Evasión

"Hablamos de viejenials porque la digitalización se contagia"

  • "Si las empresas contáramos con diferentes vías, la mayoría de jubilados seguiría colaborando"
  • "Hay que romper el cliché de que la tecnología solo saben utilizarla los jóvenes"
  • "Las compañías tenemos la obligación de formar tecnológicamente a los empleados"
Madrid

A través de una amplia documentación, los autores aportan ideas para el debate público y analizan por qué los efectos del incremento de la longevidad compensan los negativos y propician un estímulo al crecimiento económico.

¿Por qué ese título?

Antonio Huertas: Estos años, hemos analizado cuestiones que tienen que ver con la longevidad. Una es la tecnología y otra la salud. Viendo los datos, que hay 15 años extra de vida y que España es la zona cero del bienestar en ese sentido, esto parece una revolución, ¿no?, en el sentido casi etimológico de la palabra.

Iñaki Ortega: Hay millones de personas que van a tener un extra de vida y van a poder seguir aportando a la economía, y eso, cuando lo agregas, se convierte en una parte muy importante del PIB. Es hacer crecer tu economía. Y, además, incluye un escenario en el que un montón de sectores se van a beneficiar, porque el 40 por ciento del consumo actual corresponde a personas mayores. Una sociedad con cada vez más mayores tendrá cada vez más consumo, y de ahí el planteamiento de La revolución de las canas.

Esa longevidad produce que la 'hucha' de las pensiones se agote cada día más, y eso nos lleva a replantearnos que tenemos que trabajar más tiempo.

A. H. : Al final, hay que ir al concepto clásico económico del ajuste entre la oferta y la demanda. Este ajuste no puede ser en base a un liberalismo puro que diga que se produce por las fuerzas propias del mercado. Cuando uno se va haciendo mayor, su previsión de ingresos se va reduciendo si no ha sido lo suficientemente precavido y si no ha tenido apoyos adecuados para ahorrar. Por eso, tiene que confiar plenamente en el sistema público. Esa fortaleza está garantizada en cuanto a la duración, pero no en cuanto a las cuantías, y ahí es donde esa falta de ajuste entre la oferta y la demanda se puede producir.

Las empresas están machacando mucho la experiencia, parece que les cuesta menos coger a un chaval joven sin preparación y prepararlo que tener a una persona mayor preparada.

A. H.: Como directivo de una empresa grande, y tratando de hacer compatible todas las generaciones, los mayores en mi empresa son gente que ha trabajo toda la vida y no les importa jubilarse, y eso pasa porque partimos del sistema tradicional de la jubilación. Entonces, tienes que saltar un muro. Ahora la mentalidad es "me jubilo y paso al otro lado, empiezo a cobrar la pensión y ya no puedo trabajar". Pero en el libro estamos hablando de romper ese muro, fraccionarlo, parcelarlo y abrir diferentes oportunidades. Si las empresas tuviéramos la capacidad de utilizar diferentes vías para seguir contando con el talento de esta gente, la mayoría de ellos seguiría colaborando, pero las rigideces que hay actualmente no te permiten como empresa poder hacerlo.

Hay muchas personas mayores que están muy preparadas y se han adaptado a la tecnología.

I. O.: ¿En qué cabeza cabe que un ingeniero en computación, un experto tecnológico o un informático, con 55 o 60 años, ya no sirve en el mundo tecnológico? Lo de la tecnología no es nuevo, y detrás de la tecnología lo que hay es mucho conocimiento acumulado. No puede confundirse tecnología con redes sociales, ni un nativo digital con un experto en digitalización. Los expertos no son nuevos expertos, son personas que tienen mucho conocimiento acumulado, son científicos, tengan la edad que tengan. Por eso, ese cliché hay que quitarlo pero no es fácil, porque las estructuras están montadas para tener ese cliché

Los cambios que se producen en la sociedad se pueden ver en las diferentes generaciones. Un buen ejemplo es la concepción de propiedad privada que ya muchos de los mayores no tienen.

I. O.: Es un cambio que capilariza desde lo joven hacia arriba, nosotros hablamos de los viejenials, porque la digitalizacion ha afectado tanto a los millenials que nos contagian hacia arriba. Para nosotros, para nuestros padres y abuelos, la clave era el trabajo, no el ocio, y nos estamos contagiando también un poco de eso. Uno de los grandes nichos económicos para España será el ocio, será el lugar de ocio del mundo. Cada vez el ocio es más importante, más barato, y hay que aprovecharlo. Es decir, cada vez somos más viejenials. La conclusión es que hay que cambiar cosas en el modelo productivo, social y relacional, para hacer factible esta explosión demográfica que se está produciendo y que va a ser clarísimamente relevante para hacer viable la convivencia y el crecimiento.

En el libro también se trata el miedo a que las máquinas acaben haciendo el trabajo de las personas.

A. H.: Las empresas tenemos que asumir ese reto, tenemos más que hacer que los propios trabajadores. Primero, porque tenemos la visión más amplia, tenemos las herramientas y tenemos la obligacionista social de hacer inclusivos a esos trabajadores que se han dedicado a unas tareas toda la vida para hacerlos migrar hacia otras nuevas. El empleado tiene que ser consciente de que hay profesiones que están desapareciendo, pero están apareciendo otras. Estamos favoreciendo esa mezcla de las generaciones para que unos ayuden a otros. Que los jóvenes puedan enseñar a los mayores a utilizar las herramientas tecnológicas y éstos les enseñan su experiencia y madurez.

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