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¿Pueden las empresas sobrevivir a un concurso de acreedores?

  • Problemas: falta de transparencia y alternativas de financiación
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No todas las empresas que solicitan el concurso de acreedores acaban quebrando. Algunos ejemplos de ello son la empresa de confitería Fiesta, la catalana Twenty -que es propietaria de Antonio Miró-, la granja escuela Kiriko, o incluso el Málaga CF. Pero, aunque es difícil superar este procedimiento porque requiere tiempo y medidas difíciles de tomar, la vida de una empresa no siempre tiene porqué acabar después del concurso.

Uno de los casos de pymes que ha conseguido superar este procedimiento lo encontramos en Extremadura. Se trata de Cristalería Loma, una empresa de larga trayectoria que fue fundada en 1988.

El problema apareció derivado del estallido de la burbuja inmobiliaria en nuestro país. Tal y como explica el director financiero de Loma, Marcos Jerez, "a pesar de gozar de una estructura financiera sólida que nos hubiera permitido continuar con la actividad a menor escala mediante un proceso de reestructuración, a partir del año 2010 sufrimos continuos impagos e insolvencias de nuestros clientes que, unido a la bajada drástica de contrataciones, liquidaciones y la falta de financiación bancaria de las empresas ligadas a la construcción fue necesario recurrir al procedimiento legal del preconcurso".

"Salvaguardar la viabilidad"

Aconsejados por su asesoría jurídica, ante la inminente situación de insolvencia, decidieron presentar esta medida inicial en 2011 "para salvaguardar la viabilidad de la empresa, su patrimonio y el poder mancomunado de administración que le confiere la Ley concursal al administrador de la empresa por ser declarado como voluntario". Posteriormente, en febrero de 2012, solicitaron el concurso de acreedores "abreviado" -se denomina así "por ir acompañado por un 30% de adhesiones documentadas al convenio propuesto durante el preconcurso y superar el 10% marcado por la Ley Concursal para ser considerado como abreviado", explicó Jerez.

Pero la resolución fue un éxito y en dos años salieron de este procedimiento. Ahora tienen que pagar la mitad del dinero que debían en un plazo de siete años.

Sin embargo, no ha sido una tarea fácil y las medidas que tomaron para la resolución del problema han sido numerosas. Jerez destacó que "sin duda, las más dolorosas de ejecutar son aquellas relacionadas con los despidos de trabajadores". Otras han sido la "adecuación de los gastos corrientes a la situación financiera, negociando con proveedores y suministradores nuevas condiciones", "reuniones con entidades de créditos", "optimización de los recursos, reunificando algunos departamentos y eliminando otros", "alquiler de parte de instalaciones en desuso para la captación de ingresos extra", o la "venta de vehículos inutilizados, para evitar gastos de mantenimiento y captación de ingresos".

Aumentan los concursos

Pero, desgraciadamente, a todas las empresas no les espera un final feliz después de este procedimiento. La difícil situación económica que atraviesa nuestro país ha provocado que muchas empresas, tan conocidas como Panrico, Pescanova o Fagor, hayan tenido que solicitar el concurso de acreedores . Según revela un informe de PriceWaterhouseCoopers, el número de procedimientos se ha visto incrementado un 34% durante el primer semestre del año respecto al mismo periodo del año anterior. Este dato se traduce en un total de 4.894 concursos.

Según el director del sector financiero del IE Business School, Manuel Romera, "en general es un error solicitar este procedimiento". Manuel Romera se justifica en las cifras: el 92% de las empresas que solicitan el concurso de acreedores acaban quebrando finalmente.

Los principales errores que este directivo señala vienen de la mano de la "falta de transparencia de las empresas" y de las alternativas de financiación. En el primer caso, Romera indicó que muchas empresas "tratan de engañar a los acreedores " y les dan cifras modificadas. En el caso del segundo error, el problema viene derivado del desconocimiento de los empresarios de otras fuentes de refinanciación alternativa ya que "es un error acudir sólo a los bancos".

En palabras de Romera, "las empresas tienen que hacer una labor dinámica" buscando "financiación acorde, pensando qué activos se quieren liquidar y cómo se puede gestionar su salida". En cuanto a las alternativas posibles, Romera pone el punto de mira en las instituciones híbridas: "business angels, empresas de capital riesgo...".

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