Qué aporta la banca privada comercial al gran patrimonio

Por Francisco Gómez Trenor, Director general de Mirabaud & Cie en España

Pese a que algunos se empeñen en utilizar como sinónimos las acepciones “banca privada” y “gestión patrimonial” y, si bien es cierto que hay una suerte de consenso -injustificado- en normalizar esta práctica, la realidad es distinta.

La gestión patrimonial va varios pasos más allá de la banca privada comercial entendida como genérico. Una gestión patrimonial de valor implica huir de fórmulas precocinadas, cada vez más habituales en la banca privada estándar, y requiere un exhaustivo trabajo a medida de las necesidades específicas y diferenciales de cada cliente.

La clave está en proporcionar a un cliente, por definición muy exigente, buen conocedor de los mercados y con una visión global de los mismos a la hora de enfocar sus inversiones, alternativas que cubran dos de sus mayores prioridades: preservar su patrimonio y obtener liquidez. Hablamos de inversores que buscan, básicamente, gestores de confianza que les proporcionen rentabilidad y con propuestas fiscalmente eficientes.

Al hilo de estas prioridades, en la situación actual de mercado, y considerándolos un complemento de vehículos habituales como las carteras de fondos, vemos buenas perspectivas para los grandes patrimonios en los sectores Financiero, Asegurador (magníficas perspectivas de subida de tipos de interés tras años en niveles mínimos) e Inmobiliario (interesante recorrido para los próximos 4 años dado que el mercado residencial se encuentra en una fase muy inicial de recuperación, con niveles de producción de viviendas nuevas un 70 por ciento por debajo del anterior pico del ciclo), así como en la inversión en productos alternativos, muy especialmente en fondos de capital riesgo.

En este punto, es importante destacar que la mayoría de las inversiones de capital riesgo se dan en acciones de empresas no cotizadas por lo que su gestión requiere habilidades muy específicas y diferentes para cada tipo de inversión. En la mayoría de los casos necesita un análisis continuado y exhaustivo de la situación y las transformaciones de la compañía que se valora. Suele dar excelentes resultados pero ha de confiarse su gestión a profesionales con amplia y reconocida experiencia. En caso contrario, las probabilidades de fracaso son altas. Volvemos así a una de las grandes diferencias de la gestión patrimonial con respeto a la banca privada comercial.

Merece la pena detenerse en que hemos detectado que el cliente de gestión patrimonial muestra cada vez más interés por empresas centradas en la innovación vanguardista. Se suceden las consultas a nuestros equipos sobre los sectores de Tecnología y Biotecnología y, con gran fuerza, un subconjunto de ambos: la Robótica. Para aquellos con menor aversión al riesgo, el sector de start-ups genera también bastante curiosidad, si bien es cierto que los porcentajes de su patrimonio global que aquellos que se deciden por este tipo de compañías les dedican son pequeños.

Pero, independientemente de la selección del sector o las compañías más atractivas en cada momento, la gestión patrimonial personalizada requiere trabajar sobre arquitectura abierta y flexible, y siempre bajo un modelo multibooking que permita gestionar un patrimonio de forma centralizada con total independencia de en qué plaza financiera esté depositado dicho patrimonio.

Desde mi punto de vista, no se puede afrontar la gestión de grandes patrimonios desvinculándonos de dos conceptos clave: la diversificación y la gestión activa -y de valor-, especialmente en momento de alta volatilidad como los que vivimos y, muy en concreto, al acercarnos al universo de la renta variable, donde hay que hacer una selección muy cuidada y al detalle de compañías de calidad, con balances saneados, visibilidad en la cuenta de resultados, generación de caja elevada y sostenible gracias a ventajas competitivas, y que coticen con descuento frente a su precio teórico de valoración.
Definitivamente, los clientes que optan por la gestión patrimonial están cada vez más formados; valoran la especialización, la personalización y la capacidad de operar internacionalmente que se ofrecen en una gestión patrimonial integral y que dista mucho de una banca privada comercial que, ni cubre todas sus necesidades, ni les transmite sensación de estar cuidados, informados y asesorados en sus estrategias de inversión.

 

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