Un globo que sigue ascendiendo

Por Pedro Escudero, consejero delegado de DPM Capital

Las bolsas están atravesando por algo nunca visto. Bancos centrales y gobiernos de todo el mundo están apostando con fuerza por políticas monetarias expansivas. El resultado ya lo ven ustedes: bolsas cotizando en máximos históricos y activos inmobiliarios disparados, especialmente en Estados Unidos.

Los inversores y los propietarios están de enhorabuena. Disfrutan de un gran momento económico y sus carteras están llenas a rebosar, aunque una parte muy importante de la población ha sentido el azote de la pandemia y está sin trabajo o con una gran incertidumbre sobre su futuro. A estas personas, los efectos del incremento de la oferta de dinero no les ha sido de gran ayuda. Las subvenciones o prestaciones del gobierno les han supuesto la entrada de algo de dinero con el que minimizar la penuria, pero sólo la vacuna va a poder cambiar su destino personal, profesional y, en definitiva, económico.

Pero volvamos de nuevo la vista a los mercados. Claramente, las políticas expansivas han llenado el sistema de dinero. Muy desafortunado debe haber sido un inversor, ya sea grande o pequeño, para no beneficiarse de esta estrategia de bancos centrales y gobiernos. La impresión de más y más dinero nos está haciendo perder la noción de riesgo o, como mínimo, relativizarlo como algo cada vez más liviano y lejano. La comunidad inversora empieza a pensar que no puede perder, que los bancos centrales siempre estarán allí para ayudarles. La percepción de la realidad se está diluyendo.

Parece lógico. Si los bancos centrales, desde la Reserva Federal hasta el Banco Central Europeo pasando por el Banco de Japón, imprimen barbaridades de dinero para comprar la deuda que generan sin cesar gobiernos y empresas de todo el mundo, el resultado es una burbuja que como un globo sigue ascendiendo a medida que vamos metiendo aire caliente. Y la Reserva Federal no va a detenerse guiada por su doble mandato: la actual lucha contra la deflación para llevar los precios al 2% y la recuperación económica que modere las cifras de desempleo.

Para que llegue inflación necesitamos que el dinero se mueva rápido. El simple hecho de crear una gran masa monetaria no provoca necesariamente inflación. El dinero tiene que moverse, intercambiarse por productos y servicios, y generar la necesidad de pagar cada vez más por ellos. En definitiva, necesitamos que la demanda de dinero supere a la oferta y, hasta ahora, es precisamente la sobreoferta de dinero la que está guiando el sistema económico. La gráfica adjunta lo dice todo. El aumento de dinero en circulación en Estados Unidos ha sido del 27% en el último año y está en un nivel no visto antes.

En definitiva, estamos metidos en un círculo que parece que no tiene fin, pero que llegará más pronto que tarde cuando la vacuna contra el Covid-19 esté disponible de manera masiva para la población. Entonces, gente de todos los países se sentirá segura y volverá a trabajar a las oficinas; a desplazarse en trenes y autobuses; a reservar mesa en los restaurantes o a viajar en avión para disfrutar de unas vacaciones. Todo ello provocará que el dinero empieza a moverse y a coger velocidad y, poco después, llegarán los primeros signos de repunte de precios que, cuando sean persistentes, generaran inflación.

La Reserva Federal y otros bancos centrales deberán ajustar entonces su política monetaria para buscar una salida a esta locura que no han tenido más remedio que crear. Mientras tanto, los mercados disfrutan de beneficios futuros traídos al presente: los inversores se sienten invencibles y aún mucho más los estadounidenses. El cambio debe ser de precisión quirúrgica. No será fácil y las bolsas pueden sufrir un duro golpe. Si sale mal, las actuales florecientes carteras de los inversores se tornaran en un reguero de números rojos. Y de lamentos.

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