El adiós del díscolo y brillante Juan Carlos Higuero

juan carlos higero 2El Burgalés Juan Carlos Higuero uno de los medifondistas con más talento de nuestro atletismo, ha puesto el punto y final a su carrera a los 38 años de edad. Esta mañana en el Consejo Superior de Deportes (CSD) y con la presencia de su presidente, José Ramón Lete Chapado, acompañado de su entrenador Antonio Serrano, así como una representación de atletas, compañeros y antiguos rivales como, entre otros, Javi Guerra, Sergio Fernández, Arturo Casado, Pablo Villalobos o Jesús España, Juan Carlos Higuero ha prometido seguir siendo un “orgulloso defensor” del atletismo.
El de Aranda de Duero dice adiós después de forjar una brillante carrera con once títulos nacionales de 1.500, cinco al aire libre y seis en ‘indoor’, y cuatro medallas internacionales: oro continental en 2007 en pista cubierta en Birmingham, el bronce en el Mundial de pista cubierta en Valencia en 2008 y dos bronces en los Europeos al aire libre de Gotemburgo 2006 en 1.500 y 5.000.
Pero quizá su mayor logro fue participar en tres Juegos Olímpicos (Sydney, Atenas y Pekín), rozando el bronce olímpico en la cita de la capital china, donde le separaron escasas 28 centésimas de haber puesto seguramente el broche dorado a un enorme curriculum.
Hacer aquí la despedida donde pasé 16 años es algo increíble y soñado”, afirmó Higuero, que dio las gracias a José Ramón López, su “gran padre” en la Blume. También dio las gracias a sus compañeros, en especial a Arturo Casado y Jesús España. “Me habéis hecho mejor y os lo agradezco en el alma. Estoy súper contento de compartir mi tiempo con mis compañeros, todos mis éxitos han estado rodeados de gente muy positiva“.

No se olvido de mencionar a su técnico, Antonio Serrano que calificó como “gran entrenador“. Este junto a Alfredo Varona dedicaron un capítulo de su Libro `Correr de otro modo´, al que hoy dice adiós y del que podemos extraer las anecdotas mas divertidas para entender algo más la figura del genial atleta.
`Superó todos los registros que yo había visto hasta entonces. Pero el problema aparecía una vez que aquel muchacho salía de la pista. Entonces se olvidaba de la civilización. Podía acabar de entrenar a las ocho de la tarde e irse a comprar un bocadillo de calamares’.
`En su cerebro la locura se confundía con el valor. Tenía un desorden casi contradictorio en un atleta de una procedencia tan humilde. Pero en la batalla que se establece entre el corazón y la cabeza casi siempre ganaba el corazón´.
`Si hay un hombre que no es materialista en este mundo ese es Higuero, un buen hijo, un buen amigo, una buena persona, en definitiva. De hecho, hoy, casi veinte años después, ya es otra cosa. Un hombre que ha sabido encontrarse´.
`Los recuerdos de Higuero me trasladan al instituto Ortega y Gasset. Conseguí que se matriculase, porque el entrenamiento entonces no era un impedimento. Era su primer año de promesa y no doblaba mañana y tarde. Mi sorpresa llegó al final del primer trimestre cuando el tutor me pasó el parte de asistencia y vi que Juan Carlos, sin ningún motivo, no había aparecido por clase. En ese sentido Higuero formaba parte de una locura. Todavía recuerdo la primera vez que lo vi en un Europeo junior de cross en Charleroi (Francia) en la línea de salida. El muchacho no encontraba ni a tiros su camiseta de competición. Pero había motivo. Se la había dejado en la habitación del hotel´.
`Yo recuerdo que, al cabo de un año de estar conmigo, Higuero me contó que si entrenábamos a las seis de la tarde a las cuatro se tomaba un litro de leche y una caja de galletas en su habitación de la Blume. Luego, bajaba a la pista y cumplía con los tiempos, porque él era lo más parecido que he tenido a un superdotado´.
`Un día, que pasó a lo inolvidable, encontró los 5.000 euros que había ganado en la carrera de Canilleras en el bolsillo de un chandal cuando lo tiraba a la lavandería. Un dinero del que ni siquiera se acordaba, porque aquel joven era así´.
`Fueron los años los que le ayudaron a ejercer un dominio sobre sí mismo extraordinario o a bajar hasta los 66 kilos en los Juegos de Pekín 2008 respecto a los 70 con los que competió en Sidney. En realidad, Pekín fue nuestro momento, el que peleamos toda la vida y ya no pudimos volver a pelear. Se quedó, nos quedamos, a un puesto, a 28 centésimas de la medalla olímpica en 1.500. La diferencia con el pasado es que ya no tenía nada que reprocharse. Había cumplido su promesa, había cambiado para alcanzar lo que tantas veces soñamos alcanzar… El mero hecho de estar ahí, de escuchar a El Guerrouj acercarse a él antes de empezar la carrera, para decirle en un inglés muy comprensible, ‘Juan Carlos, ha llegado tu momento’, actúa como un recuerdo incomparable´.

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