Economía

Las tres vías para superar el 'tsunami' demográfico que ya se avista en Europa

  • Una opción es permitir la entrada de muchos más inmigrantes
  • Otra solución sería automatizar la economía y multiplicar la productividad
  • También se puede retrasar la edad de jubilación y aumentar la participación
Foto de Dreamstime

El envejecimiento de la población en Europa podría comenzar a lastrar seriamente el crecimiento económico en los próximos años. Si todo lo demás se mantiene constante, resulta evidente que una disminución de la fuerza laboral tiene que tener como consecuencia una producción total menor y un crecimiento económico inferior. Las opciones para evitar este desenlace son pocas y ninguna es sencilla ni está exenta de puntos de conflicto: inmigración, automatización o postergar la jubilación todavía más son las tres salidas a esta situación.

"Sólo con mirar alrededor se puede ver que la Eurozona está en medio de la revolución gris (la revolución de las canas)", aseguran Carsten Brzeski y Bert Colojn, economistas de ING en una nota titulada The silver tsunami is almost upon us sobre el envejecimiento de la población en el Viejo Continente.

Salvo cambios radicales, la drástica caída de uno de los factores de producción desembocará en una producción total inferior

Según datos de Eurostat, la población en edad de trabajar en la Eurozona comenzó a descender de forma paulatina en 2009. Sin embargo, este dato ha sido compensado (por ahora) con creces por el incremento de la tasa de participación en el mercado laboral de los grupos de mayor edad, lo que ha permitido que la fuerza laboral se incremente en los últimos años. Aún así, dada la cercanía a la jubilación de este grupo de población, el alivio será sólo temporal.

Con estos datos, los expertos de ING creen que "el final del crecimiento de la fuerza laboral ocurrirá pronto. Si este escenario se materializa, Alemania, España e Italia tendrán problemas más graves para lograr crecimiento económico que países como Francia o Países Bajos".

Por ahora, la cuestión del envejecimiento de la población parece suscitar más preocupación entre políticos y expertos que dentro de la propia sociedad. Sin embargo, salvo cambios radicales, la drástica caída de uno de los factores de producción (el factor trabajo en este caso o fuerza laboral) desembocará en una producción total inferior.

Quizá la producción o renta per cápita no se vea tan dañada puesto que la propia población disminuirá (una argumentación que se escucha a menudo), por lo que habrá que 'repartir' entre menos personas, pero aún así la situación sigue siendo incierta. La población en edad de trabajar tendrá que mantener a una población dependiente muy superior en número a la actual.

Los economistas del Banco Internacional de Pagos Charles Goodhar y Manoj Pradhan explicaban en un trabajo que las personas dependientes (jubilados o personas que tienen edad para trabajar) son consumidores netos (consumen mucho más de lo que producen porque viven de las 'transferencias' de otros), mientras que los trabajadores suelen producir más de lo que consumen. De modo que igual o mayor consumo con menor capacidad de producción, se traducirá en unos precios más altos.

¿Cuáles son las soluciones?

Desde ING ven tres probables soluciones y sólo dos de ellas tendrían resultado a largo plazo. Por un lado se puede incentivar una mayor participación en el mercado laboral de las personas más mayores, a la par que posponer la edad de jubilación legal. Esto serviría para paliar algunos efectos económicos, pero sólo los pospondría para una fecha más tardía sin resolver el problema de fondo. Podría ser una opción para ganar tiempo, pero no la solución definitiva.

Otra vía es la inmigración, aunque este camino tampoco sería sencillo: "No hay duda de que 'importar' fuerza laboral puede ayudar a mitigar el problema, pero es poco probable que lo resuelva totalmente... los cálculos de ING sugieren que para mantener el actual tamaño de la fuerza laboral hasta 2030 en la Eurozona se necesitarían 3,9 millones de inmigrantes, además de la inmigración ya proyectada por la Comisión Europea (CE)".

"Sin embargo, para mantener el crecimiento de la fuerza laboral registrado en el actual milenio, la Eurozona necesitaría 20 millones de inmigrantes (más de los proyectados por la CE) hasta 2030. Alemania necesitaría alrededor de 5,1 millones de habitantes, mientras que España e Italia necesitarían alrededor de 4 millones cada uno".

La Comisión Europea calcula que para 2030 llegarán alrededor de un millón de inmigrantes (datos netos) cada año hasta esa fecha. Así, los cálculos de los expertos de ING prevén que se necesiten unos 32 millones (12 millones proyectados por la CE más de los 20 millones adicionales que calcula ING) de inmigrantes hasta 2030 para mantener la tendencia de crecimiento de la fuerza laboral. 

Analizando la magnitud de estos datos y la creciente aversión hacia la inmigración en algunos países de Europa parece poco probable que esta opción por sí sola logre paliar las carencias del mercado laboral europeo.

Por último aparecen los temidos robots y la productividad. Si la población en edad de producir decrece mientras que las personas dependientes aumentan, sería positivo lograr que cada individuo en edad de trabajar produjese mucho más. Esto se puede lograr a través de las mejoras tecnológicas y la inversión en capital.

"Con la fuerza laboral a punto de empezar a retroceder, la llegada de los robots podría ser un alivio. La automatización restará puestos de empleos en el mundo entero durante las próximas décadas, y podría contener la jubilación de la generación del baby boom. Sin embargo, no parece totalmente asegurado que los robots puedan desempeñar los trabajos que van a ir dejando vacantes los baby boomers".

La mejor opción, probablemente, será una combinación de las tres vías. Fomentar la participación de los mayores en el mercado laboral, contar con la inmigración y buscar la forma de incrementar la productividad y la automatización de la economía para producir más con menos. Japón, el país más envejecido del mundo, puede servir de guía al resto de países desarrollados para ver qué se puede copiar, qué se puede evitar y qué se puede mejorar.

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