Evasión

El islote de Lobos, un paraíso canario reservado a 200 personas

  • Este año se ha limitado el acceso a el islote Lobos a 400 personas
  • El objetivo es garantizar la sostenibilidad de sus espacios naturales
  • Las restricciones al turismo se están haciendo en otros parajes como las Cíes
Islote de Lobos. Foto: Alamy Stock Foto
Madrid

En España contamos con numerosos paraísos naturales repartidos por toda la costa. Sin embargo, la masificación turísitca y el tráfico marítimo hace que, en muchas ocasiones, los ecosistemas de estos lugares se vean afectados por el incesante flujo de turistas. Para evitarlo, se está reduciendo el acceso. Es el caso del islote de los Lobos, una pequeña isla virgen situada a pocos kilómetros al norte de Fuerteventura que desde este 2019 ha limitado el acceso a 400 personas por día, repartidas en dos grupos de 200 personas, uno por la mañana y otro por la tarde.

Belleza sin artificios

Imagen: Getty

El motivo principal por el que se ha llevado esta iniciativa en el islote de los Lobos ha sido para garantizar la sostenibilidad de sus espacios naturales, pues sus enclaves se enfrentan a problemas como el descontrolado fondeo de embarcaciones, la edificación sin control, los vertidos, la eliminación de la cubierta vegetal o la introducción de especies invasoras. Se quiere evitar, por tanto, que vuelvan a desaparecer especies autóctonas como la foca monje, que habitó la isla hasta hace unos años y a la que debe su nombre, ya que los pescadores la conocían como lobo marino porque la consideraban una competidora en las capturas de pesca. Con esta nueva normativa, el acceso sigue siendo gratuito, pero solo se puede entrar previa reserva, tres días antes a la visita. Se puede solicitar el permiso para un máximo de tres personas, y esta autorización limita el tiempo de estancia en la isla a tan sólo cuatro horas: por la mañana (de 10 a 14 h.) o por la tarde (de 14:00 a 18:00 h.).

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La belleza sin artificios de Lobos se puede contemplar desde la llegada a la isla, pues a parte de una pequeña cabaña informativa y una estatua en recuerdo de los lobos marinos, unos cuatro kilómetros cuadrados de naturaleza salvaje y espectaculares parajes vírgenes son los únicos protagonistas. Al ser un espacio protegido, sólo se permite el acceso a la playa de la Concha y a la cala de El Puertito. El resto de playas tienen el acceso restringido. El pequeño tamaño de la isla hace que se pueda combinar el disfrute de su costa con un recorrido por sus senderos para descubrir sus rincones. Estos caminos están bien definidos y los puntos de interés se encuentran perfectamente señalizados. La ruta comienza en la zona sur, y atraviesa todo el islote por el interior hasta el faro que se encuentra en su costa norte. La montaña La Caldera, un cono volcánico de 127 metros sobre el nivel del mar, representa la cota más alta del islote y es uno de los puntos de interés de la ruta. Esta se puede escalar hasta su cima desde donde, a parte de su cráter, se puede gozar de unas privilegiadas vistas hacia Lanzarote y las Dunas de Corralejo.

Hay muchas formas de llegar al islote de Lobos, pero la más común es hacerlo a través de un ferry que parte desde Corralejo. Mucha gente cruza en sus propias embarcaciones, bien sean barcos, motos de agua, etc. Pero, en cualquier caso, el único lugar en que se permite desembarcar es en El Puertito. El viaje en barco dura alrededor de 20 minutos y su precio es de quince euros para adultos, y ocho euros para niños. En el islote solo hay un restaurante, Isla de Los Lobos. Al ser el único lugar donde comer, se recomienda llamar con antelación para reservar para grupos de más de doce personas, y para grupos más reducidos se aconseja reservar una vez llegados a Lobos. La carta contiene sobre todo pescados y paellas, aunque también cuenta con papas arrugadas, ensaladas, ensaladilla rusa y platos combinados.

Limitaciones al turismo

Estas restricciones al turismo se están llevando a cabo también en otras playas de España, e incluso en grandes ciudades turísticas. Las Islas Cíes sufrieron una saturación de turistas en 2017, y desde el año siguiente es necesario un permiso de la Xunta de Galicia para embarcar hacia estas islas. Con esta iniciativa, se pretende controlar que no se supere el número máximo de 2.000 visitantes por día.

En grandes ciudades masificadas como Roma, el Ayuntamiento ha lanzado recientemente una normativa según la cual los turistas no pueden sentarse en la escalinata de la Plaza de España, con el objetivo de preservar el patrimonio. Esta orden municipal se extiende a todos los monumentos de la capital, como por ejemplo la Fontana di Trevi, y quienes los incumplan se enfrentarán a multas que oscilan desde los 150 euros hasta los 400 euros.

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