Ganar el juego del perdedor

Por Álvaro Manteca Gonzalez, CFA, miembro de CFA Society Spain, y responsable de Estrategias de inversión Banca Privada, BBVA

En 1970, el ingeniero estadounidense Simon Ramo publicó el libro “Extraordinary tennis for the ordinary player” en el que básicamente defendía la tesis de que el tenis son en realidad dos juegos diferentes: un juego del ganador, que es el que practican los profesionales y un juego del perdedor, que aplica al resto de jugadores.

En el tenis profesional, la mayoría de los golpes son ganadores. Es decir, gana el juego el que consigue conectar un mayor número de golpes que su rival no puede devolver. Por el contrario, en el tenis del perdedor, no gana el que más golpes ganadores consigue realizar, sino el que menos errores comete. En el tenis del perdedor, no es necesario lanzar continuos golpes a las líneas, sino que basta con mantener la bola dentro del campo y esperar el error del contrario. Obviamente, el libro profundizaba en esta dirección y establecía que la mejor forma de ganar el juego del perdedor era simplemente evitar errores.

Años después, en 1998, el inversor Charles Ellis estableció una analogía entre el tenis amateur y el mundo de la inversión, utilizando el trabajo previo de Ramo. Según el autor, ambas actividades entran en la categoría del juego del perdedor. De esta forma, aunque un inversor particular pueda de vez en cuando conectar un golpe ganador, en forma de inversión en un activo que consiga un rendimiento extraordinario, es poco probable que consiga hacerlo de forma sistemática, en un mundo en el que el 90% de las operaciones son realizadas por inversores profesionales, que cuentan con recursos muy superiores a los del inversor minorista. Es más, si intentamos buscar demasiados golpes ganadores, cometeremos errores que nos llevarán con mucha probabilidad a terminar perdiendo el juego.

En consecuencia, la manera que tenemos los inversores individuales de ganar en el mundo de la inversión es no cometiendo errores ¿Y cuáles son esos errores? La respuesta es simple: siempre que tomamos una decisión de inversión, nos estamos exponiendo al riesgo de error. Por lo tanto, limitar el número de decisiones podría ser un buen punto de partida. En otras palabras, comprar una acción que alguien nos ha dicho que es un chollo, entrar y salir constantemente del mercado, hacer un exceso de operaciones de compra y venta o cambiar a menudo nuestro perfil de riesgo, entrarían dentro de los comportamientos que podrían conducir a la acumulación de errores que terminarían comprometiendo nuestros objetivos a largo plazo. No ya sólo por los efectos negativos de los costes asociados a las operaciones de compra y venta sino, sobre todo, porque al ocasional golpe ganador (que podría ser perfectamente fruto de la suerte), seguirán toda clase de golpes a la red y lanzamientos fuera de las líneas, que harán inútiles los aciertos puntuales que podamos tener.

Si no queremos cometer errores en el mundo de la inversión, sólo hay que cumplir dos mandamientos básicos: una adecuada y completa diversificación de nuestro patrimonio y mantener de forma disciplinada un horizonte de inversión de largo plazo, sin que nos afecten los sesgos emocionales que nos llevan a elegir mal los momentos de entrada y salida del mercado. En definitiva, tener la humildad necesaria para ser conscientes de que participamos en un juego del perdedor y no podemos pretender enfrentarnos con Rafa Nadal o Serena Williams con unas mínimas probabilidades de éxito.

Es altamente probable que no consigamos muchos puntos ganadores y que no seamos capaces de identificar el próximo Microsoft, Amazon o Netflix, pero terminaremos llevándonos el partido. El tiempo y la paciencia son nuestros aliados, así que dejemos que trabajen para nosotros.

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