ESG: Demanda social, regulación y cambio

Por Fernando Delgado, Dir. de Inversiones en el Instituto Esp. de Inversión responsable

Dice el profesor Huerta de Soto que el Imperio Romano cayó por el “socialismo” (evidentemente es una forma de hablar ya que el socialismo científico no apareció, como tal, hasta el siglo XIX) más que por los ataques de los bárbaros. Panem et circenses incentivaron a los trabajadores del campo para que abandonaran las zonas rurales y se establecieran en la ciudad donde podían vivir del populismo de los emperadores, sin trabajar.
Hoy en día, si observamos con perspectiva histórica, vivimos también un cambio de ciclo a todos los niveles.

A los desequilibrios estructurales a nivel macroeconómico se unen importantes cambios geopolíticos, demográficos y tecnológicos. En este contexto, cobra especial relevancia el enfoque ESG (que engloba aspectos medioambientales, sociales y de gobernanza) que integra factores no financieros que impactan de forma material (relevante) en las variables financieras completando así el análisis tradicional financiero.

Estos factores toman la forma de riesgos que deben ser gestionados, eliminados o mitigados, y también de oportunidades. El análisis ESG nos da una visión de alto nivel que nos permite analizar la estrategia y adaptarla a las nuevas circunstancias.

Es, por tanto, imprescindible la involucración de las más altas instancias de la organización en la promoción de un cambio cultural de tal magnitud. Supone un compromiso a largo plazo en un proceso constante de evolución hacia una nueva relación con los stakeholders que, correctamente implementada, deriva directa e indirectamente en la creación de valor para los accionistas a largo plazo.

A nivel normativo cabe destacar las nuevas regulaciones procedentes de la Unión Europea. Con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de Naciones Unidas y el acuerdo de París en el punto de mira, se está estableciendo un marco normativo en constante evolución que genera un reto para las empresas.

Cabe destacar el reglamento sobre la publicación de información no financiera emitido por la Comisión Europea que aplica en primera instancia a las empresas más grandes y que en los próximos años se irá aplicando a empresas de menor tamaño y a nuevas industrias. Existe, por tanto, una necesidad de realizar el seguimiento de un marco legislativo cambiante.

No obstante, existe otro modo de acercarse, con amplitud de miras a este fenómeno. Tomar la delantera y aprovechar las oportunidades que se están generando. Yendo más allá de la mera obligación legal para obtener los beneficios provenientes de la aplicación de la estrategia integradora del ESG. Las organizaciones que no sean capaces de adaptarse a los nuevos tiempos tenderán a desaparecer. Aquellos que, cual rémoras, se conformen con mantenerse al ritmo de la corriente quizá no sean capaces de llegar a tiempo de sobrevivir o pierdan la oportunidad de desmarcarse a tiempo de la competencia.

La principal fuente de cambio y desarrollo del ESG moderno procede de escándalos provocados por abusos y fallos del sistema. Por citar un ejemplo, el caso ENRON supuso un punto de inflexión. Hasta su caída, fue tenida como ejemplo de éxito empresarial. Falló también, en este caso, uno de los principales mecanismos de control, la auditoría externa, conducida por Arthur Andersen, la más afamada auditora hasta la fecha y reconocida por su capacidad para atraer talento y como cantera de profesionales de alto nivel.

Este escándalo provocó su caída 89 años después de su fundación. Este y otros casos generaron no sólo la implantación de nuevas regulaciones sino también una demanda social de una gestión ética de los negocios. Frente a la cultura del pelotazo, la falta de valores y el cortoplacismo se establecen mecanismos para gestionar los conflictos de intereses y promover una cultura empresarial que recupere el buen hacer y un posicionamiento adecuado para la gestión del cambio. El ESG, en un sentido amplio, da respuesta a todos estos retos por el lado de la gestión de riesgos.

Por el lado de las oportunidades, la estrategia de digitalización, las tecnologías exponenciales o a las nuevas formas de trabajar forman parte de la estrategia de ESG. Son megatendencias que hay que tener en cuenta al realizar un análisis estratégico de una compañía o sector. Supone, por tanto, el establecimiento de nuevas estructuras internas, más flexibles, capaces de poner en valor los recursos humanos. Con organigramas más planos y promoviendo la meritocracia. Y, por otro lado, una nueva forma de relacionarse con las organizaciones externas, de forma más transparente, con espíritu colaborativo, integrando ecosistemas de organizaciones que colaboran entre sí. Este enfoque es ya una realidad, una exigencia en este entorno cambiante.

Este enfoque genera resultados a largo plazo. Y aquí es donde a muchos se les puede atragantar. Este cambio profundo requiere de un esfuerzo importante en el corto plazo en un proceso que a larga será, si se aplica adecuadamente, muy rentable. Pero es imprescindible tener la visión y constancia que requiere alcanzar este nivel de excelencia.

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