Señales de estabilización de las bolsas, pero es prematuro incrementar posiciones

Por Paulo Gonçalves es Analista de Estrategia de Mercados de Banca March

Tras las caídas durante octubre y la primera mitad de noviembre, nos encontramos ya en lo que debería ser el comienzo de un proceso de estabilización y en el cual pensamos que el suelo de las bolsas no debería estar lejos. Sin embargo, las incertidumbres políticas siguen ensombreciendo el panorama de inversión en el corto plazo, elevando los riesgos a que factores exógenos a los fundamentales económicos terminen derivando en caídas adicionales y no previstas de la renta variable.

En especial, nos preocupa el posible rechazo del acuerdo de desconexión entre el Reino Unido y la U.E., que previsiblemente se votará el próximo día 11. Un rechazo del acuerdo por parte del Parlamento británico abrirá un escenario muy incierto y con ello las bolsas, particularmente las europeas, volverían a retroceder.

En lo relativo a las tensiones comerciales, hemos comenzado diciembre con noticias positivas, dado que los líderes de Estados Unidos y China han acordado contener la escalada en la guerra comercial, al menos en los próximos meses. En este sentido, Trump se comprometió a suspender durante 90 días su plan de subir, del 10% al 25%, los aranceles a productos chinos por importe de 200.000M$. Como contrapartida, China se compromete a importar más bienes de Estados Unidos con vistas a reducir el déficit comercial en forma de productos agrícolas, industriales y energéticos. Además, reanudarán las conversaciones en torno a cinco áreas en las que EE.UU. exige reformas a China: transferencia forzosa de tecnología, protección de la propiedad intelectual, barreras no arancelarias, la agricultura y los servicios.

Esta tregua mejora las perspectivas de crecimiento del PIB en 2019, al reducir el riesgo a una subida de aranceles en enero que de haberse producido, retiraría entre una y dos décimas al crecimiento mundial en los próximos años. A pesa de ello, el riesgo a una nueva escalada de las tensiones comerciales todavía seguirá latente, ya que si las negociaciones de los próximos tres meses no alcanzan un buen puerto entraríamos en escenarios más negativos al elevarse de golpe los aranceles entre ambas economías.

Otro factor de incertidumbre es la reciente y acelerada caída del precio del petróleo, que tras superar los 85$ para el barril de Brent a principios de octubre retrocedió con virulencia y se acerca ya a los 60$. Discernir si esta caída de los precios del crudo y la futura reducción de los costes energéticos actuarán como un nuevo estímulo al consumo, o por otro lado, si es simplemente un reflejo de la desaceleración del crecimiento, será fundamental de cara al próximo año.

El descenso del precio del petróleo comenzó como un reflejo del fuerte aumento de la producción, donde los tres principales países productores – Arabia Saudí, Estados Unidos y Rusia – han alcanzado cifras record de extracción. Sin embargo, en el actual momento económico marcado por las primeras muestras de menor actividad, de continuar esta brusca caída del precio del petróleo, deberíamos comenzar a considerar que la demanda también se está debilitando más de lo esperado, lo que sería una señal más de alarma.

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Es en este entorno más incierto en el que se desarrollará la próxima reunión de la OPEP agendada para el 6 de diciembre. Esta cumbre se enfrentará al reto de estabilizar la cotización del petróleo, un mercado actualmente sobreabastecido y en el que sería necesario lograr un acuerdo para recortar la producción. Un precio del petróleo entre 60 y 70 dólares es previsiblemente el intervalo de confianza y comodidad manejado tanto por los países productores como para los consumidores.

Es también desde nuestro punto de vista un nivel que permitiría mantener inalteradas las previsiones que manejamos para 2019, en el cual estimamos que el crecimiento mundial será menor pero seguirá en expansión, al tiempo que la inflación se normaliza pero sin convertirse en un problema para las autoridades monetarias.

En conclusión, nos encontramos por tanto en la antesala de unas jornadas nuevamente marcadas por una cargada agenda política. En este contexto y reafirmando una vez más que, si bien los fundamentales económicos justifican aprovechar las correcciones para elevar la exposición en cartera a la renta variable, preferimos mantener una mayor cautela en el corto plazo y seguimos recomendando situar la exposición a renta variable en niveles neutrales por perfil de riesgo a la espera de mayor visibilidad para volver a incrementar posiciones.

Por otra parte, y de cara a ir preparando las carteras para el próximo año, sí vemos aconsejable reducir el peso en deuda corporativa. Desde nuestro punto de vista existen tres factores que podrán presionar este activo en los próximos meses: i) deterioro de las condiciones de liquidez, factor que será más evidente en 2019; ii) si las condiciones de financiación se endurecen, los excesos de mercado podrían volverse más claros (como por ejemplo, el alto crecimiento de los préstamos apalancados en EE.UU.) y iii) las valoraciones del mercado “high yield” no han puesto verdaderamente en precio un escenario de mayores incertidumbres. Es por ello, conveniente aprovechar repuntes para reducir el riesgo de crédito e incrementar la calidad en las carteras de renta fija corporativa de cara al próximo año donde el ciclo económico se irá haciendo cada vez más maduro.

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