Lo que queda de agosto puede que tampoco sea tranquilo

Por Álvaro Manteca Gonzalez, CFA, es miembro de CFA Society Spain, y responsable de Estrategias de inversión Banca Privada, BBVA.

Cualquiera que trabaje en el sector financiero (particularmente en Banca Privada), tiene un especial temor a los meses de agosto. En nuestra memoria está muy presente el verano de 1998, cuando sufrimos el default ruso y los meses de agosto de 2011 y 2012, cuando la crisis del euro no nos dejó disfrutar de unas vacaciones apacibles. Más recientemente, agosto de 2015 también fue muy convulso por la devaluación del yuan, cuyos efectos estamos volviendo a experimentar cuatro años después. En definitiva, solemos asociar el mes de agosto con caídas bursátiles agravadas por la falta de liquidez propia de estas fechas.

El año 2018 nos dejó una evolución bursátil positiva en agosto, pero no parece una apuesta muy segura confiar en la repetición de las subidas en agosto de 2019. En los pocos días que llevamos de mes, los mercados se han visto negativamente afectados por multitud de factores: desde la bajada de tipos “hawkish” de la Fed, al anuncio de nuevos aranceles a productos chinos por parte de Estados Unidos, pasando por las represalias agrícolas del gigante asiático, la persistencia de datos macroeconómicos decepcionantes, el nuevo bloqueo a la empresa china Huawei y, como colofón, la devaluación del yuan.

Para complicar el panorama de forma adicional, los mercados de renta fija están descontando un escenario de gran pesimismo y anticipan unas mayores probabilidades de recesión derivadas del agravamiento del conflicto comercial, que añade incertidumbre adicional sobre un ciclo económico que ya causaba inquietud entre los inversores. Como consecuencia de este pesimismo, las rentabilidades de los bonos soberanos se encuentran en caída libre y se adentran en muchos casos en terreno negativo, al tiempo que arrastran a la baja los rendimientos de otros activos de renta fija.

Por poner un ejemplo, a los mínimos históricos de rentabilidad en los bonos alemanes y españoles, se unen unos tipos reales en Estados Unidos (tipo nominal menos las expectativas de inflación) que se acercan peligrosamente a territorio negativo. El sector financiero se está viendo especialmente afectado y la rentabilidad de sus activos cada vez es más baja (como ejemplo extremo, recientemente hemos conocido que Nordea Bank se está preparando para ofrecer hipotecas a 20 años a tipo fijo del 0% en Dinamarca).

Sin duda todos estos temores estarán presentes a lo largo del mes de agosto, ya que no parece probable que tengamos acontecimientos que puedan rebajar la tensión de forma sostenible. En primer lugar, las negociaciones comerciales entre China y Estados Unidos se retomarán en septiembre, al igual que las reuniones de los principales bancos centrales. Por otra parte, ya se han publicado los datos macroeconómicos más relevantes tanto en Europa como en Estados Unidos, que no auguran un próximo cambio de tendencia (es más, la volatilidad en los mercados se dejará notar de forma negativa en los indicadores adelantados del mes de agosto). Tan solo la reunión de banqueros centrales en Jackson Hole a finales de mes podría dar algo de color al escenario.

Y mientras tanto, la caída de las rentabilidades de la deuda aumenta el atractivo relativo de las bolsas (de hecho, la rentabilidad por dividendo del índice Stoxx 600 consiguió la semana pasada un nuevo récord histórico frente a los bonos soberanos alemanes), pero es importante subrayar que las bolsas sólo subirán en el caso de que podamos evitar una recesión económica, lo que sigue pareciendo el escenario más probable. El riesgo más relevante, obviamente, es que todas las incertidumbres actuales terminen provocando un entorno recesivo, en cuyo caso las bolsas también sufrirán por la caída de los beneficios empresariales.

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