Perspectivas halagüeñas en un ciclo ya maduro

Por Paulo Gonçalves, analista de Estrategia de Mercados de Banca March 

Las perspectivas para el año que acaba de comenzar son halagüeñas y se apoyan en la mejora de la actividad mundial. Pero más importante aún, los indicadores de confianza de los empresarios – que habitualmente nos adelantan la evolución de la economía – señalan que el ciclo expansivo seguirá intacto en los próximos trimestres y además, con una menor dispersión entre las economías. En este contexto, el crecimiento previsto para el PIB mundial alcanzaría en 2018 un 3,7%, siendo el segundo año consecutivo con avances por encima del promedio histórico.

La inflación deberá ir normalizándose, pero todavía asignamos bajas probabilidades a que se sitúe de forma sostenida por encima de los objetivos de los Bancos Centrales. Un crecimiento de los salarios contenido, la globalización y los céleres avances tecnológicos, son factores de freno ante posibles repuntes de la inflación.
Mayor dinamismo económico unido a una inflación tendiendo al alza, facilitará la retirada de los estímulos monetarios. La Fed seguirá liderando este proceso de salida e irá acelerando la reducción de su balance (se estima una retirada de al menos 300.000 millones de dólares en 2018), al tiempo que elevará el precio del dinero hasta situarlo a finales del año por encima del 2%.

Por su parte, el BCE, seguirá ampliando su balance y mantendrá las compras de bonos hasta septiembre, lo que representa una inyección de liquidez adicional de 270.000 millones de euros. Solamente después de finalizar las compras, la autoridad monetaria europea comenzaría a plantearse una subida del precio del dinero, lo que aplaza hasta 2019 las expectativas de incrementos de tipos. Finalmente, el Banco de Japón, seguirá con sus agresivas medidas de estímulo.

El escenario central es por tanto de menores estímulos monetarios, si bien a nivel agregado los principales Bancos Centrales seguirán realizando inyecciones netas de liquidez en 2018.

Este mayor dinamismo económico, revalida nuestra recomendación de sobreponderar la renta variable. A pesar de las notables ganancias en las principales bolsas a lo largo de 2017 esperamos retornos positivos también este año. En este sentido, prevemos que el crecimiento global sincronizado continúe traspasándose a las cuentas de las empresas, donde se estima un incremento de los beneficios del +10% para el índice MSCI World. Confiamos por tanto, en que las ganancias en las bolsas deberán venir por la mejora de los ingresos de las empresas.

En términos regionales favorecemos la exposición a las bolsas europeas y también a las de los países emergentes, donde apreciamos un mayor potencial de revalorización.

Además, pensamos que este año será especialmente relevante una correcta diversificación sectorial, dado que el ya avanzado ciclo bursátil presentará mayores divergencias, lo que en un contexto de gestión activa ofrecerá oportunidades para la generación de rentabilidades. Nuestra preferencia es para sectores cíclicos, pero también buscamos un equilibrio, posicionándonos en ciertos tipos de negocios más defensivos por el esperado aumento de la volatilidad.

Entre los sectores con mayor sensibilidad al ciclo económico uno de nuestros favoritos es el financiero, destacando la preferencia por bancos estadounidenses gracias al entorno de tipos más positivo para su negocio y mayor laxitud en la aplicación de la regulación bancaria. En Europa, por su parte, suponen una oportunidad atractiva en términos de valoración. También encontramos valor en el sector industrial, particularmente en el europeo, donde anticipamos que la inversión deberá recuperarse a un mayor ritmo. En el sector tecnológico, creemos que todavía se presentan oportunidades, sobre todo en compañías líderes globales en el campo de semiconductores, redes y comercio electrónico.

En la parte de sectores más defensivos, son especialmente atractivos salud, por el incremento de la clase media emergente y su mayor acceso a medicamentos, mientras que en las economías desarrolladas la tendencia de envejecimiento de la población también debería impulsar el incremento de las ventas del sector. En el sector energético, las valoraciones de las compañías integradas no reflejan los niveles actuales del precio del crudo. A ello se unen ahora unos balances más saneados y las atractivas políticas de retribución al accionista, que representan una fuente adicional de rentabilidad.

De cara a 2018, los riesgos a este escenario provienen de posibles decepciones en el crecimiento de Estados Unidos y/o que los altos “stocks” de deuda acumulados en China unidos al cambio de modelo hacia un mayor peso del consumo interno, terminen frenando más de lo esperado la actividad del gigante asiático.
Pero especialmente relevante es el riesgo derivado del actual ciclo financiero, que se encuentra en un momento ya maduro y presenta valoraciones elevadas en algunos activos, en particular la renta fija soberana.

En este contexto, la inflación será sin duda uno de los indicadores a monitorizar con mayor atención por parte de los inversores. Un repunte más acelerado de lo previsto de los precios al consumo derivaría en una política monetaria menos expansiva. Las autoridades monetarias retirarían liquidez de los mercados en mayor proporción de lo esperado y el posible tensionamiento de las condiciones financieras reduciría el crecimiento previsto.

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