El riesgo es tu amigo

Álvaro Manteca Gonzalez, CFA, es miembro de CFA Society Spain, y responsable de Estrategias de inversión Banca Privada, BBVA.

¿Es malo el riesgo? En varios aspectos de nuestra vida, la respuesta es un rotundo sí. A nadie se le escapa que tenemos que evitar actividades que pongan en riesgo nuestra salud o nuestra integridad física. Fumar, llevar una vida sedentaria, montar en moto sin casco o practicar deportes extremos sin las medidas de protección necesarias, serían unos cuantos ejemplos de actividades de riesgo que todos estaríamos de acuerdo en calificar de malas.

Pero ¿qué decir del riesgo en el ámbito de los mercados financieros? La teoría de la valoración de activos financieros nos dice que el precio de cualquier inversión se debe calcular en base a los rendimientos que voy a obtener de la misma en el futuro, traídos al momento presente utilizando una tasa de descuento, que será mayor cuanta más incertidumbre exista respecto a la percepción efectiva de dichos rendimientos. Por lo tanto, riesgo en el sentido financiero del término puede definirse como exposición a la incertidumbre.

Del mismo modo, a medida que aumenta la incertidumbre sobre el resultado de la inversión, aumenta también el rendimiento esperado de la misma. A la compensación que exige el inversor por la mayor incertidumbre se le denomina prima de riesgo, que, en los actuales tiempos de represión financiera, con la tasa libre de riesgo cotizando en terreno, negativo, constituye el único factor de retorno potencial real a disposición del inversor. En este punto, conviene no olvidar que la rentabilidad de nuestra cartera es un medio para lograr un objetivo, no un fin en sí misma, por lo que el verdadero “benchmark” de una inversión debería ser al menos la tasa de inflación, que será cada vez más difícil de batir en el futuro con el actual entorno de tipos de interés ultra bajos.

Dicho esto, es evidente que el riesgo en finanzas no es ni malo ni algo a evitar, sino que es NECESARIO para poder obtener un adecuado rendimiento a medio y largo plazo. El inversor, por tanto, debe conocer en profundidad las características de los riesgos financieros y lanzarse a por aquellos en los que tenga una ventaja competitiva frente a otros inversores.

Por ejemplo, una inversión ilíquida lleva aparejada una prima de riesgo, que un inversor que tenga todo su patrimonio en activos líquidos podría capturar, ya que tiene una ventaja competitiva frente a otro inversor que tenga un mayor porcentaje de patrimonio inmobiliario, por ejemplo.

Del mismo modo, la renta variable de sectores cíclicos incorpora una prima de riesgo frente a las acciones de los sectores defensivos. Esta prima de riesgo se explica porque los sectores cíclicos tienen una correlación positiva con el estado general de la economía y, en general, cuando la economía va mal y nuestra fuente de ingresos principal peligra, estos sectores suelen tener un mal comportamiento, con lo que se agrava doblemente la situación financiera del inversor. En este caso, un inversor que no esté muy afectado por el ciclo económico, por ejemplo, un funcionario, un pensionista o una persona que viva de las rentas de sus propiedades inmobiliarias, tienen una ventaja competitiva frente a otro inversor afectado por el riesgo de que la economía entre en recesión y podrá capturar la prima de riesgo de los sectores cíclicos con mayor tranquilidad.

Otro ejemplo: una persona joven tendrá mayor capacidad que otra de mayor edad para capturar la prima de riesgo asociada a la renta variable, ya que su mayor horizonte de inversión le permite recuperar cualquier caída que pueda producirse en el precio de las acciones a corto plazo, suponiendo que su inversión esté correctamente diversificada.

El principal problema con el que nos enfrentamos los asesores financieros y los banqueros privados es hacerle entender al cliente minorista cómo funcionan los riesgos en el mundo financiero, ya que demasiadas veces nos encontramos ante el prejuicio de asociar el riesgo a un concepto malo por naturaleza y que debe evitarse a toda costa. Ya hemos visto que no es el caso en absoluto en el mundo de los activos de inversión, por lo que actuaremos en el mejor interés del cliente si conseguimos que sea consciente del papel imprescindible que jugará el riesgo para satisfacer sus objetivos vitales.

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