El año comienza con cielos despejados, pero se anuncian nubarrones

Por Rose Marie Boudeguer, Directora del Servicio de Estudios de Banca March

Comenzamos un año en el que se prevé un crecimiento mundial más dinámico, apoyado en las expectativas de estímulos fiscales e inversión pública en Estados Unidos y la recuperación de Rusia y Brasil. La Eurozona seguirá creciendo a un ritmo parecido al actual y la inflación mundial irá en aumento. En este contexto, la política monetaria será algo menos expansiva, sobre todo en Estados Unidos, mientras que en la Eurozona los tipos de interés se mantendrán en niveles históricamente bajos. Este panorama positivo no está exento de riesgos, que podrían venir de la mano de una cargada agenda de elecciones en Europa. También hay otros factores como las medidas que implementará el nuevo gobierno de Estados Unidos, el exceso de deuda privada y la salida de capitales en China, entre otros.  En definitiva, el año que empieza puede caracterizarse por períodos de alta aversión al riesgo y volatilidad en los mercados.

En este contexto, aunque las rentabilidades ofrecidas por los activos monetarios europeos son muy poco atractivas, es recomendable mantener el peso de este activo en las carteras como protección contra la volatilidad.  La inversión en bonos del Estado también es poco atractiva, ya que es vulnerable a la subida de tipos americanos que generará pérdidas en el valor de unos bonos que pueden no ser compensadas por unos cupones muy bajos.  Por tanto, dada la amenaza de los tipos de interés al alza, recomendamos invertir en renta fija con duraciones cortas y buscar rentabilidad en emisiones con un mayor riesgo.

El crédito se ve apoyado por la aceleración del crecimiento, por un nivel de diferenciales razonable y por unas tasas de impago que irán bajando en los próximos meses. Recomendamos posiciones en tres tipos de deuda:high yield, que se verá apoyada por el crecimiento económico; deuda emergente, que ofrece un plus de rentabilidad a igualdad de calificación crediticia y bonos convertibles que se verá favorecida por la buena marcha de la renta variable. En todos estos casos, recomendamos el segmento de renta fija más conservador: duraciones cortas, evitando riesgo de divisa y manteniendo la correlación con renta variable en niveles bajos.

En renta variable somos positivos.  Tras cinco semestres de caídas, los resultados de las empresas han reanudado la tendencia ascendente y el consenso de analistas espera que repunten con bastante fuerza en 2017.  En Estados Unidos, los beneficios por acción de las empresas del S&P500 podrán seguir subiendo por el mayor gasto público y la rebaja de impuestos prometida por el nuevo gobierno. Se espera que el crecimiento de los beneficios en Estados Unidos venga liderado por el sector financiero, materiales, energía y tecnología. Otros sectores más defensivos como salud y consumo siguen mostrando una mayor visibilidad de ingresos y lo relevante será elegir aquellas empresas capaces de traspasar el repunte de los costes de las materias primas al consumidor final. El sector financiero, gracias a una mayor pendiente de la curva, podrá lograr una mejora de sus márgenes.  En Europa, los beneficios por acción todavía no han alcanzado los niveles de antes de la crisis.  Su alto nivel de apalancamiento operativo unido al  buen momento macroeconómico de la Eurozona les confiere un alto potencial alcista, sobre todo liderados por los sectores más cíclicos, como los financieros. Como riesgos, es preciso mencionar que las bolsas no están baratas y que son activos muy expuestos a la incertidumbre política.

En cuanto a las divisas, la tendencia sigue siendo alcista para el dólar mientras prosiga la divergencia entre la política monetaria de la Reserva Federal, que seguirá subiendo tipos, y el Banco Central Europeo, que los mantendrá invariados. No es descartable que la moneda americana alcance la paridad con el euro, aunque su potencial alcista se está agotando y no se prevé que se consolide por debajo de ese umbral. Por otro lado, la la libra esterlina se mantendrá a la baja por la incertidumbre del Brexit y  las perspectivas de desaceleración del Reino Unido.  En cuanto a las materias primas, se espera un ligero ascenso del precio del crudo a medio plazo pero no se espera una escalada.  La previsión para 2017 es de entre 55 y 60 dólares promedio para el barril de Brent. Con respecto al oro, no se espera una revalorización fuerte pero seguirá siendo activo refugio en un año con riesgos económicos y políticos. Los metales deberían recuperarse por las expectativas de aumento de la inversión en infraestructura en Estados Unidos.

En resumen, creemos que la renta variable será el activo con más potencial de revalorización en 2017, pero seguimos recomendando mantener una amplia diversificación entre todas las clases de activos como protección por la incertidumbre respecto a la política general y a la política económica en particular.

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