¿El ‘momentum’ se vuelve negativo?

Por Daniel Pingarrón, Subdirector de Alphavalue España | @danielpingarron

Los valores europeos deberían estar aprovechando la comodidad que les aporta el renovado crecimiento económico. Ese fue el mensaje de enero reflejado en la medida de momentum de AlphaValue (Momentum Spread Dynamic).

Durante la última semana vimos precisamente un crecimiento del número de valores con momentum negativo. La debilidad del dólar y la fortaleza del euro, y la subida de la rentabilidad de la renta fija a corto y largo plazo, está contribuyendo a enrarecer el ánimo de unos inversores con claro apetito comprador.

La primera ronda de resultados del último trimestre de 2017 sugiere además que el dólar débil ya ha pasado factura, y que también podría arrastrar a los resultados del primer y segundo trimestre de 2018. Pero este impacto es de traslación, no en el margen.

Lo que se ha perdido en el crecimiento de las ventas/ingresos no será perceptible en los beneficios en euros. Además, pensamos que difícilmente afectará a la rentabilidad de los grupos europeos, ya que su negocio basado en dólares suele estar cubierto de alguna forma. Dicho de otra forma: debería producirse una caída muy considerable del dólar para que las compañías europeas reconsideran su política de dividendos.

En cuanto a las revisiones de los ingresos/ventas (top line) de 2018 en los últimos 12 meses, seguimos viendo mejoras generalizadas del +1% aproximadamente, proveniente de los sectores Autos, Transporte, Servicios Públicos, Salud, Productos químicos, Computer Services y Concesiones, y bajadas en Aerospace, Pharma, IT Hardware y Software. Es decir, los sospechosos habituales cada vez que se renueva la tendencia bajista del dólar.

Es probable que las dudas derivadas de un dólar débil sean efímeras. En cuanto a la historia del mayor coste de capital, un cuadro a 10 años confirma que los tenedores de bonos pueden arrepentirse de haber invertido casi a tasas negativas. Pero es poco probable que las empresas europeas experimenten costes de financiación significativamente mayores a corto plazo.

Con dinero barato y flujos de efectivo crecientes, que se produzcan más movimientos corporativos a valoraciones ridículas puede ayudar a que los inversores se olviden de un dólar más débil.

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