Información de resultados trimestral o semestral

Por Javier Borrachero Kieselack, Socio y profesor de Finance Academy, responsable de telecomunicaciones en Kepler Cheuvreux

En España próximamente se va a trasponer una directiva europea que permitirá a las sociedades cotizadas españolas difundir sus resultados con una periodicidad semestral en lugar de la actual trimestral. El Ministerio de Economía alega que la presión por generar y difundir resultados trimestrales puede llevar a que las empresas adopten estrategias "cortoplacistas" en perjuicio de políticas sostenibles de largo plazo y además puede resultar una carga "excesiva".

Creemos, sin embargo, que el enfoque que la directiva y su adaptación española realizan no es acertado.

Quizá un debate previo sería que tipo de información debe presentarse. En España, la información trimestral no incluye necesariamente unos estados financieros completos (cuya obligación de presentar es sólo anual) ni son auditados, ya que ambos requisitos de exigirse, aunque darían una información más completa y fiable, si podrían resultar una carga excesiva además de generar un problema de timing en la difusión de los mismos. Pero no es esto lo que se está planteando.

Creemos por el contrario que reduciendo la periodicidad de trimestral a semestral se está actuando contra los intereses de inversores y analistas que buscan la máxima información y transparencia para entender y evaluar un negocio y para la toma de decisiones de inversión.

Ciertamente, hay sectores en que esperar seis meses puede resultar un plazo demasiado largo, especialmente los más cíclicos o los expuestos a variaciones de moneda. En algunos países los resultados del primer y tercer trimestre simplemente presentan un menor nivel de desglose pero, al final, dar información parcial puede resultar incluso contraproducente.

También se estaría actuando contra la eficiencia del mercado, ya que un periodo más prolongado sin información puede derivar en una peor formación de los precios del mercado, y seguramente en mayor volatilidad dado que los inversores tenderían a sobrereaccionar ante la difusión de noticas, y un incremento del coste del capital y con ello una reducción del precio de la acción. Además, la tentación para el insider trading aumenta en la medida en que los directivos y consejeros dispondrían de información no pública durante más tiempo.

Tampoco parece que el coste de presentar resultados con frecuencia trimestral pueda resultar realmente mucho más gravoso para una empresa hoy en día con los avances en tecnología e inteligencia artificial. Es verdad que ese coste en términos relativos puede ser superior en ciertas empresas, como la de pequeña capitalización o empresas emergentes de crecimiento, pero seguramente son ese tipo de empresas con un menor track récord y menor cobertura de analistas las que más escrutinio necesitan del mercado, ya que son aquellas donde más fácilmente las cosas pueden ir mal.

Reducir el flujo de información también supone un riesgo de información asimétrica entre inversores con acceso al management y aquellos que no lo tienen como pequeñas gestoras o brokers. Cuando además hay un riesgo de que Mifid II reduzca el nivel de cobertura de los valores más pequeños, no parece que esta norma tenga sentido. Pero sobre todo creemos que es incorrecto pensar que se mejora el enfoque de gestión desde el corto al largo plazo generando así valor para el accionista. Cuando una empresa piensa en el largo plazo está seguramente considerando tres a cinco años, no seis meses.

Seguramente si una empresa quiere desincentivar las políticas cortoplacistas en favor de estrategias de largo plazo bastaría con introducir incentivos al equipo gestor que consideren su desempeño (performance) en ese periodo de tres a cinco años.

Sinceramente no puedo imaginarme a un director ejecutivo rechazando un buen proyecto generador de valor por haber tenido que reportar resultados trimestralmente. Y todo lo que sea difundir con menos frecuencia información financiera supone también menor capacidad de reacción de la propiedad y los accionistas ante cualquier problema de gestión y mayor riesgo de actividades fraudulentas de ejecutivos sin escrúpulos que permanecen más tiempo escondidas.

Quizá en este asunto se esté también confundiendo el problema que genera la práctica habitual de muchas empresas de comunicar objetivos de resultados trimestrales (guidance). Batir o cumplir un guidance de corto plazo puede llevar a decisiones de corto plazo destructivas de valor. Al final la clave sigue siendo la misma: una empresa debe tener una política efectiva de difundir cuales son sus objetivos y estrategias de largo plazo y como espera generar valor con ellas.

Pero si observamos el ejemplo del Reino Unido quizá no debamos preocuparnos en exceso. Solo un 10 por ciento de las empresas cotizadas dejaron de publicar resultados trimestrales cuando se derogó su obligación en 2014. Y aunque es cierto que entre las que lo hicieron el nivel de seguimiento por parte de los analistas cayó, no se observó ningún cambio significativo en sus políticas de inversión y financiación.

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