Ser feliz en la infelicidad

Escribía otra entrada de este blog hace unas semanas sobre la película “La gran apuesta”. Sigo recomendando que la veáis. Es bueno saber qué ocurrió en EE.UU. que provocó la gran crisis que hemos vivido (recuerda que este tiempo verbal “hemos vivido” no implica que haya terminado la acción…).

En la película, hubo varias frases y escenas que me removieron. En una de estas escenas, uno de sus compañeros le dice más o menos al personaje de Steve Carell “tú eres feliz en tu infelicidad”.

Esta frase se me quedó grabada. Durante toda mi vida, he vivido rodeado de personas que han sido felices. Mi estado anímico natural es de “estar bien o muy bien” y, cuando lo pienso, creo que es “culpa” de dicho entorno familiar. Tuve la suerte de tenerlo en la familia de origen, y la guapa ha conseguido que lo haya tenido en la familia creada por nosotros.

Sin embargo, observo cómo, en el entorno empresarial, parece que nos empeñamos en rodearnos de personas que son felices en su infelicidad: todo está mal, todo les va mal, qué mala suerte tienen (pero no hacen nada por cambiarla)… En resumen, que su pensamiento es que “el jardín de su vecino, siempre es más verde”.

Y esto es imperdonable y tenemos que evitarlo y tomar medidas. Sobre todo si somos nosotros los líderes del proyecto (y los autónomos y microempresarios sois líderes de vuestro negocio). Durante muchos años, yo he consentido esta situación en mi proyecto empresarial. Y te recomiendo que si detectas en tu ambiente alguien de este perfil, te libres de dicha persona cuanto antes. ¡¡Que los aguanten en su casa!!

Fin Farinato Mérida 2015

Aunque parezca mentira, estaba trabando… rodeados de personas felices

Para lo único que sirve el dinero es para ser feliz (y no hablo de hedonismo). Nos pasamos trabajando más de la mitad del tiempo que estamos despiertos. Decide tú con qué tipo de personas y de qué manera prefieres hacerlo. Yo lo tengo claro… Y la suerte es que mi proyecto actual, Patrocina un Deportista, es un proyecto que trabaja con deportistas de los que realmente merecen la pena (no defraudan cobrando millones, ni incitan a la violencia con sus declaraciones, ni se encaran con los árbitros…) en el que estoy creando un equipo de trabajo inmejorable… y “espero” que feliz.

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