hacen en Suiza. Todo lo que tiene que ver con el reloj que pongo en mi muñeca tiene que estar realizado con los mejores proveedores de Suiza. Una parte fundamental es que somos Manufactured in Switzerland, y ya no Swiss Made.

El año pasado se produjo un endurecimiento de las condiciones del sello 'Swiss Made', pero no todo el sector está a favor y hubo bastante polémica. ¿Piensa que las condiciones no son lo suficientemente importantes?

El sello Swiss Made te dice que el 60 por ciento del valor del producto tiene que ser suizo y que debe ser montado en Suiza. Entonces, puedes hacer la caja. Y fabricar fuera: la esfera, las agujas, todas fabricadas fuera de Suiza. Y la correa ni entra, porque Swiss Made solo hace referencia a la cabeza. No digo que en el resto del mundo no hagan cosas muy bien, pero el hecho es que no están fabricadas en Suiza. Entonces, cuando tú hablas de un reloj suizo, resulta un poco contradictorio si muchas partes están hechas fuera, porque nuestros clientes son expertos. Hay precedentes como en los años ochenta, que la industria casi lo pierde todo. Si tú vendes un reloj a 10.000 euros, tienes que darle la trazabilidad de que se ha hecho en Suiza, y que la gente que lo ha montado son suizos. Quizá no sea el más barato, pero la gente tiene que estar segura de que está comprando algo suizo.

Además de este compromiso con la producción en Suiza, ¿qué otras diferencias tiene con las relojeras suizas?

Otra parte importante de nuestro producto y de lo que todo el mundo habla es sobre la verticalización y de que todo esté integrado en la empresa. Cuando creé la marca, me di cuenta de que siempre hay alguien mejor que puede fabricar una determinada parte del reloj, entonces: por qué empeñarnos en tener a alguien interno si alguien externo puede darte una pieza mejor. Yo lo que quiero es lo mejor para mis clientes, entonces hay personas que son las mejores, que se han vuelto independientes y que trabajan para muchas marcas, pero no todas las marcas lo dicen. Yo, al contrario, trabajo con diecisiete proveedores en Suiza y la idea es hacer una producción horizontal con el mejor que me hace las esferas, el mejor que hace grabados, el mejor que hace las cajas…

Y esta producción horizontal, ¿qué le proporciona?

Eso significa tener flexibilidad. Yo actualmente produzco muy pocas piezas -unas 300 al año, aunque dentro de dos o tres años me gustaría estar entre las 500 o 600-, pero si mañana hay un mercado que funciona más, yo puedo fácilmente cubrir esa demanda gracias a los proveedores. Si fuera todo vertical en mi organización no podría hacerlo. Es una manera de estar listo a la demanda, y en seis meses puedo cumplir con ella. Lo cierto, el control del stock es una de las grandes problemáticas que tienen marcas jóvenes en general, y sobre todo en la relojería.

Uno de sus modelos más disruptivos en el doble Tourbillon, cuéntenos ¿qué es?

La gente lo llama la gran complicación, pero para mí es el arte en alta relojería. Nosotros decidimos crearlo porque si podíamos hacerlo significaba que podíamos hacer todo lo que hay por debajo. A mí me fascina la alta relojería, me apasiona. Quería hacer una gran complicación, pero no alguna de las más famosas y que la gente dijese otra vez. Quería algo más. Entonces, nos decidimos por el doble tourbillon porque es difícil, porque queríamos poder regular la energía y la precisión de estas dos complicaciones y también porque queríamos simplificarlo.

¿Cuánto tarda en hacer relojes con grandes complicaciones?

Nosotros tenemos grandes relojeros que todos los días están trabajando en varias complicaciones y digamos que somos bastante rápidos, de entre dos y tres meses podemos hacer una planificación y podemos cambiar el tipo de material, el color de la esfera, las agujas o la correa. Son cosas especiales que podemos hacer para el cliente, pero tenemos la base para poder desarrollarlo rápidamente. Hoy en día creo que en el mercado no hay mucha competencia en esos tiempos.

¿Cuál es el reloj más comercial que tiene?

En precio es el Hedonia horas, minutos y segundos, y su precio ronda los 10.000 euros. Y de ahí para arriba. Nuestra colección está entre los 10.000 y los 50.000 euros. Pero realmente podemos agregar brazaletes de oro y subiría hasta los 80.000 euros, y de ahí, tenemos el doble tourbillon que tiene un precio fijo de 196.000 euros.

¿Las personas están más preocupadas por el interior del reloj que por un exterior ostentoso?

En la alta relojería, hemos visto que lo que más está creciendo en los últimos tres cuatro años es la venta de relojes de más de 150.000 euros. Es un mercado que está subiendo. Por ejemplo, en Cali, Medellín, yo trabajé durante mucho tiempo y lo que se vendía antes eran piezas de oro con mucho diamante, pero hoy en día vas allí y la gente va a comprar un reloj tourbillon simple, de 120.000 euros. Sin duda, ahora hay un nuevo conocimiento de lo que se está comprando, hay mucha más información en blogs, social media, sobre todo si lo comparas con lo que sucedía hace 15 años.

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