Moda y Complementos

Juana Martín y el poder del monocromatismo

Desfile de Juana Martín. / EFE

La cordobesa Juana Martín sigue explorando el legado del genio de Getaria, el maestro Balenciaga, pero desafortunadamente (para ella) Balenciaga resultó irrepetible.

Aún así no hay que desmerecer el trabajo de Juana Martín que temporada a temporada va depurando unos códigos en hechuras y volúmenes que empiezan a quedársele asociados. La diseñadora no se dispersa combinando colores, por lo que el desfile resultó un ir y venir de looks monocromáticos, de los grises con los que abrió a los negros con los que cerró.

El mixing de materiales ha sido interesante pues si empezó creando volúmenes con telas enguatadas fue derivando después hacia un concepto más exquisito donde la lentejuela y la pluma cobró protagonismo. Una lección bien aprendida por Martín es que cuando se opta por materiales tan ricos y recargados es mejor no complicarse con el patronaje para no desmerecerlos. A pesar de ser una propuesta correcta, con flashes interesantes, lo cierto es que podría de tildarse con la frase ?nada nuevo bajo el sol?.

Resulta cansino cuando cierto sector del público trata de arrancar aplausos a cada salida, más cuando hablamos de desfiles tan extensos que cansan simplemente por el interminable carrusel de modelos. Juana Martín se ha empeñado en hacer suyos los años 60 y de ellos no hay quién la apee, pero si algo interesante hubo en su desfile estas fueron algunas salidas con sabor ochentero en lentejuelas. Quizás sea el momento justo de cambiar de década.

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