Sin síntomas para el pánico

Por Jaime Medem, director de Inversiones de Mirabaud & Cie en España

Si analizamos el mercado, no podemos hablar del mejor escenario posible, pero tampoco del peor. Es importante mantener la calma, no hay síntomas que justifiquen el pánico que algunos se empeñan en difundir.

El verano, especialmente el mes de agosto, ha traído caídas medias en las bolsas del 1,5%. Serias, pero no tanto como se preveía, ya que los parqués han aguantado soportes importantes. A nivel global, el crecimiento se está desacelerando (por debajo del 3%) por el impacto real de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Una disputa que, de momento, está afectando más negativamente a China que a Estados Unidos.

En cualquier caso, ambos países gozan de buena salud: Estados Unidos mantiene un crecimiento sólido y sigue muy soportado por el consumo (que supone dos tercios del PIB americano) ya que el consumidor continúa mostrando una gran fortaleza por el empleo (paro en mínimos) y el crecimiento de los salarios (por encima del 3%). No olvidemos tampoco que 2020 es año electoral en Estados Unidos, por lo que todo hace pensar que Trump siga apoyando el ciclo actual con nuevas medidas. China, por su parte, se dirige hacia unas tasas de crecimiento más cercanas al 6% que al 6,5% lo que, en cualquier caso, le da capacidad para adoptar medidas de estímulo y nivelar la situación.

En Europa, aunque la situación del consumidor es buena, la actividad industrial no pasa por su mejor momento, con unos datos de Alemania, principal motor del bloque europeo, que apuntan a un estancamiento. Pero creemos que la situación en Europa se estabilizará. Esperamos nuevos anuncios del BCE con rebaja de tipos e inyecciones de liquidez, fuerte incentivo para que el dinero se invierta en actividades empresariales y no en bonos de gobierno. Con respecto al Brexit, no esperamos que se dé el peor escenario para todos (salida sin acuerdo y sin pagar la factura a Europa). Pensamos más en una prórroga en busca de un acuerdo común.

La situación, claramente, genera dudas en el mercado, que afectan, sobre todo, al bajo crecimiento en Europa y la ligera desaceleración en China, pero seguimos teniendo una visión bastante constructiva con respecto a Estados Unidos, donde no creemos que se vaya a entrar en un cambio de ciclo.

Con respecto a Europa, y teniendo en cuenta que las medidas de apoyo de los bancos centrales seguirán sosteniendo un entorno de tipos bajos, apostamos por una cartera de bonos con una duración media cercana a los 4-5 años y con cierto peso en bonos de gobiernos. En renta fija corporativa, en Europa, vemos bastante limitadas las oportunidades de ganancia por precio, aunque el ciclo seguirá apoyando. Preferimos el investment grade en lugar del high yield, área ésta última para la que sí vemos recorrido y una mayor liquidez en Estados Unidos, por lo que mantenemos algunas posiciones estadounidenses en nuestras carteras. Por último, aunque no menos importante, seguimos viendo oportunidades a la vuelta de verano, y tras la corrección de algunas divisas, en renta fija emergente en moneda local, más en Asia que en Latinoamérica.

En renta variable global apostamos por sectores como tecnología, aeroespacial y consumo discrecional. En Europa, nuestras preferencias se van a tecnología, seguros, farmacia y equipos para farmacia, aeroespacial y defensa. Nos sigue gustando el mercado francés como principal apuesta. Recientemente hemos subido nuestra apuesta a valores de alto dividendo en sectores defensivos, con un carácter complementario en las carteras.

En nuestras carteras mantenemos una parte en cuasi liquidez con el fin de reducir los niveles de volatilidad. Creemos que en estos momentos el cliente debe tener una cartera diversificada donde la baja volatilidad y alta liquidez sobre una parte de ella sean los factores predominantes. Esta parte cuasi líquida representaría un 20%, aproximadamente, de media.

Con todo lo dicho, nuestra visión apunta a que una cartera equilibrada estaría hoy conformada por entre un 25% y un 30% de renta variable; entre el 18% y 20% de liquidez y, con respecto a la renta fija, un reparto adecuado podría corresponderse con un 15% en renta fija de gobiernos, un 5% de emergentes y, el resto, en renta fija corporativa. En High yield recomendaríamos un peso de entre un 3% y un 4%.

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