No hay margen de seguridad

Por Pedro Escudero, Consejero delegado de DPM Capital

En la mayoría de profesiones de alto riesgo, donde el error puede traer graves consecuencias, el margen de seguridad con el que se trabaja es muy alto. Profesiones o proyectos donde la equivocación lleva aparejada graves consecuencias o pérdidas de vidas humanas trabajan con márgenes que, cuanto menos, buscan minimizar o evitar esas tragedias. Recuerdo los proyectos que cuando yo era niño me explicaba mi padre, ingeniero de profesión, en sus primeros diseños de ascensores o de presas de agua. La conversación acababa derivando siempre en los complejos sistemas de seguridad y emergencia que llevaban aparejados sus proyectos.

Y es que todas las medidas de seguridad parecían pocas. En ingeniería el margen de seguridad tiene que ser altísimo. En los ascensores, por ejemplo, se informa claramente del número de personas que pueden viajar al mismo tiempo y el peso que soporta cada cabina. Unas medidas que, claramente, funcionan. El número de muertes por fallos en los sistemas de seguridad de los ascensores es mínima: aproximadamente uno de diez millones de accidentes provoca una víctima mortal. Existe un mayor porcentaje de riesgo mortal utilizando las escaleras. Cuando se construyen puentes o túneles también existe un amplísimo margen de seguridad y lo mismo ocurre en otras profesiones. En las cirugías de corazón se siguen claramente muchas pautas para que la seguridad sea máxima.

En el mundo de las inversiones, por el contrario, el margen de seguridad no es explícito. Uno puede llegar a perder mucho dinero invirtiendo. Y lo peor de todo es que pocos profesionales entienden este concepto y saben medirlo. Y menos aún lo utilizan a su favor, es decir, sólo actúan cuando este margen de seguridad está decantado claramente a su favor. Hoy en día y como consecuencia de la burbuja creada por los bancos centrales de todo el mundo y, especialmente, la Reserva Federal tenemos unos activos financieros con unas valoraciones que en la mayor parte no justifican los retornos esperados por las empresas. El péndulo de las elevadas valoraciones se encuentra en un punto tan extremo que los márgenes de seguridad no existen y, por lo tanto, el riesgo es muy alto.

La decisión de subir por las escaleras o el ascensor en este caso es difícil de tomar, ya que uno ve que por una vía los demás suben sin esfuerzo y con grandes resultados. No obstante, si sabemos que el margen de seguridad no existe y que es realmente imposible predecir el momento exacto en el que el ascensor va caer sin posibilidad de salirse, lo mejor es no subirse.

Traducido al campo de las finanzas sería como concentrarse en aquellas pocas inversiones donde sí que existe ese margen de seguridad y, simplemente, esperar a que las cosas cambien. Cosa, por cierto, nada fácil. La paciencia y la espera es lo más difícil para un inversor. Los mercados a veces se disparan aún más y suben y suben sin parar hasta el punto que parece que uno es incapaz de seguir ese ritmo de retorno. Pero las grandes fortunas y los grandes beneficios no se hacen a corto plazo y suelen tener unas dosis muy grandes de paciencia. Es decir, hay momentos en los que hay que actuar con agresividad en la colocación de activos y otros donde simplemente hay que esperar. Ahora son tiempos para estudiar, analizar y seguir preparándose para cuando ese margen de seguridad vuelva a aparecer.

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