Empresas y finanzas

Pugna por las marcas entre el vino y la cerveza

Foto: Archivo
Valladolid

La eterna rivalidad entre el vino y la cerveza tiene un nuevo campo de juego: las marcas. La D. O. Ribera del Duero mantiene desde hace dos meses con Mahou San Miguel una pugna en la Oficina Española de Patentes y Marcas, por la inscripción de nombres comerciales en las que se incluye su nombre.

La pretensión del gigante cervecero de registrar la marca Mahou envejecida en barrica de Ribera del Duero no solo ha levantado en armas al Consejo Regulador, sino que ha reabierto heridas en el sector vitivinícola, muy sensible ante los intentos de la cerveza por apropiarse de términos que evocan la producción del vino. Una presión que atribuyen a la competencia que la aparición de las cervezas artesanas ha generado en la industria convencional de esta bebida.

Procesos opuestos

"El vino y la cerveza viven procesos opuestos. Mientras que el vino intenta cotidianizarse para impulsar su consumo entre segmentos más amplios, la cerveza va hacia la sofisticación, por el empuje de las cervezas artesanales, a las que trata de contrarrestar con la utilización de conceptos vinculados al mundo del vino, de su lenguaje, de su forma de producción", explican fuentes del sector del vino, que ven en la estrategia de sus competidores un intento de confundir al consumidor y un riesgo de banalización de su imagen.

Los antecedentes de la batalla se remontan a noviembre de 2016. Fue entonces cuando la compañía cervecera solicitó la inscripción de la marca Mahou Barrica. El sector del vino salió en tromba y tanto la Federación Española del Vino (FEV), como la Confederación de Consejos Reguladores de Denominaciones de Origen Vitivinícolas (CECRV) recurrieron ante la Oficina Española de Patentes y Marcas la solicitud.

El principal argumento de oposición del sector del vino era que barrica, al igual que crianza o reserva, es un término que obliga a cumplir una determinada normativa para incluirlo en la etiqueta de los vinos y que además debía ser certificada por una D. O., pero si en la cerveza no se exigía ese control se quita valor a una figura de calidad.

Durante más de un año la OEPM fue el escenario de un intenso cruce de recursos y alegaciones entre los dos sectores implicados, hasta que en febrero de 2018 la OEPM permitió el registro de la marca Mahou Barrica, que ya se comercializa.

Aquello fue el comienzo de una guerra que tiene un nuevo capítulo desde el pasado mes de enero, cuando se solicitó el registro de la marca Cerveza Mahou Envejecida en Barrica de Ribera del Duero. El Consejo Regulador presentó alegaciones contra la solicitud, a la que también se opone el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) que tiene encomendada la defensa de las Denominaciones de Origen y Marcas de Calidad.

El MAPA ha mostrado su oposición a la inscripción basándose en varios apartados del artículo 5 de la Ley de Marcas, que considera como prohibición absoluta el registro de una marca que pueda inducir al público a error sobre la naturaleza, la calidad o el origen geográfico de un producto o de aquellos excluidos de registro en virtud de la legislación nacional o de la UE que confieran protección a denominaciones de origen e indicaciones geográficas. La Oficina de Patentes y Marcas ha dado traslado a Mahou para que alegue contra los recursos pertinentes.  Pero el conflicto, no queda ahí. Desde finales del pasado año la ompañía cervecera ha intentado registrar hasta siete marcas más en las que se utilizan términos relacionados con el vino. Así, también en abril, solicitó el registro de Mahou Barrica Alma de Duero. En este caso, la Junta de Castilla y León también se ha opuesto  y aún queda plazo para que pueda producirse también el más que probable recurso de la denominación de origen. La Federación Española del Vino ya ha adelantado que también lo impugnará. La ofensiva de la compañía cervecera por utilizar términostradicionalmente vitivinícolas se intensificó el pasado año. En diciembre, solicitó el registro de Mahou barrica Pedro Ximenez, Mahou Barrica Amontillado y Mahou Barrica Palo Cortado. En los tres casos, las solicitudes están suspendidas después de que la Oficina de Marcas haya considerado que están incursas en la prohibición que establece el artículo 5.1.g. En concreto, se afirma que el enunciado no especifica claramente que los productos han sido criados en barricas en las que previamente se han criado esos vinos. La compañía no se ha dado por vencida y ha presentado alegaciones a la suspensión.

Más casos. En julio de 2018, se solicitó el registro de Mahou Barrica Selecta y Selecta Barrica. La OEPM suspende la inscripción al considerar que se trata de signos descriptivos y no permiten al público consumidor identificar dicho signo con una concreta procedencia empresarial, ni la individualización en el mercado de productos o servicios. Las dos marcas han sido denegadas. Otra de las iniciativas ha sido la solicitud para San Miguel Triangulo de Jerez, en abril. La compañía cervecera quita hierro al asunto y ha asegurado a elEconomista.es que registran multitud de marcas, aunque algunas no llegan a salir al mercado. La compañía reconoce que han solicitado muchas marcas relacionadas con el envejecimiento de la cerveza en barrica, algo en lo que "hemos sido pioneros en España con el lanzamiento de esta categoría y queremos seguir explorando este segmento".

Proteger un patrimonio colectivo

Mientras, desde la Conferencia de Consejos Reguladores Vitivinícolas (CECRV) se recuerda que hay fraude cuando se etiqueta un producto con el nombre de una DO o aludiendo a ella. sin que sea un producto protegido o calificado, es decir, sin que cumpla la forma en que debe ser producido y elaborado fijada en un pliego de condiciones y que es lo que le confiere una calidad diferenciada ligada a un origen concreto, a factores naturales -suelo y clima- y humanos saber hacer contrastado durante años-. Añaden que fraude "no es solo el nombre de una marca que contiene o consiste en el nombre de una DO", también lo es evocar el nombre o la imagen de la misma, induciendo así a confusión al consumidor. Asimismo, subraya que proteger las DO y los derechos de propiedad industrial a ellas ligados no es otra cosa que proteger a los productores y elaboradores que la forman, así como su saber hacer y el prestigio y la imagen de marca que confieren a sus territorios. "Es decir, no es otra cosa que proteger nuestro patrimonio colectivo".

El Mapa impugna 68 solicitudes

La protección de las marcas es uno de los puntos más sensibles tanto para empresas como denominaciones de origen, que mantienen una estrecha vigilancia en la Oficina de Patentes y Marcas a través de gabinetes especializados. El Ministerio de Agricultura hace un seguimiento de las solicitudes de registros, tanto en la Oficina Española de Patentes y Marcas como en la Oficina de Propiedad Intelectual de la UE (UEIPO) para la protección de los nombres de las Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas. De hecho, existe una mesa de coordinación con las Comunidades que se reúne trimestralmente.

De los cientos de solicitudes de marcas que se presentan semanalmente a la OEPM y EUIPO, el Ministerio detecta cuales pueden atentar a los nombres protegidos y envía escrito de "observaciones" cuando entiende que se conculca el Derecho de Protección Intelectual que tienen las DOP/IGP y que está reconocido en la legislación europea y nacional (Ley 6/2015 art.13)  Sólo en el primer trimestre, desde el Ministerio se han enviado un total de 68 "observaciones" a la OEPM, de las que 38 han sido de vinos y bebidas espirituosas y 30 de agroalimentarios; y 29 a la UEIPO, en ese caso 12 de vinos y 17 de productos agroalimentarios.

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