La gestión activa, la vía para superar el COVID-19 en bolsa

Oriol Ramírez-Monsonís Director de Gestión Discrecional en el área de Investments de Willis Towers Watson 

Mientras el mundo se confina para protegerse del COVID-19, los que estamos dentro de la industria de las inversiones trabajamos para construir carteras robustas ante un entorno financiero incierto. Esta reflexión nos lleva a abrir de nuevo el debate de la gestión activa frente a la gestión pasiva.

La mayoría de los inversores reconocen que la actual situación, marcada por las políticas expansivas de los bancos centrales y los bajos tipos de interés, si bien ha durado más de lo previsto, es poco probable que persista indefinidamente. Los enormes flujos hacia la gestión pasiva y la consiguiente presión sobre las comisiones de los gestores activos han hecho que los inversores se hayan mantenido recientemente algo más alejados de la gestión activa. La reciente caída generalizada en los mercados impulsada por los efectos del Covid-19 dibuja un nuevo escenario en el que, de cara a obtener resultados, merece la pena apostar por una gestión muy selectiva de valores, ejecutada por gestores activos cualificados.

Si analizamos el índice MSCI World observamos que está compuesto por 1.600 valores, lo que podría significar a priori contar con una buena diversificación. Pero la realidad es que los 100 primeros títulos constituyen el 40% del índice y explican la mayor parte de su rentabilidad. Además, el sesgo hacia las 100 mayores empresas se ha agudizado en los últimos años porque muchas de ellas pertenecen al sector tecnológico que incluye algunas empresas de mega-capitalización en Estados Unidos, el mayor impulsor del rendimiento del índice. Sin embargo, dada esta concentración, si alguno de estos valores experimenta un comportamiento negativo, el impacto puede ser significativo, exponiendo al inversor a un sesgo no intencionado del que podría no ser consciente.

Los ciclos son naturales en los mercados, aun cuando son desencadenados por eventos como el que estamos viviendo ahora. Los inversores deben ser lo suficientemente cautelosos como para resistir el impulso de analizar solo las rentabilidades actuales con una visión cortoplacista, y en cambio entender que la situación puede cambiar completamente, y estar posicionados para poder actuar. La gestión activa con el horizonte puesto en el largo plazo es, en situaciones de gran incertidumbre, la mejor herramienta ya que esa incertidumbre puede convertirse precisamente en la vía para crear valor y rentabilidad. Por el contrario, el inversor pasivo se enfrentará a exposiciones menos óptimas desde una perspectiva de valoración, tanto por fundamentales como por riesgo.

Adicionalmente, no debemos olvidar un factor clave: la creciente importancia de las estrategias sostenibles. Los inversores tienen una presión importante para demostrar sus credenciales en la implementación de criterios ambientales, sociales y de buen gobierno: los factores ASG. Esto no solo afecta al activo en el que invierten, sino también a la necesidad de ejercer el derecho de voto y colaborar con las compañías para lograr un cambio positivo y progresivo a través de la inversión.

En algunos mercados internacionales, especialmente en Europa, ya estamos viendo inversores institucionales reestructurando su cartera hacia una estrategia de gestión cada vez más activa y enfocada en el largo plazo para poder cumplir con sus ambiciosos objetivos en sostenibilidad. Claramente, la inversión sostenible es un factor crítico para el éxito a largo plazo y este factor ha experimentado un importante impulso en el debate de gestión activa frente a la gestión pasiva.

Tras todo el análisis que hemos tratado de resumir en esta tribuna, en Willis Towers Watson somos firmes defensores de la gestión activa de alta convicción en contraposición a la gestión que abraza al índice de referencia.

Además, consideramos muy importante entender en qué invertimos para así poder hacer frente a rentabilidades no deseadas a corto plazo y evitar sesgos como los que existen actualmente en los índices. Nuestra sugerencia es aprovechar entre 10 y un máximo de 20 de las inversiones de más alta convicción de los mejores selectores de valores (de ocho a doce gestores en total), combinándolos para construir una cartera adecuadamente diversificada y en la que el nivel de riesgo esté bien controlado.

 

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