Necesitamos empresas dominantes

Por Pedro Escudero, Consejero delegado de DPM Capital

Hoy en día muchos países, siguiendo políticas de liberalización de precios, tienen puesto el foco en bajar las tarifas de productos o servicios. En artículos donde la producción se puede realizar en países de bajo coste, y estos productos pueden ser importados a un coste también bajo, estas políticas traen eficiencias claras aun provocando la destrucción de numerosos puestos de trabajo y empresas de bajo valor añadido, que son sustituidas por compañías de más alto valor. Sin embargo, ¿qué pasa con la liberalización de precios y la masiva competencia en sectores donde el producto o el servicio no puede ser importado?

Demasiada competencia genera empresas inestables con constantes ajustes de empleo y bajo rendimiento, que hace que inviertan menos en su futuro y, por lo tanto, se conviertan en víctimas de un sistema que crea su propia muerte lenta del que difícilmente pueden escapar. Estos sectores de actividad son pésimas inversiones, tanto para el capital como para sus colaboradores, que están predeterminados a un futuro cuanto menos incierto.

Hay sectores donde el posicionamiento empresarial es tan malo –los inventarios se deprecian, los gustos cambian, la competencia es intensa y global, etc- que uno o crea un sistema de negocio imbatible desde el inicio del proyecto o muere enfrentado a una guerra global de precios. Moverse con la idea que un país va a generar ese moonshot -idea brillante que revoluciona una actividad- en cada empresa que surja o en un sector no parece una idea inteligente. En definitiva, es poco racional pensar que España va a conseguir crecer con campeones mundiales, porque de Amancio Ortega sólo hay uno y es difícilmente repetible de forma sistemática.

España tiene una característica monopolística por su situación geográfica y su clima, además de una cultura, seguridad e infraestructuras a los más altos niveles. Le resulta francamente difícil a la gran mayoría de países competir con España en esos puntos y, mucho menos, superarla en su conjunto, lo que otorga a nuestro país una estabilidad permanente en muchos sectores. ¿Qué sería de España sin el sector inmobiliario de costa y sin turismo? ¿O cómo sería nuestro sector de la alimentación muy enfocado a la exportación sin el clima tan benigno que tenemos?

Se necesitan ventajas competitivas y empresas dominantes en sectores claves para generar una economía de alto valor añadido. Y se necesita que estas empresas inviertan en el futuro con los beneficios del presente y del pasado. Si, por el contrario, el marco son unas empresas obligadas a compartir sus activos y que se mueven al dictado de precios por debajo de costes, el destino es muy claro: hoy nos beneficiamos de precios más bajos como consumidores pero el día de mañana sufriremos la falta de trabajo para la población. Claramente algo de

regulación siempre es bueno para evitar comportamientos abusivos, pero forzar demasiada competencia no es bueno a largo plazo.

Como inversores, al igual que deben hacerlo los países, debemos intentar incentivar, buscar e invertir en sectores donde otras empresas y otros países no puedan competir con nosotros para hacerse con los beneficios. Este tipo de sectores y empresas crecen en países donde hay incentivos alineados a premiar la generación de riqueza y son ecosistemas donde los puestos de trabajo abundan y los salarios suben. Es en ellos donde no importa de qué familia vienes, qué edad tienes o a qué escuela hayas ido porque lo que premian es la capacidad del individuo por encima del resto de cosas. No hay mejor sistema igualitario que aquel donde se liberaliza la capacidad del individuo para crear ideas, empresas y, en definitiva, riqueza para un país.

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