Gestión activa y selección temática son claves para sortear la crisis

Jaime Medem, director de Inversiones de Mirabaud & Cie en España
La crisis COVID-19 ha dado una vuelta de tuerca adicional a un mercado global que ya venía estresado, obligando a ser -aún más- exigentes a la hora de afinar las decisiones de inversión y los criterios de selección de fondos.
Si nos centramos en el mercado de renta fija, vimos cómo, literalmente, se rompió en marzo debido al nunca visto antes grado de iliquidez en el que entró y que se mantuvo hasta que los bancos centrales, tras varios intentos, consiguieron normalizar la situación. Esto provocó, como era de esperar ante el sentimiento de pánico del mercado que se generó, que prácticamente todos los fondos de renta fija sufrieran fuertes reembolsos.
En este contexto, la gestión activa suma, una vez más. Y han tenido mejores resultados los selectores de fondos que han reforzado las labores de seguimiento, revisando muy exhaustivamente la concentración de cada cartera por línea de inversión, emisor y sector, y diversificación de los partícipes del fondo. Una opción muy interesante ha sido, por ejemplo, aprovechar las importantes correcciones de marzo, en especial en sectores considerados de calidad como es “investment grade” en Europa, para incrementar su peso de manera importante en las carteras. Otro aspecto importante ha sido la monitorización de los flujos de salida y el análisis de la metodología de valoración del valor liquidativo.
Durante la pandemia, el comportamiento de ciertos fondos alternativos está mostrado buenos resultados, al menos no alejados de lo previsto. Hablamos, en concreto, de los fondos Market neutral y Equity long short, es decir, de estrategias alternativas con una filosofía de inversión “plain vanilla”, transparentes y que operan con instrumentos altamente líquidos, factores muy importantes para sobrellevar la cada vez mayor contaminación de los mercados financieros causada por las políticas monetarias no convencionales de los bancos centrales, cuyo impacto en la correlación entre las diferentes clases de activo es cada vez mayor y más errática.
La renta variable, por su parte, en un entorno macro cada vez más endeudado, con crecimiento económico bajo y sin apenas inflación, ha venido marcada por el mayor distanciamiento entre los sectores de crecimiento que operan en una economía cada vez más digital y aquellos otros más cíclicos de la economía tradicional, como energía, recursos naturales, industriales, etc. En este sentido, creemos que las carteras deben de tener sesgo a valores con baja dependencia a la evolución del ciclo económico y modelos de negocios ganadores que operen en segmentos de la economía que se beneficien de temáticas de alto crecimiento estructural. Apostar por el sector tecnológico, en especial en compañías con modelos disruptivos y líderes de mercado, capaces de mantener un poder de precio importante a pesar de las condiciones adversas del mercado, es una buena idea.
Temáticas como “Digitalización de la economía”, “Vivir y trabajar desde casa”, “Consumo digital”, “Salud”, “Desarrollo de tecnologías disruptivas” o “Cambio climático” liderarán el desarrollo económico del futuro, pero merece la pena tener en el radar una nueva, ligada a la transición del modelo económico que se va a producir en Europa y que afectará de manera importante a lograr una transición ecológica rápida. En este sentido, Europa está tomando la delantera poniendo sobre la mesa importantes fondos destinados a mejorar las infraestructuras y a crear un entorno más sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Esta afectará de manera muy positiva no solo nuestro modelo productivo, sino la forma de consumir y vivir/relacionarse de los europeos dentro de un mercado cada vez más competitivo y dinámico.
Y no podemos despedir esta tribuna sin hacer referencia a los Private Equity, una clase de activo interesante para aquellos perfiles que pueden permitirse la inversión en activos menos líquidos y con un horizonte de inversión más largo, y en la que hay interesantes oportunidades. Si antes de la crisis nos encontrábamos en una parte del ciclo ya madura con valoraciones exigentes, ahora el abanico de oportunidades de inversión para un buen gestor de private equity es mucho mayor, junto con condiciones de financiación aún muy favorables.

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