La bolsa no está equivocada

Ante la mala situación económica actual, en contraste con la recuperación de la bolsa, cada vez se escuchan más voces argumentando que esta revalorización de la renta variable ha ido demasiado lejos, que es exagerada y que no está siendo razonable. A continuación, les voy a relatar porqué la bolsa no miente.

En primer lugar, es necesario aclarar que el comportamiento de la bolsa no responde a la situación económica pasada ni presente, sino a lo que se prevé que suceda en adelante. Es por ello qué si se espera que la situación económica mejore en el futuro, la bolsa reacciona al alza, como está sucediendo ahora.

A continuación, vamos a hacer un breve repaso a la situación actual de la economía y de los mercados poniendo el foco en EEUU, que continúa liderando.

Lo primero que llama la atención es que diferentes indicadores de actividad se encuentran en terreno recesivo o saliendo del mismo. Por ejemplo, el PMI manufacturero (índice de los gestores de compras de las empresas manufactureras) se ha mantenido por debajo de 50, que nos indica contracción de actividad, durante los pasados meses de marzo, abril y mayo, y solo recientemente con el dato de finales del mes de junio ha conseguido repuntar a 52,6.

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Además, por el momento no se observan tensiones inflacionistas ni en precios de producción, ni en precios al consumo. Por lo tanto, la combinación de una actividad económica reducida y de una inflación de precios contenida, invita a los bancos centrales y a los gobiernos a seguir estimulando y apoyando la recuperación tanto de la economía como de los mercados de renta variable. Sus medidas de ayuda han sido las mayores jamás adoptadas y continúan dispuestos a hacer todo lo que sea necesario.

Otro elemento positivo son los tipos de interés reales, que se encuentran en terreno negativo. El tipo de interés real a 10 años medido según los TIPs (bonos del gobierno ligados a inflación) de mismo vencimiento se encuentra en el -0,73% actualmente (gráfico 2). Habitualmente cuando sucede esto, es un entorno propicio a la revaluación de los activos reales y entre otros, la renta variable tiende a apreciarse.

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También se han visto señales positivas en los mercados a principios de junio, señales que nos invitan a pensar que la subida en bolsa puede continuar. Dos ejemplos serían que la recuperación de la renta variable se ha producido con una expansión de compañías cotizando en nuevos máximos recientes, así como una desproporción alta y continuada en el volumen de las acciones al alza frente al resto. Por otra parte, el optimismo de los inversores no se encuentra demasiado extendido como para desconfiar de la continuidad de la recuperación de los índices.

Analizando la financiación de las empresas, se observa que las condiciones crediticias son buenas y gran parte de las compañías pueden acceder a financiación a tipos bajos. Se observa un mejor comportamiento en las emisiones de mejor rating, lo cual tiene sentido ya que es ahí donde la Reserva Federal está centrando el grueso de la compra de activos de renta fija corporativa.

Teniendo en cuenta todos estos datos, a corto plazo parece que tiene sentido seguir invertidos en renta variable, al estar en un entorno propicio a obtener revalorizaciones. Por el momento, solo se prevé una mayor incertidumbre a medida que se acerque la fecha de las elecciones presidenciales de noviembre en EEUU, momento en que los inversores comiencen a preocuparse por quien será el próximo mandatario y que tipo de decisiones pueda adoptar. También parece que hay cierto riesgo de una segunda ola de Covid-19 en otoño o invierno, la cual impactaría nuevamente de manera negativa en la actividad económica y en los activos de riesgo.

Con la vista en el medio y largo plazo, es necesario continuar vigilando las expectativas de inflación. En algún momento podríamos asistir a un nuevo entorno en el que nos enfrentemos a mayores incrementos de precios. Ante esta situación, la FED puede decidir retrasar las subidas de los tipos de interés para no provocar repuntes en el déficit público del gobierno estadounidense. Si todo esto viene acompañado de una depreciación del dólar, alimentada por los bajos tipos de interés y por salidas de capitales al estar los activos sobrevalorados, el proceso inflacionista aceleraría y se completaría así un círculo vicioso.

Sin embargo, en estos momentos tanto el mercado laboral, como las materias primas industriales, el petróleo, y la utilización de la capacidad productiva no nos están anticipando un cambio inmediato, por lo que podemos estar tranquilos.

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