Las diferencias entre las dos principales vías de salir a bolsa

Por Ricardo Jiménez / SigmaRocket

En la primera mitad de 2021 se han alcanzado máximos históricos a nivel global en la captación de fondos a través de salidas a bolsa. Según Baker Mckenzie, se alcanzan a nivel mundial los 246.280 millones, impulsado por el mercado americano donde se han dado operaciones por más de 134.000 millones de euros.

Una Oferta Pública de Venta (OPV) es la forma más habitual de salir a cotizar. Es un proceso en el que normalmente la empresa emite nuevas acciones buscando financiación para sus planes de crecimiento, aunque también pueden ser los actuales accionistas los que venden parte de sus acciones. La empresa contrata a uno o varios bancos de inversión, que se encargan de dar a conocer la compañía y su modelo de negocio entre inversores, asegurar la colocación, y deseablemente, asignar las acciones entre aquellos inversores institucionales cuyo perfil encaja mejor con el plan de crecimiento de la compañía. A cambio cobran una comisión de entre el 3% y el 5% del valor de los fondos captados.

Frente al optimismo de inicios de ejercicio, en España se han captado 145 millones de nuevos fondos en la primera mitad de año. Se han producido una serie de expectativas fallidas, principalmente en el sector de renovables o el más reciente ejemplo de PrimaFrio. Estas cancelaciones han vuelto a abrir el debate si las OPV es el mecanismo más adecuado para acceder a los mercados de capitales, debido a la incertidumbre de su resultado final, su coste y el largo plazo de tiempo de ejecución. A este debate, se une el hecho de que el mercado español no cuenta con instrumentos que agilizan las salidas a bolsa, como las famosas Spacs, o bien tienen un uso muy limitado, como el llamado direct listing, utilizado por Línea Directa que en realidad es una escisión (spin off) de algo que ya cotizaba dentro de Bankinter.

Cotizar en bolsa puede lograrse también a través de una colocación privada a un grupo de inversores cualificados, con menor liquidez y visibilidad o por medio del llamado direct listing . Este último, es un proceso por el que los accionistas de una compañía privada ofrecen acciones ya existentes, directamente al público en general, buscando liquidez para su inversión.

El direct listing, presenta numerosas ventajas para los accionistas iniciales de la compañía. Es una alternativa más ágil, más rápida y más y barata que una OPV tradicional, al reducir costes e intermediarios, eliminando la figura del banco asegurador. Se elimina también el tradicional descuento de OPV que los bancos aseguradores piden a la empresa y que beneficia a los inversores a los que dichos bancos asignan las acciones. No se realiza ningún tipo de bookbuilding y posterior proceso de adjudicación de acciones. Todos los potenciales accionistas, sean institucionales, hedge funds o minoritarios tienen acceso a comprar las acciones al mismo tiempo. Es la fuerza de oferta y demanda la que va a determinar el precio de la compañía y el volumen de acciones que se venden. Esta subasta puede producir inicialmente mayores fluctuaciones en el precio. Por otro lado, si es una subasta pura, da lugar a mayor liquidez de la acción, al colocarse un mayor porcentaje en Bolsa, respecto al cada vez menor porcentaje de capital que se coloca en las OPV. Otra de las ventajas de este proceso es que no existe el denominado lock up period, ese periodo de tiempo tras una OPV en que los accionistas iniciales no pueden vender mas acciones. Normalmente un direct listing no supone la emisión de nuevas acciones, lo que evita la dilución de los primeros accionistas.

Habitualmente limitado el direct listing a compañías más pequeñas, el acceso al mercado de compañías como Spotify (4.700 millones de dólares), CoinBase (5.800) o Wise (11.000) ha demostrado que esta fórmula es también válida para compañías de gran capitalización. Se elija el camino de la OPV o del direct listing, al final del proceso la compañía pasa a incorporarse a un mercado público. A partir de ese momento, está sometida a las reglas de información y transparencia del mercado. En el direct listing, la compañía necesitará ser muy proactiva en su comunicación con el mercado para captar, mantener y ampliar el interés de los inversores.

Sea a través de una OPV, de una SPAC o de un direct listing, los emprendedores que crean y desarrollan empresas, cada vez tienen más formulas con las que cristalizar el valor que han creado y obtener liquidez para sus proyectos.

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Toca esperar con mucha paciencia la oportunidad

Por Pedro Escudero, Consejero delegado de DPM Capital

Los mercados están inundados de liquidez y todo sube. Los grandes bancos centrales del planeta han creado un mundo donde no existe la posibilidad de invertir y tener un buen retorno con un margen de seguridad apropiado.
Con una especulación en niveles máximos, ahora son tiempos de espera y paciencia hasta que los mercados vuelvan a abrirse a oportunidades. La espera puede ser de muchos trimestres e, incluso, años. El mercado no se enfada si uno no participa y queda al margen durante una temporada.

La historia financiera nos recuerda que hay momentos donde la irracionalidad domina los mercados. Las burbujas de mercado crecen y crecen, y no pocos las justifican agarrándose a algún componente racional que siempre está presente.

En el caso que ahora nos ocupa, por ejemplo, parece razonable decir que los mercados seguirán inflándose mientras los bancos centrales sigan imprimiendo dinero a la velocidad que lo están haciendo hsta ahora y, por lo tanto, nada va a cambiar a corto plazo. Y es que, toda acción tiene su reacción.

Muchos, seguramente la gran mayoría de inversores, han elegido jugar al juego de la música y las sillas. Quizá, cuando la música se apague, algunos puedan encontrar una silla en la que refugiarse, pero no todos. Mientras esto sucede, unos pocos hemos optado por esperar y quedarnos fuera de un juego que parece peligroso.

Nunca en la historia se ha pagado más por ventas llevadas a futuro como ahora y adquirir crecimiento en ventas es como comprar aire. Una empresa no tiene más que bajar los precios por debajo de coste (perdiendo dinero todos los días, claro) para que las ventas se disparen.

Estamos en un periodo de fuerte especulación. El mercado y sus partícipes están enfocados en pagar precios cada vez más altos por algunas cotizadas que pueden crecer en ventas, pero que en realidad no tienen ningún beneficio.

Cuando el dinero es abundante y los mercados y sus partícipes viven momentos de euforia es cuando llegan los errores garrafales porque, básicamente, muchos no saben qué hacer con el dinero. De todas las empresas que están saliendo a bolsa quién sabe cuántas seguirán en funcionamiento dentro de un año.

Muchas aguantarán hasta que se les acabe el dinero en caja o hasta que llegue el último tonto que está dispuesto a meter dinero en un pozo sin fondo. Decía Benjamin Franklin (uno de los padres fundadores de Estados Unidos además de político, polímata, científico e inventor) que es difícil para un saco vacío sostenerse solo y derecho. Solo es cuestión de tiempo que toda esta burbuja empiece a desinflarse.

¿Qué hacer entonces? La clave es no participar de las locuras que se están realizando en los mercados y darse cuenta de que éste está hecho por personas humanas y, como tales, está dominado por emociones.
Ahora, con la ayuda de la liquidez masiva inoculada por los bancos centrales, estamos en un momento maniaco de máxima especulación y hay que saber reconocer los riesgos. La mejor alternativa es esperar y seguir el proceso de mejora de uno mismo.

Es decir, seguir investigando, leyendo sobre empresas, modelos de negocios, etcétera, pero sin participar y esperar hasta que los mercados cambien y lleguen de nuevo los precios razonables con márgenes de seguridad para la inversión. En definitiva, hay que tener paciencia y saber esperar.

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¿El fin de la cartera 60/40?

Por Luis Sánchez de Lamadrid, director general de Pictet WM

Históricamente, los principales activos de la cartera equilibrada han sido renta variable y bonos a largo plazo, 60% renta variable y 40% deuda del Tesoro a diez años. Esta asignación puede parecer muy agresiva en mercados volátiles y muy conservadora en tiempos tranquilos. Ha perdido esplendor ante rentabilidades a vencimiento de los bonos insignificantes, incluso reales negativas. Las personas viven más tiempo y tienen que asumir más riesgo para mantener una misma rentabilidad esperada. De manera que la cartera 60/40 necesita ser re optimizada con necesidad de alternativas.

Una es la inversión al estilo fondos de dotación, “endowment”, que, para incrementar rentabilidad a largo plazo, incorpora exposición sustancial a capital privado, que puede ser buen sustituto de la renta variable, activos reales y estrategias de rentabilidad absoluta, con oportunidades de explotar ineficiencias y mayor diversificación. Es el estilo adoptado por organizaciones sin ánimo de lucro para garantizar la autosuficiencia y solidaridad intergeneracional. Su principal objetivo es cubrir gastos y mantener poder adquisitivo a perpetuidad. Su objetivo de rentabilidad anual total a largo plazo es 5 a 6% (ajustado a inflación). El mayor es el de la Universidad de Harvard, 38.300 millones bajo gestión, seguido de los de la Universidad de Texas y de Yale. Nuestra previsión es que proporcionen 5,8% de rentabilidad anual los próximos diez años, 6,9% los mayores. Son rentabilidades a largo plazo atractivas, pero requieren conocimientos y una inversión inicial sustancial, sin gozar de la liquidez de los mercados cotizados.

En la burbuja tecnológica de 2000 se comportaron mejor que la renta variable y que las carteras 60/40. Luego, en la Gran Crisis Financiera, superaron a la renta variable, pero lo hicieron peor que las carteas 60/40. Hay que tener pueden proteger significativamente de caídas en renta variable, pero requieren evitar vender activos ilíquidos con urgencia. Su volatilidad ha sido similar al de las carteras 60/40, pues, al invertir en activos ilíquidos, suavizan variaciones en los precios.

Por término medio invierten 30% en activos alternativos, aunque los de más de 1.000 millones de dólares bajo gestión llegan a 60% y se comportan mejor. De hecho los más grandes han reducido peso en renta variable cotizada de 45% en 2002 a 30% en 2020 y aumentado activos alternativos de 32% a 59%. Incluso el fondo de la Universidad de Yale pretende llegar a 75% en alternativos.

En cualquier caso, como en la gestión de patrimonios multigeneracional, estrategias y principios de inversión son similares en horizontes de inversión a largo plazo. En ambos casos se trata de mantener y aumentar capital en términos reales. Para ello se intenta maximizar rentabilidades ajustadas al riesgo con activos globales, limitadas necesidades de liquidez y gran tolerancia para correcciones a corto plazo. Además, suelen estar gestionadas por equipos que aprovechan conocimientos de terceros globalmente.

Ahora bien, los objetivos de la familia son complejos. El primero es la seguridad financiera ante riesgos desconocidos, el segundo, mantener y aumentar patrimonio descontando la inflación y, por último, un impacto positivo, más basado en emociones. Ahora bien asignar activos estratégicamente teniendo en cuenta estos tres objetivos es un paso importante en la aproximación a la cartera tipo ‘endowment’.

En concreto, un riesgo clave es la inflación. De manera que la mayor parte de este tipo de carteras debe invertirse en renta variable y activos inmobiliarios, que proporcionan flujos de efectivo. Además, se requiere prudencia respecto a necesidades de efectivo, pues una venta forzosa a precios desfavorables puede influir considerablemente en el valor a largo plazo. A ello se añade que cuando aumenta la volatilidad los inversores privados tienden a volverse más reacios al riesgo y buscar liquidez, siendo poco propensos a mantener posiciones contrarias al mercado. Pero cambiar de política de inversión en épocas de tensión puede llevar a pérdidas permanentes. Ya en 1979, los premios Nobel Daniel Kahnemann y Amos Tversky mostraron que las pérdidas tienen un efecto emocional más fuerte que los beneficios, paso previo para decisiones irracionales. Además, los inversores no evalúan de forma realista la probabilidad de eventos extremos. Estos efectos pueden mitigarse asumiendo la filosofía de inversión tipo ‘endowment’.

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Y en 2022, ¿qué hacemos?

Por Álvaro Manteca González, CFA, miembro de CFA Society Spain, y responsable de Estrategias de Inversión Banca Privada, BBVA AM.

Todavía falta casi medio año, pero puede ser útil empezar a pensar en los escenarios económicos que parecen más probables para 2022 y cómo tendríamos que posicionar las carteras en consecuencia.

En líneas generales, los escenarios principales son dos, uno más benigno y seguramente con una mayor probabilidad de ocurrencia y otro que implica una mayor complejidad, que en ningún caso podemos considerar como muy improbable. Ambos escenarios nos dejarían unos movimientos muy diferentes en los activos financieros mundiales.

El escenario favorable es básicamente el mismo que, en líneas generales, se ha desplegado durante la primera mitad de 2021: aunque a un menor ritmo, la recuperación económica mundial continuaría siendo sólida, mientras que la desaparición de los efectos de base para el cálculo de la inflación permitiría unos niveles de precios más bajos. Por otra parte, los bancos centrales continuarían apoyando con políticas monetarias expansivas y la reducción de los programas de compra de activos iría más despacio de lo esperado por el mercado. Asimismo, el soporte fiscal seguiría siendo amplio, sin descartarse nuevos programas de apoyo en las economías avanzadas.

En este entorno, las rentabilidades de los bonos soberanos recuperarían su tendencia alcista y los sectores económicos más beneficiados volverían a ser los cíclicos, mientras que el estilo “value” retomaría una mejor evolución relativa frente al estilo “growth”. Del mismo modo, el rendimiento bursátil de las empresas más pequeñas superaría al de las grandes y las bolsas europeas serían las claras beneficiarias en este entorno.

No obstante, el otro escenario es más complejo. En el mismo, el crecimiento económico mundial empezaría a flaquear en la parte final de 2021, de la mano precisamente de los grandes contribuidores hasta ahora: Estados Unidos y China. Es un hecho que el gigante asiático se está desacelerando, hasta el punto de que las autoridades monetarias han cambiado el paso recientemente, promoviendo una bajada en el ratio de reservas exigido a la banca y relajando las condiciones financieras, como avalan los últimos datos de crédito publicados. Por su parte, los indicadores adelantados ISM en Estados Unidos han tocado máximos (en marzo el componente manufacturero y en mayo el de servicios), lo que sugiere que acaba de dejar atrás el momento de máximo impulso de crecimiento del PIB. En este escenario, la desaceleración económica en las dos mayores economías del planeta sería mayor de la esperada, mientras que otras áreas geográficas llamadas a tomar el relevo, como Europa y los países emergentes excluyendo a China, no podrían compensar el crecimiento perdido por las dos mayores economías del planeta, un temor que está tomando forma en la actualidad, por la extensión de la variante delta del coronavirus.

Si se consolida este crecimiento mundial menor de lo esperado en 2022, los rendimientos de los bonos volverían a caer, mientras que la renta variable podría sufrir caídas, especialmente intensas en los sectores cíclicos y el estilo “value”. De hecho, el reciente comportamiento en los mercados financieros mundiales es una señal de que los inversores están empezando a asignar una mayor probabilidad de ocurrencia a este escenario, coincidiendo con el punto de inflexión en los indicadores adelantados y la mayor preocupación sanitaria.

¿Qué hacer ante estos dos escenarios? En primer lugar, es preciso insistir en que parece más probable el escenario benigno. Los motivos son varios, pero podemos destacar algunos: el primero es la falta de austeridad fiscal, que hizo mucho daño a la recuperación económica tras la crisis financiera. En estos momentos, el debate sigue siendo si está justificado un estímulo fiscal adicional, mientras que el objetivo de lograr el equilibrio presupuestario en el corto plazo brilla por su ausencia.

Otro factor relevante es que no se ha producido una destrucción de riqueza significativa entre los agentes económicos, ya que las autoridades de las economías avanzadas han actuado con rapidez y decisión para evitar que la crisis sanitaria derivase en una crisis económica de gran magnitud y han implementado multitud de programas de ayuda pandémicos, que han mantenido los ingresos de las capas de población más vulnerables, que durante la pandemia han sido aquellas que no podían optar por el teletrabajo. Además, el aplazamiento forzoso de ciertas actividades relacionadas principalmente con el ocio y el consumo de servicios, ha supuesto un importante aumento de la tasa de ahorro de las familias y cuando se puedan retomar los planes interrumpidos por la COVID-19, la normalización de la tasa de ahorro también impulsará al alza la demanda agregada.

Con todo, una estrategia que parece razonable y que además nos permitiría aprovecharnos de la baja correlación actual entre los estilos “growth” y “value”, es mantener una cartera sobreponderada en empresas cíclicas y estilo “value”, al tiempo que mantenemos una posición estratégica en empresas “growth” de alta calidad, que mostrarían una mejor evolución relativa si se termina materializando el escenario adverso. Por otra parte, en el mercado de renta fija soberana, podría plantearse un posicionamiento algo menos corto en duración, aunque la reciente caída en los rendimientos de la deuda estadounidense resta atractivo a este movimiento de cara a 2022

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Lo reiteramos: Mucho cuidado con un nuevo rebote del oro

Por Carlos Almarza, Analista de mercado en Trader35

Ya lo advertíamos a finales de marzo con el oro por debajo de los 1.700 dólares. Un rebote sí, pero mucho cuidado con el brillo del oro. Así ha quedado patente este pasado junio con una potente pauta envolvente bajista mensual que amenaza la reanudación de su tendencia a plazos largos. Sus opciones de entrar en subida libre absoluta siguen intactas, pero no deja de ser una prueba de debilidad, un aviso a navegantes que no pasaríamos por alto. Las series de precios tienen memoria, reflejo de la psicología de masas, y podríamos estar ante una situación de mercado similar a la acontecida durante el último trimestre de 2011 y 2012.

La cuestión crucial es: ¿Qué ha hecho el precio? La respuesta a día de hoy es que, tras marcar máximos históricos sobre los establecidos en 2011, sobre los 2.000 dólares, la presión alcista no ha logrado seguir avanzando en terreno desconocido y ha dado muestras de flaqueza, planteando la posibilidad de lo que se conoce en análisis técnico como fallo alcista. Invita a la prudencia.

Lo más probable es que el metal dorado se mantenga en próximas semanas sobre la zona de soporte de los 1.700/1.670 dólares, cuyo alcance provocaría probablemente la aparición de interés comprador y un nuevo rebote que se dirija a atacar la zona de los 1.960 dólares, pero seguiríamos sin confiar en la reanudación de la tendencia. De momento hablamos de una fase lateral de indefinición que consumirá más tiempo y que podría ser resuelta por lo que suceda con el dólar. Generalmente la relación del oro con el dólar es inversa y bien podríamos estar ante el origen de la reestructuración al alza del dólar, algo bajista para el oro.

Muchos inversores y casas de análisis en sus proyecciones han venido dando por hecho que veremos precios mucho más altos en el oro en próximos años, o incluso este mismo 2021, fruto de las expectativas de inflación y de una potencial depreciación del dólar, que, como apuntamos, también se está viendo cuestionada en las últimas semanas. No lo daría por hecho, no sería tan optimista con el metal dorado, sino más bien lo contrario, máxime si cede la zona de los 1.670 dólares.

De momento confiaríamos en que aparecerá interés comprador en soportes, pero insistimos en que un nuevo segmento alcista seráprobablemente vulnerable y mientras no supere mínimamente los 1.960 dólares, objetivo del rebote, no hablaremos de fortaleza, sobre todo con el Índice Dólar manteniéndose sobre las 88 unidades. Consideramos las 88 unidades como la línea divisoria entre un escenario de fortaleza y uno de debilidad. Todo apunta a que el Índice Dólar ha reproducido prácticamente con exactitud en términos de amplitud la fase lateral desarrollada entre 2008 y 2011, la fase lateral de la anterior gran recesión. Como a mediados de 2011, podría tomar un camino ascendente a pesar de la creencia de que la política ultraexpansiva de la Fed va a deteriorar su valor. Nuevamente podemos afirmar que la serie de precios tiene memoria.

Resumiendo, tenemos dos niveles muy importantes perfectamente identificados, las 88 unidades del Dollar Index y los 1.670 dólares del oro. Ceder el entorno de los 1.670 dólares en próximos meses sería una muy mala noticia para sus aspiraciones, lo devolvería probablemente al ostracismo que ha sufrido el metal dorado entre 2011 y 2018, y solo confiaríamos en su reanudación alcista si supera al menos los 1.960 dólares. Mientras eso no suceda, mucho nos tememos que eventuales rebotes no serán sostenibles en el tiempo y serán poco fiables.

La retirada de estímulos no será buena

Mucho tendrá que decir probablemente la esperada cumbre de Jackson Hole, en Wyoming, donde cada año se celebra el encuentro más importante de banqueros centrales que puede marcar el devenir de los mercados para próximos años. Genera cierto respeto entre los inversores la inevitable retirada de estímulos monetarios. La cuestión será obtener pistas sobre cuando tomará cuerpo.

El pasado año Jerome Powell anunció la flexibilización del objetivo de inflación ante la constatación de que ni el dinero barato, ni los bajos niveles de paro en los últimos años han provocado aumento de precios. La prioridad es la recuperación y un mercado laboral fuerte ante una situación excepcional como fue el shock que provocó la pandemia en la Economía, pasando la inflación a un segundo plano. La deriva que está tomando la inflación en los últimos meses se presenta como la espada de Damocles del mercado, el potencial detonante del temido tapering, pero tampoco parece inminente que la Fed esté dispuesta a sacrificar la recuperación, que renuncie a sus políticas ultraexpansivas mientras la tasa de desempleo no vuelva a aproximarse al 4%. En todo caso, antes o después, la retirada paulatina de estímulos será deflacionaria y provocará probablemente más fortaleza en el dólar, lo que no será buena noticia para el oro.

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Con el foco puesto en la inflación en EEUU

Por Guillermo Ruiz de Azúa, CFA, CAd (Director General / Director de Inversiones en Dux Inversores SGIIC y profesor en Finance Academy)

Acabamos de dejar atrás el primer semestre del año y la evolución de las principales economías ha sido muy positiva. Asimismo, los principales índices bursátiles han tenido fuertes apreciaciones. Por ejemplo, tanto el Índice S&P 500 como el Índice EuroStox 50 se han revalorizado un 14,4% en este periodo. Con la vista puesta en este segundo semestre, vamos a repasar la situación y las perspectivas para la economía y los mercados de renta variable. Para ello, como en otras ocasiones, nos centraremos en EEUU por su liderazgo.

La economía continúa recuperando con brío su actividad. El último dato del PIB de finales de marzo ha reflejado un crecimiento del 6,4%. Y el índice PMI de actividad manufacturera y su componente de precios se mantienen en niveles altos (60,6 y 92,1 respectivamente) a finales de junio.

A nivel económico, tal vez lo más relevante en los próximos meses vaya a ser el nivel de inflación y su persistencia. Y ¿por qué es esto importante?, porque si la inflación y las expectativas de la misma se mantienen altas, la autoridad monetaria (la Reserva Federal, Fed) se verá obligada a tomar medidas restrictivas de liquidez (hawkish) para frenar el recalentamiento de la economía. Un entorno de menor liquidez afecta negativamente a la financiación de los agentes económicos, con el consiguiente impacto negativo en la actividad económica y en los resultados empresariales.

En este sentido, el día 16 de junio, la Reserva Federal sorprendió a los mercados con un tono más restrictivo en su discurso y poniendo encima de la mesa el debate de si es o no conveniente comenzar a drenar liquidez gradualmente (lo que se conoce como tapering). Estos comentarios tuvieron una respuesta inmediata en los mercados de capitales.

Se produjo un aplanamiento de la curva de tipos de interés (repuntó el tipo del bono a 2 años, mientras que cayó el tipo a 10 años), el dólar estadounidense se fortaleció y se produjeron caídas temporales en los índices bursátiles.

Sin embargo, y pasada esta reacción inicial en bolsa, los inversores han pasado página por el momento ya que consideran que la Fed optó por lanzar un mensaje hawkish para relajar las expectativas de inflación, sin necesariamente acompañar este discurso con medidas restrictivas ciertas.

Cabe recordar que la Fed no va a actuar mientras no se cumplan al mismo tiempo tres condiciones: 1) que la inflación alcance el 2%, 2) las expectativas de inflación superen el 2% consistentemente, y 3) se recupere el pleno empleo. Según los últimos datos de finales de mayo, la inflación y el subyacente del PCE han sido del 5% y del 3,4% respectivamente, ambos superiores al 2%.

Así mismo, las expectativas de inflación a 5 años vista medidas a partir de junio de 2026 según la Fed de St. Louis, también están por encima del 2%. Respecto a la tercera condición, pareció que la Fed daba por hecho que la economía va a alcanzar pronto el pleno empleo. Esto último no se está viendo todavía en las cifras publicadas puesto que el último dato de desempleo de finales de junio ha sido del 5,9%.

Cuando nos fijamos en los mercados, seguimos en un entorno parecido al de los últimos meses. Por un lado, continúa el mejor comportamiento de los sectores cíclicos (consumo discrecional, energía, financiero, industriales, materiales y tecnología) frente a los sectores defensivos (consumo básico, salud, eléctricas, inmobiliario y telecomunicaciones), lo cual es un signo de robustez en la recuperación económica. Por poner un ejemplo, si los repuntes del petróleo y de los tipos de interés fueran a hacer mella en el consumidor, lo veríamos reflejado en un peor comportamiento del sector de consumo discrecional. Por el momento, esto no está sucediendo.

Por otra parte, las condiciones crediticias: el Conference Board US Leading Index Leading Credit Index se encuentra en niveles mínimos. Si hubiera un empeoramiento en las perspectivas económicas futuras, cabría observar un cierto deterioro en el crédito. No es el caso actualmente.

En cuanto al sentimiento de los inversores, estos continúan especialmente optimistas y aunque en algún punto pueda convertirse en una dificultad para que las bolsas continúen su ascensión, no nos preocupa todavía dado el entorno actual de abundancia de liquidez.

Por último, y a pesar de los todos los factores positivos que observamos, tradicionalmente el periodo entre agosto y octubre suele corresponderse con peores retornos en bolsa. Para inversores más tácticos, puede tener sentido posicionarse con un menor peso en renta variable del que habitualmente tendrían invertido.

Con todo ello, pensamos que en adelante la clave está en la inflación. Si los repuntes actuales en los precios del consumidor se relajasen en los próximos meses, la Reserva Federal no tendría prisa en restringir los estímulos monetarios y priorizaría seguir apoyando la actividad económica.

Por el contrario, si nos enfrentásemos a niveles de precios altos y persistentes, pensamos que la Fed pasaría de los dichos a los hechos: entraríamos en un régimen monetario restrictivo y un nuevo entorno económico y de mercados

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Los emergentes pueden seguir proporcionando rentabilidades excepcionales

Por Patrick Zweifel, economista jefe de Pictet AM,

Los mercados emergentes tuvieron una fuerte racha alcista en 2020 y los inversores se enfrentan a que los próximos trimestres se comporten peor ante el aumento de la rentabilidad a vencimiento de la deuda de EEUU. Pero es poco común que en períodos de fuerte crecimiento económico como el actual estas economías se expandan menos rápido que las desarrolladas.

De hecho acciones y bonos de mercados emergentes pueden seguir proporcionando rentabilidades excepcionales, ya que se comportan mejor en períodos de alta inflación y fuerte crecimiento. Históricamente, es el mejor entorno para los mercados emergentes, incluso coincidiendo con el aumento de la rentabilidad de los bonos de EEUU. En 1950, cuando la inflación mundial superaba 2% y el crecimiento del PIB mundial estaba por encima del promedio de cuatro años, las acciones de emergentes proporcionaron rentabilidades anuales medias superiores al 20%, muy por encima de otras 25 clases de activos y la deuda en moneda local de emergentes 14 %, más del doble que los bonos de EEUU y significativamente más que otra deuda, aparte de la de alta rentabilidad, que tiende a comportarse como la renta variable en dichos periodos. Incluso la deuda soberana de emergentes en dólares obtuvo mejores resultados que los bonos soberanos de mercados desarrollados y que el crédito de grado de inversión.

De hecho hay cuatro impulsores favorables para los mercados emergentes: auge del comercio mundial y materias primas, robusto crecimiento en China y un dólar que parece destinado a debilitarse.

Respecto a la inflación, se debe a shocks de oferta, pues los bloqueos han causado cuellos de botella del suministro, afectando a los precios de las materias primas. Algunas de estas presiones se desvanecerán a medida que las economías reabren.

Pero, gracias a los extraordinarios niveles de estímulo fiscal de EEUU, podemos estar ante el ciclo más fuerte comercio global en casi 30 años. Aunque el ritmo de crecimiento haya alcanzado máximos en China, esta debe seguir apoyando a las economías emergentes, pues pasa de crecimiento impulsado por exportaciones a nacional, lo que favorece las importaciones (las de cobre y hierro están 33 y 78 % por encima de tendencia). De hecho las exportaciones globales estaban en febrero en su promedio a largo plazo, básicamente atribuible a emergentes. Adicionalmente, el American Jobs Plan del presidente Biden supone 1,3 billones en demanda de materias primas, que se benefician de su condición de cobertura contra la inflación. Más aún, esperamos que el dólar se debilite, dando nuevo impulso a las materias primas y reduciendo el coste de la deuda de los prestatarios emergentes.

Por otra parte, aunque el aumento de la rentabilidad a vencimiento de la deuda de EEUU puede sugerir peor comportamiento de los mercados emergentes, pues aumenta el coste de sus préstamos y tiende a devaluar sus monedas, el efecto negativo de la depreciación de estas monedas ocurre cuando el crecimiento en estos países es relativamente débil o se desacelera. Un fuerte crecimiento económico, incluso en un entorno inflacionario, conduce a la apreciación, sobre todo de monedas asiáticas y latinoamericanas. Es verdad que en 2013 la Reserva Federal recortó la compra de activos y causó estragos en los mercados globales. Pero entonces el aumento de la rentabilidad de la deuda de EEUU coincidió con un débil crecimiento en economías emergentes. La depreciación de las divisas llegó a ser 18 % entre enero de 2013 y febrero de 2014, con los países con déficit por cuenta corriente más duramente afectados.

Esta vez, sin embargo, el crecimiento en economías emergentes sigue fuerte y no hay razón para que sus monedas se deprecien y causen pánico entre inversores extranjeros. Además, se da la circunstancia de que las necesidades de financiación externa de los países emergentes con mayor déficit por cuenta corriente son actualmente considerablemente menores que en 2013. De ahí que la depreciación de estas monedas sea momento modesta y concentrada principalmente en la lira turca, atribuible a sus especiales circunstancias.

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Mercados artificialmente sobrevalorados

Por Pedro Escudero, Consejero Delegado de DPM Capital

Los mercados indican que, aún con la inflación al alza, las tasas de interés no están aumentando e incluso parece que quieren caer. La inflación no suele bajar rápidamente, ya que los precios de determinados bienes y servicios necesitan tiempo para ajustarse después de haberse incrementado. Los precios de muchos activos de gran peso en nuestra economía, como la renta variable o los inmuebles, suelen tener una referencia muy directa con las tasas de interés a largo plazo, ahora artificialmente alteradas por la acción de los bancos centrales.

Los números son realmente alarmantes. Entre la Reserva Federal y el Banco Central Europeo están inyectando a la economía billones de dólares. Esta política, que busca evitar un descalabro económico como consecuencia de la pandemia, está empujando el precio de los bonos y haciendo caer sus tasas de interés, al mismo tiempo que hace subir el precio de otros activos. Los mercados están artificialmente sobrevalorados por una estrategia de los bancos centrales que tiene como objetivo aumentar el valor de los activos para generar sensación de riqueza y, en última instancia, aumentar el gasto de los consumidores contribuyendo así a la recuperación de la economía.

¿Qué hacer en estas circunstancias? En primer lugar, entender lo que está sucediendo y aceptar que la sobrevaloración de activos no puede persistir para siempre. En algún momento, los bancos centrales van a tener que dejar de imprimir dinero y, entonces, las tasas de interés a largo plazo van a subir y los mercados de renta variable comenzarán a ajustarse. En segundo lugar, hay que estar preparado para ese momento manteniendo posiciones solo en aquellos activos que presenten actualmente valoraciones históricamente bajas. Como no hay muchos activos con estas características, lo más racional es mantener menos posiciones invertidas. En tercer lugar, y como consecuencia de lo anterior, debemos reducir la exposición a los mercados al entender que cuando llegue la corrección va a ser imposible predecir el momento exacto en el que se producirá.

Tan importante como lo anterior es saber actuar cuando lleguen por fin las correcciones. En esa situación, las posiciones con valoraciones bajas seguramente también caerán, aunque deberían hacerlo menos que el mercado en general. Hay que mantener la calma para pensar en qué activos debe uno posicionarse con vistas al futuro.

El trabajo de preparación para poder invertir con éxito cuando los mercados dejen de estar artificialmente altos debemos hacerlo con meses de antelación. Por eso es crucial ese tiempo y esas horas que ahora dedicamos a la investigación y lectura que, cuando los inversores empiecen a vender porque sientan el miedo y las emociones, nos va a permitir posicionarnos en aquellos activos que consideramos ganadores a futuro. Uno debe entender que aunque los mercados estén en estos momentos muy altos la ventana de oportunidad, tarde o temprano, se abrirá y debemos estar atentos y preparados para ello.

Las consecuencias de mantener mercados artificiales, es decir, de imprimir trillones de dinero están todavía por ver. Parece lógico y racional pensar que habrá todo tipo de efectos secundarios y consecuencias futuras de este nuevo experimento a nivel mundial. Japón ya hizo algo parecido en el pasado, pero la combinación de los principales bancos centrales del mundo imprimiendo sumas enormes de dinero a la vez es algo que nunca ha sucedido en la historia de la economía. El retorno de la renta variable en los próximos años podría ser mucho más moderado, e incluso negativo, conforme los bancos centrales empiecen a revertir o hasta cancelar sus políticas de inyecciones de dinero.

En un momento como el actual en que los inversores se sienten muy seguros y creen que no pueden perder es propicio para una reflexión y un análisis detallado de las valoraciones bursátiles. El proceso natural es volver de lo artificial a lo no artificial y de unas valoraciones estratosféricas a unos mercados con precios basados en fundamentales. Prepárense para unas bolsas difíciles según la pandemia siga retrocediendo y desapareciendo de nuestras vidas.

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¿Apostar por las apuestas?

Por John Plassard, experto en inversiones de Mirabaud & Cie
Con la revolución digital en pleno apogeo y la relajación de las regulaciones gubernamentales sobre juegos de azar, la industria de las apuestas deportivas ha experimentado una transformación dinámica y se ha convertido en uno de los sectores de más rápido crecimiento en el mundo, con un inmenso potencial tanto para los apostadores como para el negocio de las apuestas deportivas en sí. No obstante, el sector se enfrenta a muchos vientos en contra por sus aspectos más controvertidos, lo que está llevando a varios fondos de cobertura a vaticinar la caída de muchos valores relacionados.

En los últimos años, y exceptuando los países donde las apuestas están prohibidas, la industria ha creado inmensas oportunidades para que los jugadores participen en y desde cualquier parte del mundo a través de plataformas digitales. El sector mundial de las apuestas deportivas tiene la mayor participación de mercado en la industria general del juego online y representa más del 40% de los ingresos generados por los juegos de azar a nivel mundial.

El mercado mundial de juegos de azar se valoró en 53.700 millones de dólares en 2019 y se espera una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 11,5% de 2020 a 2027. La alta penetración de Internet y el creciente uso de teléfonos móviles para apostar online impulsan este mercado y factores como la facilidad de acceso a los juegos online, su legalización y aceptación cultural, los cada vez más habituales patrocinios corporativos, y el apoyo de celebridades también están contribuyendo al crecimiento del mercado. A eso se suma el impulso extra al mercado global que supone la creciente disponibilidad de lucrativas aplicaciones móviles para apostar online.

El sector, además, se ha visto beneficiado por la pandemia Covid-19. Mientras empresas líderes de numerosos sectores de actividad, muchos ligados al ocio, están colapsando por el parón mundial de la economía, gran parte de la ciudadanía ha acudido a las apuestas deportivas en busca de entretenimiento y distracción, especialmente cuando las grandes ligas profesionales se involucraron en serio el año pasado. La reapertura gradual de las economías, y especialmente de los estadios, contribuirá a un crecimiento significativo del sector en 2021 y los años posteriores.

El desarrollo de nuevas tecnologías también está impulsando el crecimiento de la industria. Muchas empresas están integrando la tecnología blockchain en sus negocios de juegos online para garantizar la transparencia de las actividades de juego y proporcionar una experiencia de usuario mejorada. Además, las plataformas de juego basadas en blockchain están descentralizadas y están libres de la influencia de terceros.

El uso de procesos digitales y la creciente demanda de los apostadores impulsarán el crecimiento de la industria de los juegos de azar online y se espera que las principales empresas de apuestas deportivas de todo el mundo logren mayores ingresos en un futuro próximo. Entre los muchos actores del sector podíamos destacar Penn National Gaming, Caesars Entertainment, Churchill Downs, Flutter Entertainment, 888 Holdings o Flutter Enter (ex-Paddy Power).

Pero el lado oscuro de las apuestas deportivas (arreglo de partidos, corrupción, crimen organizado, etc.) tiene un impacto directo en su imagen y, por extensión, en su desarrollo. Ante esta amenaza, las organizaciones deportivas han reaccionado creando estructuras y mecanismos de seguimiento con los que han establecido relaciones jurídicas específicas. Los legisladores también han seguido la tendencia de regular (o incluso penalizar) las apuestas deportivas y el arreglo de partidos.

En la actualidad, la mayoría de las autoridades nacionales están desarrollando legislación para regular el sector. También cabe señalar que el ciberdelito en el sector está aumentando a un ritmo acelerado. La manipulación de señales a través de aplicaciones falsas y la piratería basada en aplicaciones son algunas de las preocupaciones que obstaculizan el crecimiento del mercado. Además, el juego compulsivo puede afectar la salud y las relaciones personales de una persona, lo que puede generar depresión o endeudamiento. Antes de realizar cualquier inversión en empresas de la industria de las apuestas online es fundamental monitorizar el aspecto ESG del sector para evitar sorpresas.

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El reto de cambiar los patrones de ahorro en la sociedad: del ladrillo al ahorro previsional

Enrique Sanz Fernández-Lomana, presidente de Mutualidad de la Abogacía

Una de las consecuencias más graves de la crisis de la Covid 19 sobre el sistema de la Seguridad Social es que tardaremos en recuperar los niveles de empleo previos a la pandemia, lo que implicará una severa y prolongada reducción de la recaudación de ingresos por cotizaciones sociales. En el mejor de los casos, la recuperación del empleo será lenta y asentada sobre un mercado precarizado, con una merma de capital humano, de salarios y de productividad.

Otra de las consecuencias que estamos viviendo es un cambio en los patrones de comportamiento de los ciudadanos dirigidos ahora a un ahorro defensivo, en prevención de nuevas crisis, en parte generado por la reducción del consumo derivada del confinamiento y de las restricciones de movilidad. Sin embargo, nos enfrentamos a un estancamiento crónico de la demanda que, unido a unos crecimientos muy bajos del poder adquisitivo y de los salarios de las familias, está derivando en una actividad económica deficiente y, por lo tanto, un estímulo ínfimo de la inversión y del ahorro. Por ello, en momentos como los actuales en los que nos enfrentamos a una situación de emergencia económica, el ahorro y la planificación financiera cobran más importancia que nunca. Pero, desafortunadamente, la cultura financiera y de ahorro previsional, a pesar de su importancia, sigue siendo una asignatura pendiente en España.

El modelo tradicional de ahorro en nuestro país ha ido dirigido, preferentemente, al sector inmobiliario, y, más concretamente, a la compra de viviendas, de tal forma que el ahorro en “ladrillo” es cuatro veces el PIB español. Así las cosas, y tal y como concluye el estudio del Observatorio del Ahorro Familiar de Fundación Mutualidad Abogacía, el 76% de las familias españolas tiene su vivienda en propiedad. Sin embargo, este modelo de ahorro, por sí solo, no evita la fragilidad financiera ya que, según el mismo estudio, el 63% de las familias financieramente pobres son hogares vulnerables a pesar de contar con algún tipo de propiedad inmobiliaria.

De ahí que una mayor y mejor cultura del ahorro contribuya a reducir los niveles de pobreza, desigualdad y exclusión social, circunstancias que con crisis como la actual adquieren protagonismo de nuevo. Así lo demuestra el citado estudio, que señala que una de cada tres familias llegó a la pandemia con menos de 2.200 euros ahorrados y la mitad de los hogares contaba con menos de 9.000 euros de colchón para hacer frente a los imprevistos.

Por ello, es necesario ahondar en la educación financiera y dar a conocer todos los instrumentos que existen en este aspecto para ayudar a los hogares españoles a gestionar sus ahorros de forma adecuada. Es responsabilidad de las instituciones y autoridades políticas desarrollar un marco legislativo apropiado con el que fomentar el ahorro en la población española, facilitando y potenciando una diversificación ordenada del mismo, más allá de la inversión en la primera o segunda residencia.

Para ello, es fundamental también el fomento de la cultura financiera mediante formación e información para evitar burbujas de endeudamiento y la bajada del nivel de ahorro de los hogares. Si dirigimos el ahorro hacía instrumentos previsionales más líquidos como sustitutivo de la inversión inmobiliaria, lograremos una licuación del patrimonio inmobiliario en ahorro previsional.

En este sentido, las entidades aseguradoras y con productos financieros de ahorro tenemos el deber de adaptarnos a la idiosincrasia de la sociedad en cada momento ofreciendo soluciones que incentiven el ahorro y que estén adaptadas a sus necesidades para evitar que se repitan situaciones como las que estamos viviendo en esta crisis. El reto ante el que nos encontramos es, por lo tanto, desarrollar y ofrecer soluciones basadas en la digitalización y la sostenibilidad que sean más eficientes, trasparentes y democráticas que las hasta ahora existentes. Solo así conseguiremos que las familias españolas gocen de una buena salud financiera en todo momento y que, al llegar a la jubilación, puedan disfrutar de una vida digna.

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