Optimistas con la bolsa, pero diversificando

Por Rose Marie Boudeguer, Directora del Servicio de Estudios de Banca March

El ritmo de actividad y los indicadores de confianza recientes siguen apuntando a una aceleración del crecimiento y de la inflación mundial para 2017. En Estados Unidos, una economía que estaba perdiendo fuelle, parece revitalizarse gracias a la recuperación de la industria y las perspectivas de un fuerte impulso fiscal.  En la Eurozona, la actividad sigue creciendo a ritmos parecidos a los del año pasado, con mejoría del crédito, del empleo y un mayor equilibrio fiscal. Por su parte, en las economías emergentes se cuenta con la salida de la recesión de Rusia y Brasil, así como la estabilización de China.

Uno de los mayores riesgos de este panorama – y que ya se ha hecho evidente en enero – es la aplicación de medidas proteccionistas por parte del nuevo Gobierno estadounidense. Se trata de medidas que crean incertidumbre y podrían terminar perjudicando el comercio mundial.  Además, hay riesgos en Europa, que van desde la delicada situación de algunos grandes bancos italianos, hasta la incertidumbre en torno al resultado de las elecciones generales en  Holanda y Francia, en las que podrían triunfar gobiernos populistas.  Así las cosas, podemos decir que durante 2017 tendremos repuntes periódicos de la volatilidad en los mercados financieros.

En paralelo al crecimiento, la inflación se elevará como consecuencia del repunte de los precios de las materias primas y de un mayor dinamismo de la demanda. Por tanto, esperamos que la política monetaria sea algo menos expansiva.  La Reserva Federal subirá tipos este año, aunque de forma muy gradual, y el Banco Central Europeo irá preparando su estrategia de salida, aunque no se esperan subidas de tipos hasta bien entrado el 2018.  En términos históricos, por lo tanto, los tipos de interés se mantendrán en niveles bajos.

¿Cómo afecta este panorama a la inversión en activos financieros? En primer lugar, la liquidez o el activo monetario, que es el segmento de menor riesgo en las carteras,  seguirá ofreciendo rendimientos muy exiguos.  Las rentabilidades de las letras del tesoro, al igual que las de activos ligados al Euribor, son negativas.  Para obtener rentabilidades positivas, habrá que invertir de forma selectiva en pagarés y bonos de empresa que estén cercanos a vencimiento.  A pesar de ello, recomendamos mantener el peso de la liquidez en las carteras, como protección contra la volatilidad a la que hemos hecho mención en párrafos anteriores.

Seguidamente, tenemos la inversión en activos de renta fija, es decir, bonos del estado y de empresas.  Ésta se verá amenazada por la subida de tipos de interés en Estados Unidos, que se extenderá en parte a los tipos europeos.  Será un año complejo para los bonos soberanos, aunque no exento de oportunidades. Por un lado, la sobreventa de bonos en algunos momentos puede ofrecer buenos niveles de entrada. Por otro, las primas de riesgo periféricas deberían irse reduciendo a lo largo del año, ofreciendo perspectivas de revalorización. En todo caso, es recomendable la inversión en renta fija con duraciones cortas y buscar rentabilidad a través de un aumento del riesgo de crédito.

El crédito sigue apoyado por el entorno económico y unos costes financieros todavía bajos,  pero las primas de riesgo exigidas a las empresas se han reducido mucho. De esta manera,  la inversión en bonos “corporate” se está encareciendo, sobre todo en el segmento de bonos de mejor calidad. Por ello, para obtener un plus de rentabilidad y un precio más razonable es necesario invertir selectivamente en deuda high yield, deuda convertible o en renta fija emergente.  Y a fin de hacer frente a la volatilidad, se recomienda diversificación, duraciones cortas y evitar riesgo divisa.

La aceleración del crecimiento y una inflación moderada dan apoyo a la renta variable. Los beneficios empresariales han repuntado en todas las regiones.  La bolsa no está barata, pero tampoco hay señales de excesivo optimismo, no hay sobrecompra, ni exceso de flujos o de peso en las carteras. Las bolsas de Estados Unidos y Europa nos parecen atractivas.  Las primeras, por las perspectivas de reducción de impuestos, regulación y más gasto fiscal; las segundas, por el potencial de apalancamiento operativo de las empresas europeas.  Se espera que los sectores cíclicos sean más favorecidos por estos factores, pero sin detrimento de empresas en sectores más defensivos, con capacidad de fijación de precios.

En cuanto a las divisas, la tendencia sigue siendo alcista para el dólar por la subida de tipos esperada para este año y la entrada de flujos de capital a Estados Unidos.  La libra mantendrá su sesgo bajista por las perspectivas de desaceleración del Reino Unido y la incertidumbre sobre el Brexit.

Como conclusión, creemos que la renta variable será el activo con más potencial de revalorización en 2017, pero sin olvidar el riesgo de la incertidumbre política. En ese contexto, seguimos recomendando mantener una amplia diversificación entre todas las clases de activos aunque seguimos sobreponderando la renta variable, infraponderando renta fija y manteniendo un peso neutral en activos líquidos.

Esta entrada fue publicada en Análisis fundamental, Dividendos, Divisas, Empresas, Renta variable. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.