Deporte y Negocio

La guerra que acabó con el imperio de Abramóvich: adiós a dos décadas de oro y lujos en el Chelsea

  • El ruso compró un Chelsea decaído por 165 millones para situarlo en la élite
  • 21 títulos después el magnate escucha ofertas que ronden los 3.000 millones
  • Tres españoles (Kepa, Morata y Torres) entre sus cinco inversiones más caras
Foto: Alamy.
Madrid

No son tiempos de crisis deportivas ni económicas en el barrio rico de Londres. El Chelsea, actual campeón de la Champions League, levantó su segunda Orejona el pasado mes de mayo y en diciembre anunció un crecimiento en su negocio del 7% (por encima de los 500 millones de euros). Sin embargo, con el mes de marzo ha llegado el fin de una era, la más gloriosa de la historia del club, empujada por la invasión de Rusia sobre Ucrania. Román Abramóvich, posiblemente el magnate ruso más conocido en todo el mundo, venderá el Chelsea dejando atrás 19 años en los que revolucionó el mundo empresarial y deportivo.

Corría julio de 2003 cuando un por entonces aún joven oligarca Abramóvich (tenía tan solo 36 años) se decidió a comprar una de las entidades más en el ostracismo de Londres. La ciudad más futbolera del panorama europeo había visto como su barrio 'pijo' tan solo tenía en su vitrina, entre títulos mayores, una liga (en 1955), tres FA Cup (1970, 1997 y 2000) y dos copas de la liga (1965 y 1998).

Por cerca de 165 millones de euros, además de eliminar la deuda que acarreaba el club, el Chelsea entonces pasó a estar bajo los dominios del gobernador de Chukotka (una región en el extremo oriental de Rusia que toca con Alaska) y dueño de la petrolera Sibneft. Román Abramóvich daba así el salto al fútbol, con el claro objetivo de situar al conjunto londinense en lo más alto del panorama mundial.

21 títulos para estar entre los mejores del mundo

2.340,88 millones después invertidos en fichar jugadores, según datos de Transfermarkt (con unas ventas de casi 1.300 millones), el Chelsea es hoy el cuarto club con más coeficiente UEFA -el que mide los resultados de los últimos cinco años-, el único inglés que ha levantado cuatro títulos europeos en los últimos diez años -dos Champions y dos Europa League- y, junto a Manchester United y Manchester City, el que más Premier League ha levantado en los últimos 17 años.

Abramóvich, junto a Terry y Lampard, tras ganar la Premier League en 2005. Foto: Alamy.

Es decir, en la actualidad puede ser considerado el mejor club londinense, su recorrido en los últimos años es infinitamente mejor al de Arsenal, Aston Villa o Tottenham, así como uno de los principales del panorama inglés y europeo gracias a llevar a las vitrinas todos los títulos posibles (2 Champions, 5 Premiers, 5 FA Cup, 3 Copas de la Liga, 2 Europa League, 2 Supercopas de Inglaterra, 1 Supercopa de Europa y 1 Mundial de Clubes -su último título y con el que ha cerrado el ciclo-).

Las altas inversiones del Chelsea en fichajes fueron una de las razones de UEFA para crear las reglas del Fair Play Financiero

21 títulos de la mano de la gestión de un Abramóvich al que muchos acusan, para bien o para mal, de cambiar el mundo del fútbol para siempre junto a Florentino Pérez, pues hasta la llegada de los jeques modernos fueron los únicos que se atrevieron de lleno a llevar el deporte rey a su lado empresarial más puro (se considera que UEFA creó, en parte, las reglas del Fair Play Financiero para proteger inversiones como las de Real Madrid y Chelsea). 

La Champions de 2012 dio la razón a Abramóvich en sus inversiones

Desembolsos en fichajes como el belga Romeu Lukaku -traído en 2011 y 2021 por 128 millones de euros, en total-, el estadounidense Christian Pulisic -64 millones- o los españoles Kepa Arrizabalaga -80-, Álvaro Morata -66- y Fernando Torres -58,5-. Sus cinco fichajes más caros, a los que hay que añadir el hecho de haber llevado a Stamford Bridge a Petr Cech y Didier Drogba (en 2004 ambos) a los que juntó con el canterano John Terry y un Frank Lampard que había llegado al club dos años antes que Abramóvich. Los cuatro grandes bastiones sobre los que se construyó el Chelsea y que en 2012 tocaron, al fin, el gran sueño del ruso de ser rey de Europa.

Abramóvich levanta la Champions de 2012, la primera del Chelsea. Foto: Alamy.

Aquella Champions ganada al Bayern de Múnich, precisamente en Múnich, supuso el punto álgido en la carrera del magnate y el síntoma definitivo de que su inversión había merecido la pena (en 2008 ya tocó la gloria pero cayó en la final ante el Manchester United de Cristiano Ronald). Hasta entonces y desde entonces, en las épocas más crudas, las críticas sobre su gestión y desembolso siempre se deslizaron tratando de hacer caer un imperio al que solo la guerra ha tumbado.

Guerra y sanciones se echaban sobre la sombra de Putin en el Chelsea

Por su estrecha relación con Putin, que el propio Abramóvich siempre ha negado pero al que le unen obvios lazos políticos de su etapa como gobernador (ha participado incluso en las negociaciones de paz con Ucrania), además parlamentarios británicos han acusado varias veces al Kremlin de ayudar a la adquisición de Abramóvich en 2003 para extender la influencia de Rusia en Occidente. Todo hasta llegar al punto donde la fase más cruel de la guerra con Ucrania ha derivado en el final anuncio de la venta del club tras casi 20 años.

Una campaña para la que ya se buscan compradores, tras deslizar el empresario que escucharía ofertas que se moviesen entre los 2.000 y 3.000 millones de euros, y para lo que la consultora KPMG ha tasado el Chelsea en un valor de 1.900 millones de euros. Desde finales de febrero, la gestión de los 'blues' ya no corre a cuenta del ruso y es la Fundación del club quien ha tomado las riendas, tratando de evitar que las sanciones europeas dañen la imagen de la entidad.

Un Chelsea que se despide para siempre de la persona que cambió su historia para situarlo entre los más grandes del planeta fútbol, al tiempo que él construía un imperio empresarial que le ha llevado a ser, en ocasiones, la undécima persona más rica del mundo. Atrás quedan 19 años de oros (títulos) y lujos (fichajes) que han agitado el día a día del barrio rico de Londres... preparado ya para acoger a su nuevo inquilino.

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