Editoriales

Editorial: El órdago de Angela Merkel deja a España abocada al auxilio exterior

¿De los PIIGS hemos pasado a un alfabeto casi completo conforme se van sumando Bélgica, Francia y hasta los germanos de Austria? Al ritmo de carrera instaurado por Alemania, el resto de países apenas aguanta. Italia volvió ayer a superar la cifra límite del 7 por ciento de interés por su deuda a 10 años; España abonó un exagerado 5 por ciento por las letras a un año; y las primas de riesgo de París y Viena se dispararon hasta rondar los 190 puntos. Tales repuntes sólo se explican porque el dinero huye de Europa y el BCE no está comprando en la suficiente magnitud como para calmar el pánico. ¿Acaso se han olvidado en la sede del banco central de que entre sus mandatos se encuentra el de asegurar la estabilidad del sistema financiero?

Más bien parece que Merkel quiere que se imponga su ley y no le importa dejar que se tense peligrosamente la cuerda con tal de que poco a poco todas las piezas vayan encajando: ya tiene a dos miembros del establishment de Bruselas mandando en Grecia e Italia y la tensión en los mercados se está elevando tanto como para que la mayoría firme pronto una cesión de soberanía fiscal antes insospechada. Su plan para germanizar el euro se acerca a su destino final... O puede que no. El dominó del sistema financiero y los Estados corre ahora el riesgo de derrumbarse ante sus ojos.

La decisión de la UE de renegociar la quita griega y de obligar a que los títulos públicos de España se valoren a precio de mercado provocó que los inversores y la banca considerasen esa deuda demasiado arriesgada... y la descargasen de sus carteras. La falta de demanda ha disparado los tipos de interés ofrecidos a la periferia hasta unos niveles insostenibles en la actual coyuntura de estancamiento. De modo que los operadores que prestan fondos han aplicado un margin call, esto es, exigen mayores garantías para continuar concediendo crédito como ya sucedió hace unos días con Italia... Y a 455 puntos de prima de riesgo, España bien podría sufrir igual suerte. Nuestros vencimientos durante 2012, del orden de 335.000 millones para el conjunto de la economía, no podrán refinanciarse en estas condiciones y habremos convertido nuestras dificultades de liquidez en un problema de solvencia parecido al transalpino. Precisaremos ayuda del exterior. De ahí que Rajoy haya iniciado los contactos para acordar una intervención blanda. Su intención es la de seguir la estela de una Alemania que ya está acelerando la unión fiscal, al tiempo que prevé una cláusula de salida del euro llamada opting-out. Sólo que esta política está dejando atrás incluso a los galos. Con la prima de riesgo en los 190 puntos, Francia dista de tratarse de una AAA. Y una vez esta calificación caiga, el mercado puede precipitarse hacia el caos: las cámaras de compensación que financian a las entidades suelen prestar midiendo el riesgo de las garantías usadas contra una cesta de triples A; es decir, si Francia cae de esa lista, entonces sólo se comparará con Alemania y, ante semejante diferencia, se brindarán menos créditos y el mercado financiero se habrá desmontado por completo para Europa.

En tales circunstancias, los países serán incapaces de ajustarse, crecer y devolver su deuda. Si la canciller urgiese al BCE a que asista a los países, éste tendría la capacidad de imprimir los billetes necesarios para restaurar la normalidad. Pero Merkel sigue intentando proteger a los ahorradores alemanes de la posible inflación y acaparar una mayor cota de poder en la futura UE ahora en reconstrucción. La canciller conduce la caravana del euro al borde del precipicio, sabiendo que ella tiene la última carta y que podría respaldar toda la deuda o llamar al BCE. Sin embargo, la velocidad de los mercados bien podría desbaratarle el órdago y destruir el euro. Menuda apuesta.

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