Demasiado optimismo a corto plazo y vigilantes con la inflación en EEUU

Por Guillermo Ruiz de Azúa, CFA, CAd (Director General / Director de Inversiones en Dux Inversores SGIIC y profesor en Finance Academy)

Con el comienzo de año, conviene revisar la situación económica y de mercados tanto a corto plazo como a medio. Para hacerlo, nos centraremos en EEUU por su relevancia. Vamos a empezar con el análisis a corto plazo. Si bien en el mes de septiembre los inversores se mostraban pesimistas ante el bombardeo de noticias negativas en los medios de comunicación, a partir de ese momento el S&P500 y el EuroStoxx 50 se han revalorizado un 10% y un 9% respectivamente. Actualmente, los inversores han dado un giro de 180 grados: se muestran confiados. Tácticamente, es probable que en las próximas semanas nos enfrentemos a una toma de beneficios para templar los ánimos. Puede ser un buen momento para aprovechar la subida de las cotizaciones en bolsa a nuestro favor, comprando opciones de cobertura a buenos precios como protección ante las caídas que se produzcan.

Con visión de medio plazo y con el foco puesto en la economía en EEUU, es necesario vigilar el ciclo expansivo, que dura ya más de 10 años y que está muy avanzado. ¿Por qué? Porque cuando termine podríamos replicar las caídas en bolsa del periodo 2000-2003 y del 2007-2009, que fueron del orden del 50%. Hoy en día el S&P está en los 3.275 puntos, mientras que los máximos de los años 2000 y 2007 fueron cercanos a 1.600 puntos; por lo tanto, conviene ser precavidos.

Actualmente podemos afirmar que la economía goza de buena salud. Desde septiembre no se han detectado cambios relevantes en los datos macro. El crecimiento del PIB sigue estable (2,1%) y podríamos pensar en un 2,5% para este año si se acelera la inversión en capital. La Fed y los principales bancos centrales están en modo acomodaticio ya que, por el momento, la inflación se mantiene estable.

Es necesario analizar tres indicadores clave: los diferenciales de crédito, el empleo y especialmente, la inflación. Las condiciones crediticias están en buen estado. La liquidez inyectada en el sistema sigue ayudando a reducir en el mercado el riesgo del crédito corporativo. Por ejemplo, la diferencia entre la rentabilidad de los bonos corporativos BB y los BBB se sigue estrechando, se encuentra cerca de niveles mínimos de esta expansión, pero puede seguir mejorando hasta niveles alcanzados en otros ciclos expansivos. Esta mejora en el acceso a la financiación por parte de las empresas favorece el desarrollo de su actividad principal y también se refleja en sus cuentas de resultados.

En cuanto al segundo indicador, destaca la tasa de desempleo que sigue en mínimos (3,6%) (ver gráfico). Los datos recientes de creación de empleo se mantienen fuertes, incluso superando las estimaciones de los analistas. Además, los despidos se mantienen contenidos. Con referencia al tercer indicador, los agentes económicos defienden que tanto los tipos de interés como la inflación se van a mantener bajos durante mucho tiempo. Se considera que los tipos no van a subir porque no interesa a los deudores en general, ni a los gobiernos en particular. El IPC está estable en el 2,1% (Gráfico 2) y el índice subyacente de Precios de Gasto del Consumidor (PCE) en el 1,6%. Pero entonces, ¿por qué es necesario vigilarla? Porque la inflación podría repuntar si el bajo nivel de desempleo se traduce en mayores costes en el mercado laboral, si escasea algún otro factor productivo como el petróleo o el cobre, o si el dólar cae.

Este año 2020 se prevé una posible depreciación del dólar. Se considera que el dólar se mantiene sobrevalorado y los inversores pueden optar por desplazar flujos de capital de EEUU a otros países, cuyos activos están a precios y valoraciones más atractivos. En la parte final de un ciclo expansivo, los inversores empiezan a perder la confianza en una economía, en este caso la estadounidense, y desplazan o repatrían capitales hacia otros países. Es cierto que una bajada ordenada del dólar puede ser interpretada positivamente, ya que aparte de suponer una normalización en su cotización, da oxígeno a las economías emergentes endeudadas en dólares. Pero un dólar débil provoca que EEUU sea importadora de inflación, al pagar sus importaciones en una moneda de menor valor. Además, una depreciación del dólar tiende a traducirse en repuntes en las cotizaciones del petróleo, cobre y otras materias primas.

No olvidemos que si entramos en una fase de inflaciones al alza, en algún punto los bancos centrales tendrán que actuar acorde a la nueva situación y esto puede ser el detonante de un empeoramiento en la dinámica de la economía y los mercados.

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