¿Ha llegado por fin la hora de las bolsas europeas?

Álvaro Manteca Gonzalez, CFA, es miembro de CFA Society Spain

En el mes de junio, y exceptuando la muy decepcionante evolución relativa del mercado español, que no levanta cabeza y se consolida como uno de los mercados de renta variable desarrollados con peor comportamiento en 2020, las bolsas del Viejo Continente han subido un promedio del 6%, cifra que contrasta con las alzas de menos del 2% que han experimentado los mercados estadounidenses.

La pregunta que cabe hacerse en estos momentos es si, por fin, ha llegado la hora en la que veremos un mejor comportamiento relativo de los mercados bursátiles europeos frente a los estadounidenses. La respuesta, al menos desde un punto de vista táctico, podría ser afirmativa.

Las razones son muchas, aunque la mejor situación sanitaria es sin duda la más importante. Existe en estos momentos un riesgo significativamente menor de que haya que dar marcha atrás en la desescalada en Europa que en Estados Unidos, donde se ha producido un rebrote muy preocupante de casos en varios estados norteamericanos, concretamente en lo que se conoce como el “cinturón del sol”, que incluye los estados de Texas, Arizona y Florida, que son los más afectados. En estas regiones, junto con otras como California, la pandemia parece estar actualmente fuera de control. En el conjunto del país, en número de nuevas infecciones por COVID-19 no ha hecho más que subir en las últimas semanas y las autoridades económicas han empezado a dar marcha atrás en el proceso de desescalada.

En Europa, por el contrario, los bloqueos fueron más duros y no se levantaron hasta aplanar por completo la curva de contagios, por lo que la situación sanitaria se mantiene estabilizada. Aparecen continuamente nuevos focos infecciosos, que son rápidamente controlados sin comprometer de momento ni la reapertura económica ni la capacidad del sistema sanitario. En suma, parece que Europa ha sabido gestionar la pandemia con mayor eficacia que Estados Unidos. Y cuanto antes controlemos la enfermedad, antes podremos reabrir la economía.

En efecto, los indicadores de actividad se hundieron, tanto en Europa como en Estados Unidos, cuando comenzaron los confinamientos y el cierre de las economías, pero en estos momentos, la actividad de los dos motores de la economía de la eurozona, Alemania y Francia, oscila entre un 80% y un 90% de los niveles normales. En Estados Unidos, los actuales niveles del 65% están empezando a dar señales de retroceso, a medida que se revierten los programas de desescalada en muchos estados en los que el coronavirus permanece descontrolado.

Pero, además, tenemos que contar con el apoyo de una situación política más estable y de la creciente probabilidad de que termine viendo la luz el programa de reconstrucción europeo, que se debatirá en los próximos días y que apoya sin fisuras Alemania. Si incluso los alemanes, ultra ortodoxos en materia fiscal, han aparcado temporalmente su austeridad y se replantean transferencias directas a los castigados países del sur de Europa, la señal que se está enviando al mercado es que estamos ante una crisis en la que no se utilizarán las mismas políticas que durante la Gran Recesión de 2009. Es evidente que en Berlín se ha dado un giro de 180 grados en favor de una mayor unión política y fiscal, como único medio para mantener vivo el proyecto europeo. En Estados Unidos, por el contrario, a la incertidumbre sanitaria se unirá la política, en un entorno de reelección mucho más complejo para el actual presidente Trump.

No sólo eso: las bolsas europeas no cuentan actualmente con el favor de los inversores, por lo que se hallan fuertemente infra ponderadas en las carteras de las grandes gestoras institucionales mundiales y, por supuesto, tienen en estos momentos unos niveles de valoración mucho más atractivos. Además, parecen despejarse algunos de los riesgos que más habían penalizado recientemente el comportamiento de los mercados europeos, como el derivado del dictamen de la Corte Constitucional alemana, que podría clarificarse tras el respaldo del parlamento a los programas de compra de bonos del BCE o la luz al final del túnel que parece empezar a intuirse en el bloqueo de las conversaciones del Brexit.

Por todo ello, no sería extraño que la mejor evolución relativa de los mercados de renta variable europeos continuara en el corto plazo.

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